Estas son algunas de las estupideces que tienen que escuchar los bouncers

A través de una recopilación de situaciones que viven cada fin de semana, le rendimos homenaje a ese ser supremo, a ese "gorila" de traje, a los caballeros de "la entrada", odiados por muchos, queridos por otros.
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Uno de los trabajos más complicados pero entretenidos en un club es el de pararse en la entrada a lidiar con las personas que quieren entrar a toda costa. Todos tienen su manera de hacerlo y solo hay un obstáculo para lograrlo: el bouncer. El de "la entrada", vendría siendo algo así como un cancerbero, el feroz perro mitológico con múltiples cabezas que custodiaba la puerta del inframundo griego para evitar que los vivos entraran y los muertos se salieran. Pero, a diferencia de este mítico can, los bouncers que han acompañado esta generación de inquietos ravers millennials criollos, de alguna manera, han forjado con su carácter tajante esta escena tan caricaturesca y ocurrente.

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A continuación veremos algunas de las situaciones que se viven cada fin de semana en las entradas de los diferentes clubes, bares, festivales o fiestas de garaje a lo largo del territorio nacional. Una oda a ese ser supremo, a ese "gorila" de traje, a los caballeros de "la entrada", odiados por muchos, queridos por otros.

"En serio, ¿no sabés quién soy yo? Soy amigo de toda la vida de Darío, el dueño. Hasta hicimos la primera comunión juntos".

Este es tan solo uno de los miles de ejemplos que nuestros bouncers deben soportar noche tras noche, teniendo que soportar las historias de amistades de infancia relacionadas con el dueño. Algo que siempre causa curiosidad es, si conoces al dueño de toda la vida, ¿por qué simplemente no lo llamas?

"Oyeee, el hecho de que no haya traído la cédula no significa que sea menor. ¿Acaso me ves cara de niña o qué? Si quieres llamo a mi mami y hablas con ella… "

¿En serio? Dale, si quieres llama a tu mamá y me la pasas, así le digo que te traiga de una vez la mochilita de Dora la exploradora.

"Hola, soy mochilero y este lugar no merece el precio que cobran".

Necesitas un poco de empatía, pero no se pueden enterar. "Ahí al frente hay una tiendita, para que te tomes unas polas, allá afuerita".

"Hellooo, soy el fotógrafo de la revista Verghain y tengo una cámara profesional".

Así lo dudes, esta generación de bouncers cuenta con un conocimiento en tecnología admirable. Así que antes de tratar de impresionarlos o echarles el cuento acerca de tu impecable manejo de cámaras, lo más probable es que te liquiden con una contrapregunta así, "si me dices para qué sirve el modo P en tu Canon, lo pensaré".

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"Hola bebé, ¿qué más pues?, ¿así de solito te mantenés toda la noche? Si me dejas entrar por un traguito te puedo traer otro, y hasta algo más… ".

Una de las grandes cualidades que conlleva ser un profesional en este ámbito, es saber controlar tus hormonas. No hay que negarlo, nos encontramos en uno de los países con las mujeres más hermosas y sensuales, pero también en uno con los índices más altos de necias. Contrólese, auto-regúlese y dedíquese al cuidado minucioso del acceso a lugar. Apenas culmine su horario laboral, ahí sí tiene vía libre para acceder a la presa que quiera…

"Mira que ya son las cuatro de la mañana, no tienes derecho a cobrarnos la boleta al precio inicial. ¿Qué te parece si te damos $80.000 por los cinco?".

Si alguna vez llegaste a pensar para qué te servirían esas irritantes clases de matemáticas del colegio, pues los bouncers te pueden dar la respuesta acertada. "Señorita, cada boleta cuesta $40.000 pesos. Si quieres dame ochenta por ustedes dos, y tus amigos pagan el precio normal. ¿Te parece?

Pero casos curiosos no solo se ven en Colombia. A mediados de febrero del año pasado, el veterano DJ y productor de Chicago, Felix Da Housecat, sufrió una especie de apresamiento en la entrada del famoso club alemán Berghain. A veces los bouncers simplemente no se dan cuenta de quién tienen al frente. DJ T., uno de los fundadores del renombrado sello Get Physical, nos cuenta que estaba en fila para entrar al legendario Club Omen en Frankfurt y los de Kool and the Gang querían entrar después de presentarse en un concierto cercano.

En la entrada dicen, "Hey, I am Kool and this is my gang". Nadie los reconoció en la puerta hasta que los de la fila empezaron a cantar la letra de Celebration.

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¿Cuál ha sido la excusa más estúpida que has dicho para entrar al club? Cuéntanos en los comentarios.