Así se fabrica el aceite de marihuana más potente del mercado
Imagen: Daniel Oberhaus

Así se fabrica el aceite de marihuana más potente del mercado

"Estamos creando un producto que vale 3 a 5 veces más que el oro"
15.11.16

A unos siete kilómetros del distrito dispensario de Denver, también conocido como la Milla Verde, descansa un pequeño y modesto edificio, justo en el lado occidental del río Platter. Si no fuera por las ventanas tapiadas y por los teclados numéricos sellados para abrir las puertas, nadie diría que algo sucede al otro lado de la fachada de ladrillo del edificio. Pero basta con cruzar la puerta para que el inmueble se muestre como una colmena con mucha actividad: científicos enfundados en batas blancas entran y salen incesantemente por una puerta de la que cuelga el cartel de "No entrar". Más allá, un entramado de cubículos acoge a decenas de Relaciones Públicas y de vendedores. Todos parecen teclear con una mano y sujetar el teléfono con la otra, mientras una pequeña flota de técnicos están concentrados en inyectar un néctar viscoso y dorado en el interior de unos frascos de cristal.

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Estamos en la sede de los laboratorios Organa, los mayores productores de aceite de cannabis de todo el planeta. Solo en Estados Unidos, una persona compra cada diez segundos alguno de los productos que se refinan aquí. En realidad producen de todo, desde bebidas energéticas a gomitas dulces en forma de oso. Sin embargo no existe un producto comparable al aceite ultrapuro de cannabis (el elixir dorado inyectado en los receptáculos transparentes), la auténtica joya.

Hace un par de semanas, Organa anunció el lanzamiento de los llamados destilados Bakked, una línea de productos elaborada con aceites de cannabis que contienen hasta un 97 por ciento de THC. El mismo día que se presentaba este nuevo producto, Motherboard estuvo en Organa para observar de cerca cómo se convierte la flor predilecta de Colorado en el aceite de cannabis más poderoso del mercado.

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Imagen: Daniel Oberhaus

La clave para producir un poderoso destilado de cannabis empieza por el capullo. Organa trabaja con decenas de cultivadores de marihuana en Colorado y no es extraño ver como casi una tonelada de la preciada sustancia cruza las puertas del laboratorio mensualmente. Si bien algunos de los productos de Organa provienen de una mezcla de molduras — las hojas de la planta de cannabis — y de capullos, sus aceites de alta gama (los que alcanzan el concentrado destilado del 97 por ciento de pureza) solo se elaboran con la flor. Tal y como expresa Chris Driessen: "aquí cortamos la marihuana con marihuana".

La potencia de los capullos determina la cantidad que cosechan. En sus mejores días, los científicos de Organa pueden extraer hasta un 15 por ciento del producto, lo que equivale a que 15 gramos de flor producen un gramo de aceite destilado que alcanza el 90 por ciento de THC. Dado que se trata de una cosecha relativamente baja, la calidad de la flor es fundamental. Este el motivo por el que Organa busca a cultivadores como Tim Cullen de la Colorado Harvest Company, para obtenerla mejor materia prima.

Tim Cullen examina sus plantas en una las habitaciones de su empresa. Imagen: Daniel Oberhaus

Colorado Harvest cuenta actualmente con 6000 plantas en varios estados de crecimiento y no es más que una factoría de tamaño medio. Algunas de las cepas alcanzan el 25 por ciento de THC. Cullen asegura que su buena mano para los esquejes es el resultado de una dedicación temprana. Cullen plantó varias plantas de marihuana en el sótano de su casa cuando era profesor de biología en una escuela secundaria.

Cuando las semillas y los esquejes suministrados por Cullen y el resto de cultivadores llegan a Organa, estos son molidos para facilitar la extracción de la resina de la planta. Una vez molida la hierba, esta se transporta hasta un extractor, donde se utiliza dióxido de carbono en estado supercrítico — dióxido de carbono gaseoso que se convierte en líquido en condiciones de presión extrema — como el disolvente que ayudará a extraer el aceite puro de la planta.

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Según Driessen, el pionero uso del dióxido de carbono por parte de Organa es fundamental para explicar la pureza de sus productos. La mayoría de los laboratorios que producen extractos de cannabis emplean butano como el disolvente para extraer el aceite de las plantas de marihuana, lo que normalmente expande la cosecha a un precio más bajo. El problema, sin embargo, es que el butano puede dejar un residuo indeseable en el producto final y lo cierto es que cualquier consumidor versado evitará consumir estas impurezas.

Esto llevó a Organa a apostar por la extracción supercrítica de dióxido de carbono, puesto que es un producto que no deja residuos. En 2010 se transformaron en el primer laboratorio del planeta en tener una licencia para este método de extracción.

El presidente de Organa, Chris Driessen, junto a una gran bolsa de hierba. Imagen: Daniel Oberhaus

Según Driessen, Organa ha sido vilipendiada por sus competidores por su decisión de pasarse a la extracción supercrítica de dióxido de carbono. Le acusan que se trata de un método que desvirtúa el sabor del cannabis. El motivo de las críticas es que el aceite de cannabis puro producido a través de la extracción de dióxido está sujeta a un calor y una presión extremos, un proceso que, según ellos, puede volatilizar los terpenos y provocar que la marihuana pierda su aroma. Para evitar que eso suceda, en Organa separan la mayor cantidad de terpenos de la planta tan temprano como les es posible durante la fase de extracción supercrítica, de manera que no son destruidas durante la producción del aceite crudo.

