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vino

El vino tiene más alcohol del que dice la etiqueta

Las etiquetas mienten, ¡mienten! Y probablemente los enólogos también.

por Nick Rose
08 Enero 2016, 6:00pm

Amamos al vino. No sólo por su sabor, sino por todos los beneficios que trae a nuestras vidas: nos ayuda a quemar grasas, retrasa nuestra decadencia mental, nos une como sociedad, embellece nuestra piel, y bueno, en general nos hace más felices. Sin embargo, tiene un lado oscuro.

En la actualidad se utilizan cantidades mínimas de vejiga de esturión, sangre, y exoesqueletos de crustáceos en una amplia gama de vinos debido a su función en el proceso de clarificación. Incluso se han encontrado pequeñas cantidades de arsénico, el veneno preferido de los asesinos de antaño, en los vinos americanos, aunque eso probablemente tiene más que ver con la fragmentación de la roca que con cualquier complot —anticuado— de asesinato.

Sin embargo, la mayoría de los bebedores están dispuestos a consumir cantidades mínimas de estos ingredientes extraños con el fin de beneficiarse de un componente fiable de la uva podrida: el alcohol.

Pero, según un nuevo estudio publicado en el Journal of Wine Economics, incluso el contenido de alcohol no es lo que parece en el nebuloso mundo de la producción de vino, que podría no ser algo malo, dependiendo de cuáles sean tus metas cuando bebes vino.

Si tu objetivo es emborracharte, entonces hay buenas noticias, según los investigadores de vino parecería que el porcentaje de alcohol en el vino ha ido en aumento en los últimos años. En otras palabras, hay más alcohol en el vino que lo que los productores están revelando.

Lo que intrigó a los investigadores de la University of California fue la aparente brecha entre el etiquetado y la cantidad real de alcohol que se encuentra en el vino, la cual, basados en 127 mil 406 vinos probados por la Liquor Control Board de Ontario, Canadá, de 1992 a 2009, puede ser significativamente mayor que la cantidad anunciada en las etiquetas.

Parte de la razón de esta discrepancia es la regulación. Dada la naturaleza volátil de la elaboración del vino, los reguladores estadounidenses permiten una variación de 1.5 puntos porcentuales en el caso de vinos con un 14 por ciento de alcohol por volumen o menos, y 1 punto porcentual para los vinos con más de 14 por ciento de alcohol por volumen. El equipo especuló que otro incentivo regulatorio para que los enólogos oculten sus cifras de alcohol por volumen sería beneficiarse de menores tasas de impuestos para los vinos que se encuentran en el 14 por ciento de alcohol por volumen.

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Dejando de lado la regulación, parece que los productores y los consumidores son igual de culpables en la brecha aparentemente cada vez mayor entre las etiquetas y la realidad. El equipo de Davis de la UC encontró "patrones sistemáticos" que sugieren que el aumento de contenido de alcohol en el vino podría deberse a "las respuestas de los productores a las preferencias percibidas del mercado por los vinos que tienen sabores más intensos, posiblemente unidas a la constante evolución del clima".

El contenido de alcohol promedio de vino, tal como se calcula en el estudio, fue de 13.56 por ciento, sin embargo, el contenido promedio de alcohol reportado fue de 13.15 por ciento.

Esta diferencia puede parecer minúscula, pero los investigadores sugieren que los enólogos o son demasiado incompetentes para calcular la cantidad de alcohol que está en su producto, o peor, engañan deliberadamente a los consumidores, lo que podría tener consecuencias peligrosas.

"Incluso los errores de esta magnitud podrían llevar a los consumidores a subestimar la cantidad de alcohol que han consumido en formas que podrían tener algunas consecuencias para su salud y al manejar de manera segura", escribieron los autores del estudio, todo lo cual plantea una pregunta más grande. "Los enólogos yerran en la dirección al ofrecerle a los consumidores lo que parecen querer. Lo que queda por resolver es por qué los consumidores eligen pagarle a los enólogos para que les mientan".

Si bien esto sigue sin resolverse, su estudio podría ayudar a resolver el misterio de por qué las crudas de vino son particularmente castigadoras.