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relaciones

Tinder ha confesado que los feos salían mucho después que los guapos en su algoritmo

Y no, no tenemos ningún derecho a quejarnos porque nos haya tratado durante años como cachos de carne.

por Ana Iris Simón
29 Marzo 2019, 11:20am

Hace unos días fantaseaba con un amigo sobre qué ocurriría si todos lleváramos una suerte de prospecto colaborativo confeccionado por nuestras exparejas pegado a la espalda. Si cada persona con la que mantenemos una relación afectivosexual de cualquier tipo nos pudiera puntuar como si la realidad fuera el jodido Tripadvisor: "ronca un poco", "es malísimo escuchando pero folla bastante bien", "tiene los pies mazo de fríos por las noches y una tendencia patológica a los celos", "úsese solo en caso de emergencia", ya sabéis.

Pues bien, con un comunicado emitido el día 15 de este mes, los capos de Tinder han confesado lo que muchos ya sospechaban: que llevan años usando la "puntuación Elo" para configurar su algoritmo. Es decir, que nos han tratado desde su fundación como si fuéramos un objeto de consumo, ofreciéndonos a potenciales consumidores/clientes de nuestra persona en función de si teníamos más o menos éxito en la comunidad. De si éramos, vaya, concebidos como más o menos potencialmente follables a través del match por el cómputo total de los usuarios de la aplicación. Pretend to be shocked.

Los más matcheados salían siempre antes en Tinder, del mismo modo que en las aplicaciones de restaurantes nos muestran primero los mejor valorados por los usuarios. Todos teníamos una puntuación, una calificación secreta que dependía del número de me gustas que recibíamos y que escalaba o disminuía posiciones en función de cada interacción: si le dabas un corazón a alguien que te rechazaba descendías en el ranking y te ponías a la cola. Si alguien te daba un corazón y eras tú quien no correspondía, escalabas e informabas al algoritmo de que ese alguien debía aparecer más atrás en la lista general de pretendientes.

Así pues, este método habría creado, durante mucho tiempo, una especie de castas basadas en el atractivo —presumimos que físico, porque vaya tela con las bios de la peña—, haciendo muy difícil que los feos aparecieran en las pantallas de los guapos y viceversa. El objetivo de este criterio —de nuevo hay que fingir que nos sorprendemos como el Pikachu de los memes— no sería otro que el económico: quien quería llamar la atención cuando el algoritmo no le beneficiaba podía hacerlo por tan solo 16,94 euros al mes, a través de unos beneficios —superlikes, boost, el rayito morado— que prometían un 60 por ciento más de matches.


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Y no, no podemos decir que emosido engañado. Lo que emosido es, quizá, demasiado inocentes al pensar que las aplicaciones en general y las que tienen que ver con la interacción social en particular eran realmente gratuitas. Que no se llevaban nada a cambio, que no tenían más interés que el de facilitarnos la vida, el de convertir el mundo en esa aldea global que teorizó McLuhan. Y si Facebook vende nuestros datos, Tinder nos pone frente a un espejo y nos dice "a ver chaval, eres del montón por mucho que te diga tu madre, si quieres meter el pizarrín tienes que esforzarte más que el resto". En este caso, esforzarte económicamente, invertir en flirtear de manera exitosa casi el doble de lo que inviertes en pagar HBO cada mes.

"Los hombres se equivocan al creerse libres, opinión que obedece al solo hecho de que son conscientes de sus acciones pero ignorantes de las causas que lo determinan". Es una de las citas más célebres de la Ética de Spinoza. Y, aunque el filósofo judío tenía en mente cuestiones mucho menos mundanas y triviales al enunciarla, al final es lo que nos pasa cuando usamos Tinder —pero también Glovo o Uber o Netflix, si me apuras— y nos sentimos libres por poder hacerlo, por tener a nuestra disposición y al instante una amplísima gama de personas, productos o series, y usar nuestra libertad para elegir entre todas ellas: que ignoramos las causas que determinan nuestras acciones. Y en muchas ocasiones, también las consecuencias.

Ahora Tinder dice que ya pasa de la puntuación Elo. Que ahora beneficiará a los que más usen la aplicación, penalizando a los usuarios inactivos y colocándolos a la cola. Los superlikes y los boost de pago siguen disponibles, claro. Porque si lo acabas de dejar con tu novio o si quieres usar Tinder en ocasiones y no compulsivamente o si no tienes el dedo muy suelto y eres una persona "selectiva" sea lo que sea ser una persona selectiva seguirás teniendo que apoquinar los casi 17 pavos.

Es el mercado, amigo. Siempre es el mercado. Así que seguramente no tengas ningún derecho a quejarte porque durante años Tinder se haya basado en "criterios superficiales" y te haya tratado de la misma manera en la que tú te piensas ante el mundo: como un producto de consumo rápido, una pieza en un escaparate que otros individuos tienen la libertad de elegir, de la misma manera que tu tienes la libertad de ofrecerte. Y ya sabemos que el mercado se rige por normas. Una de las más básicas, la de la oferta y la demanda.

Sigue a Ana Iris Simón en @anairissimon.

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