Después de completarse el proceso de extracción, el aceite es descarboxilado en un horno térmico vacío, donde se activa el THC. El THC que se encuentra en las plantas de cannabis y en los aceites no refinados es una forma acídica no psicoactiva, conocida como THC-A (ácido tetrahidrocannbinólico). De manera que si quieres que te coloque te hará falta activar el THC. Sucede que cuando uno decide producir aceite de cannabis resulta mejor activar el THC de antemano, de manera que requiere una temperatura más baja para vaporizarse cuando llega a manos del consumidor (nadie quiere una sustancia que tenga sabor a quemado).

Remy Kachadourian, responsable de Investigación y Desarrollo en Organa, con algunos artefactos para la extracción supercrítica del CO2. Imagen: Daniel Oberhaus

Una vez el aceite crudo ha sido extraído de la materia de la planta gracias al uso del dióxido supercrítico, todavía se conservan algunos terpenos, de manera que el aceite es sometido entonces a un proceso de hibernación que básicamente consiste en mezclar el aceite con etanol y luego congelarlo. Este proceso separa las sustancias indeseables, como las ceras y la clorofila del aceite, de manera que solo se queden los terpenos y las sustancias cannabinoides.

Después de la hibernación, el aceite puro es refinado a través de un rotavapor (un aparato de destilación) para limpiar los residuos restantes de etanol. Llegados a este punto, los terpenos y los cannabinoides aislados en el aceite refinado son trasladados al centro de Investigación y Desarrollo de los laboratorios Organa. Es una pequeña habitación provista de un equipamiento científico de cerca de un millón de dólares, donde se llevan a cabo varios procesos. Llegados a este punto, el secretismo sobre el proceso de destilación especial de Organa es restringido y no se permite tomar fotografías — cuando fabricas un producto que "cuesta entre tres y cinco veces más caro que el oro" difícilmente podrás tachar a los técnicos del laboratorio de paranoicos.

Un surtido de distintos aceites de cannabis. Imagen: Daniel Oberhaus

Una vez ahí, los técnicos del laboratorio purifican todavía más el producto separando los terpenos restantes del aceite refinado. Por mucho que Driessen y que Remy Kachadourian, un biólogo químico que supervisa el desarrollo y la investigación en el laboratorio Organa, prefieran no dar detalles, la idea principal consiste en separar el contenido del aceite a nivel molecular: entonces los terpenos quedan evaporados del aceite, condensados y luego recogidos. Estos terpenos están combinados con los terpenos aislados durante el proceso de extracción supercrítica y entonces la mezcla es destilada. El resultado final es una sustancia dorada que tiene la consistencia de la melaza.

Uno de los rotavapores de Organa: el aceite de cannabis está en la bombilla de la derecha y el etanol se evapora en la bombilla transparente de la izquierda. Imagen: Daniel Oberhaus

El terpeno destilado es entonces reintroducido en el interior del aceite ultrapuro gracias a un instrumento de destilación de corto alcance. El proceso ayuda a reducir la viscosidad y devuelve al aceite los aromas específicos de cada variedad de hierba y de sus efectos. Llegados a este punto, el aceite de cannabis alcanza su máxima pureza: un 97 por ciento de THC activado.

Después de analizar la cromatografía líquida y la espectrometría de la masa destilada para confirmar así su pureza y su potencia, el aceite es devuelto a la parte dorsal del laboratorio, donde un puñado de empleados se encargan de re calentarlo e inyectarlo en los cartuchos que serán enviados a los dispensarios de todo Colorado.

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Por mucho que producir en masa un cannabis destilado de tamaña pureza es un logro extraordinario en sí mismo, Kachadourian y sus colegas han llegado a hacer extracciones por encima del 99 por ciento de pureza, pero el problema es conseguir hacer más de uno en cada momento.

La amplia mayoría de los cartuchos de aceite de cannabis de Organa son rellenados a mano. Imagen: Daniel Oberhaus

"La carrera por la pureza ya ha terminado", comentó Driessen, "Remy y su equipo pueden purificar las cosas hasta alcanzar el 99 por ciento y todo el mundo equipara la potencia al índice de THC, puesto que tal es principio activo, el efecto psicoactivo. Sin embargo, la realidad de la situación es que la experiencia que buscas es aquella que combine el despliegue simultáneo de todos los agente cannabinoides y su efecto sostenido".

Ello, según Driessen, es lo que sitúa a los productos de Organa en otra división respecto a otros ultrapoderosos destiladores de cannabis, como los laboratorios de rayos X 'Dragon Balls', cuyos índices alcanzan el 99 por ciento de cannabinoides, del cual un 92 por ciento está integrado por THC activado. El último destilado de Organa alcanza el 97 por ciento de pureza y sin perder un ápice de terpeno y de otros cannabinoides que le confieren un aroma característico y un efecto controlado que solo es posible conseguir gracias la extracción de dióxido de carbono supercrítica y a los procesos de destilación molecular, los que están patentados en exclusiva por Organa.

Un cartucho de aceite con una pureza del 85 por ciento, listo para ser enviado. Imagen: Daniel Oberhaus

"Históricamente, la extracción de dióxido de carbono y de los procesos asociados de refinamiento han destruido los terpenos, que son la fuente del sabor, del olor y del efecto sostenido", explicó Driessen, "Nosotros hemos conseguido preservar estos terpenos en el proceso de extracción y de purificarlos durante el proceso de destilación. Y ello nos permite mantener intacta la esencia pura de la planta".