Estas mujeres está luchando contra el sexismo desde la cocina

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Estas mujeres está luchando contra el sexismo desde la cocina

The Bad Bitches, un restaurante pop-up se conforma solo de mujeres y sirve solo a mujeres. Su discurso es: terminar con el sexismo.
30.9.15

"Te gustan muchas chicas, ¿no?"

Veo a mi alrededor y veo a mujeres quitando delicadamente moldes de sal de un salmón de más de un metro, bebiendo shandies de contenedores de un cuarto de galón, como marineros.

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Fotos por el autor.

"Sí", asentí con la cabeza. "La verdad es que sí".

El salmón, un platillo por Madison Tessner de McCrady's, formaba parte de la tercer entrega de una cena de The Bad Bitches, un grupo pop-up mensual en Charleston, Carolina del Sur. En una ciudad sin eventos relacionados con la escasez de comida, éste se diferencia de dos maneras. En primer lugar, todas las chefs, meseras y equipo de bebidas son mujeres. En segundo lugar, todo el dinero de la venta de entradas se destina a un fondo de becas para mujeres en la industria de la hospitalidad.

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Sarah Adams, una chef independiente y ex chef sous de FIG, desarrolló el concepto con la panadera Kelly Kleisner, propietaria de Mirabelle Bakery, en abril de este año. "Le pregunté: '¿Crees que alguien vendría si hiciéramos una cena para mujeres?'" me dice Adams. Inmediatamente reclutaron a Randi Weinstein, ex Directora de Eventos para el Wine + Food Festival de Charleston, y así nació esta serie de cenas.

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Tres semanas después de fijar el concepto, The Bad Bitches lanzaron su primer evento: "La década de 1950: La era de la matriarca estadounidense". La serie mensual ha seguido su camino a través de las décadas, elaborando una experiencia de inmersión a través de platillos, bebidas, música y disfraces. Muchos y muchos disfraces.

Después de eventos como "Luau de los setenta" y "Fusión asiática de los noventa", las Bitches finalmente llegaron a principios de la década de los dos mil (y la última de la serie) el 20 de septiembre. Con el tema "Boda Sureña", se celebró en Callie's Biscuits, una panadería y espacio para eventos que es la sede de la empresa de bisquets comercializados a nivel nacional (propiedad de una mujer).

Antes de servir un menú de platillos sureños comisariado por 18 chefs, las Bitches iniciaron las festividades con una boda fingida entre chefs y meseros, todos elegantemente vestidos como damas de honor y padrinos de boda. Debido a la naturaleza de la temática, los hombres, formados por chefs, sommeliers, cantineros, y directivos de la comunidad de restaurantes de Charleston, fueron bienvenidos en el equipo de meseros, siempre y cuando usaran trajes de etiqueta e hicieran exactamente lo que las damas dijeran.

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A las Bitches les gusta hacer las cosas hasta el final o si no, no las hacen, y sin duda sacaron todo lo que tenían para el evento final. En su cena más grande hasta el momento, invitaron a las chefs famosas Kristen Kish, ganadora de la décima temporada de Top Chef y presentadora de 36 Hours en el Travel Channel, y Virginia Willis, experta en cocina sureña y autora de Bon Appetit, Y'all, para preparar platillos. Antes de sentarse, organizaron un mercado al aire libre con artesanas y food trucks, todos dirigidos por mujeres.

Yo me ofrecí como voluntaria para ayudar en la cocina para el evento final. Mis compañeras voluntarias eran Lauren, una pasante de una escuela culinaria, y Meg, una chef sous en S.N.O.B, quienes habían sido voluntarias en las cenas anteriores de Bad Bitches, y habían regresado porque, bueno, era muy divertido. Además, en una ciudad tan pequeña como Charleston, la comunidad de comida y bebida está increíblemente unida. Todas están dispuestas a ayudar a sus hermanas.

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En un momento de la noche, me uní a un círculo de mujeres que estaban recogiendo hierbas. Entre ellas se encontraba Willis y Rachel Pearce, una cocinera de línea en FIG, cuyos platillos ya se habían agotado. Pearce y Willis hablaron sobre su lucha por el perfeccionismo en la cocina, y de lo frustrante que era cuando otros chefs no respetaban sus normas.

"Cuando sé que algo se puede hacer de manera más eficiente, voy a hacerlo de esa manera", dice Pearce. Unos segundos más tarde, cambió nuestro tazón desbordante de eneldo por un modelo más grande.

"¿Cuántas mujeres se necesitan para darnos cuenta que necesitamos un recipiente más grande?", bromea.

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Desde que TIME publicó su artículo "Gods of Food", que solo presentó a cuatro mujeres, de las cuales ninguna era chef, el sexismo en la cocina se ha convertido en un problema "sexy" en los medios. Y, en cierto sentido, Bad Bitches capitaliza eso. Incluso su nombre es provocativo, y eso es intencional. "Las organizaciones de mujeres no reciben una gran cantidad de prensa cuando las etiquetan, así que queríamos que la gente prestara atención", dijo Adams.

Sí, Bad Bitches es una cena "de mujeres". Recauda dinero para apoyar a las mujeres en la industria de la hospitalidad, y lucha contra el sexismo desde la cocina al mostrar que las mujeres pueden preparar comida increíble, y organizar una fiesta increíble.

Pero ése no es el punto. El punto es que todos los involucrados (chefs, meseras y asistentes, mujeres y hombres) están invitados a participar en una experiencia de cena inolvidable. Te puedes poner un poco freaky. Como lo puso uno de los chefs: "La gente aquí aprecia las cosas raras".

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Las cenas pop-up también son oportunidades para que las mujeres chefs experimenten y empujen los límites de su profesión, y también para colaborar con sus contemporáneos. Bad Bitches significa lo mismo para ellas que para la gente que paga por asistir. Ninguna de las chefs o meseras son recompensadas por su tiempo, aunque tienen acceso a comida y bebidas alcohólicas ilimitadas.

Ya con la serie de las décadas concluida, las Bad Bitches tienen la mira en cosas más importantes e increíbles. Se volverán nacionales. En primer lugar: una colaboración con The Pink Boots Society, una organización de Nashville dedicada a apoyar a mujeres cerveceras.

Puede que las Bitches se estén expandiendo pero Adams me asegura que Charleston seguirá siendo su base. Todo el dinero recaudado (que, en el evento final, fue de alrededor de $50 mil dólares) se quedará dentro de la ciudad.

Porque puedes sacar a una bitch de Charleston, pero no puedes sacar a Charleston de una bitch. Y menos si es una de las malas.