Salud

La meditación me ha ayudado a cagar mejor

La conexión entre la respiración consciente y mi síndrome de intestino irritable.
23.3.17
Marko Milanovic / Stocksy

Estoy un poco obsesionada con la caca.

De niña, fui bendecida con lo que mis padres llamaban "una barriguita sensible". Era propensa a los dolores de estómago, a la hinchazón y a la diarrea inducida por el estrés (cuando estaba nerviosa no tenía "mariposas", eran más bien una manada de leones abalanzándose en mi tripas). Pero fue después de un viaje a Florida que hice alrededor de los 20 años (en los que no cagué durante diez días enteros) cuando la obsesión empezó.

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Cualquiera que tenga estreñimiento crónico te dirá que cagar se convierte en el máximo objetivo de tu vida. Me obsesioné con comer cosas que me activaran los intestinos. Nunca fui de laxantes médicos, pero el café superfuerte era mi amigo. Me resultaba difícil cagar fuera del confort de mi casa (de ahí los diez días de estreñimiento mientras pasaba las vacaciones en Florida), así que cuadraba el beber café con estar en casa suficientemente relajada como para ir al baño.

A los 28 fui madre, lo que me provocó un tremendo desajuste en mis intestinos. No sé si fue la falta de sueño o el hecho de haber sacado a un bebé por la vagina, pero en ese momento algo cambió en mi cuerpo, y me pasé los primeros años de vida de mi hijo lidiando con una dolorosa diarrea crónica. Y te digo algo: encerrarte en el baño mientras básicamente estás vomitando por el culo no es moco de pavo, pero es algo especialmente traumático si hay un adolescente al otro lado de la puerta.

Fue en esta época cuando por fin empecé a buscar ayuda profesional para mi "estómago sensible". Después de una serie de pruebas, me diagnosticaron oficialmente síndrome del intestino irritable (SII). Por recomendación de mi gastroenterólogo, intenté hacer cambios en mi dieta, la mayoría de los cuales no surtió ningún efecto o bien empeoró mis síntomas. Al final, después de días buscando obsesivamente por Google, encontré la dieta baja en FODMAP (Los FODMAP son un grupo de carbohidratos fermentables de cadena corta que causan un infierno gastrointestinal para los que sufren SII), que alivió muchos de mis síntomas, especialmente la hinchazón y la dolorosa diarrea.

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Pero incluso después de que muchos de los síntomas más problemáticos desaparecieran, seguía luchando contra frecuentes cacas blandas, y seguía total y completamente obsesionada con los intestinos. No podía quitarme el miedo de que la diarrea atacara otra vez en cualquier momento, y esos pensamientos de preocupación acababan directamente ahí, donde todo se agravaba de nuevo.

La conexión mente-intestino es muy fuerte; de hecho, algunos han ido tan lejos que dicen que hay un segundo cerebro en los intestinos. Este "cerebro", al que se refieren los científicos como sistema nervioso entérico (SNE), responde a los estímulos emocionales como lo hace el verdadero cerebro, manifestándose como síntomas físicos en tu sistema digestivo. Se ha llegado a teorizar que lo que sucede en el cerebro intestinal puede afectar a al cerebro, lo que podría explicar por qué los que sufren SII son más propensos a la ansiedad y la depresión.

Christopher Willard, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard y autor de Growing Up Mindful, me explica que para los que tienen SII es más fácil que entren en ciclos de estrés, igual que yo. Willard lo describe como "un efecto cascada, en el que el SII causa estrés y se agrava".

Después de compartir mis penas con una buena amiga (quien casualmente también es psicóloga), me sugirió que intentara meditar, asegurándome que incluso unos pocos minutos diarios de meditación harían maravillas. Como alguien que ha tenido ansiedad durante toda la vida, había intentado meditar muchas veces, pero la verdad es que encontré muy difícil acallar mi frenética mente, y con frecuencia me daba por vencida. Pero tenía que hacer algo con mis sensibles intestinos y las constantes preocupaciones que les asociaba, así que tenía la intención de intentarlo de nuevo.

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Me descargué una aplicación de meditación en cinco minutos y empecé a usarla a diario. La aplicación se llamaba Simply Being (de Meditation Oasis), y podías elegir hacer meditación de 5, 10, 20 y 30 minutos. Casi siempre elegía la de 5 minutos. Siguiendo el consejo de mi amiga, no me presioné demasiado para hacerlo perfecto. Solo necesitaba alcanzar ese estado y esperar contra todo pronóstico que funcionara.

"Simplemente sé consciente de lo que está sucediendo ahora, en este momento", empezó una calmada voz femenina con el movimiento de las olas del mar de fondo. "Puede que haya miles de pensamientos en tu cabeza. No importa. Solo deja que se vayan de la misma manera que llegan… sin esfuerzo", continuó ella. El planteamiento de "no importa" me relajó inmediatamente, y después de unas semanas usando la aplicación, llegué a esperar con ganas aquellas miniescapadas.

Un estudio piloto de 2015 fue el primero en observar los efectos de la meditación en los síntomas del SII. Los investigadores hallaron que después de nueve semanas de meditación, los enfermos de SII reducían drásticamente sus síntomas, y se mantenían así hasta tres semanas después de dejar el programa de meditación. La verdad es que a mí me hizo falta un poco más de tiempo para percibir alguna diferencia tangible en mi SII. Lo primero de lo que me percaté fue que en general estaba menos estresada; era menos probable que me entrara ansiedad por las pequeñas cosas de mi vida, además de los rugidos y las punzadas de mi intestino. Esto, poco a poco, hizo que mis episodios de SII inducidos por el estrés fueran menos frecuentes.

Willard me describe cómo la meditación calma algunos de los peores síntomas del SII: "Una de las maneras en que algunas meditaciones actúan es induciendo una respuesta de relajación, que saca al cuerpo del estado de alerta al estado de lucha o huida en respuesta al estrés", dice. Explica que cuando estamos en una situación de estrés, "nuestro cuerpo se está preparando para sobrevivir a corto plazo en vez de estar listo para sobrevivir a largo plazo, lo que desconecta la energía del sistema digestivo y del sistema inmune". Esto es la causa algunos de los síntomas del SII.

Quizá el mayor beneficio de la meditación para mí fue que fui capaz de percibir claramente cuándo estaba inundado de esas hormonas de "lucha o huida" y cómo reaccionaba mi intestino. Me volví más consciente de adoptar pequeños hábitos beneficiosos, como estar menos ocupada y asegurarme de ingerir alimentos (como ajo, cebolla, manzana o lácteos) que no agravaran los síntomas. Aprendí que a veces le hacen falta semanas a mi cuerpo para eliminar las hormonas del estrés, incluso después de que el agente causante desapareciera. A su vez, me volví más proactiva en eliminar el estrés innecesario de mi vida, por lo menos todo lo que podía controlar.

Ya han pasado cinco años desde que empecé a meditar, y desde entonces lo he hecho diariamente entre 5 y 20 minutos. Todo este tiempo he tardado en olvidarme de mi obsesión por la caca (estoy cerca, pero no al cien por cien todavía). Mi SII está más bajo control de lo que nunca había estado, pero todavía me provoca estrés de vez en cuando, y mis intestinos empiezan a reaccionar, aparentemente sin razón. Pero he aprendido a aceptar que el SII es una enfermedad para toda la vida, una enfermedad contra la que siempre estaré en lucha. A través de la meditación, de la reducción del estrés y del sutil arte de que no te importe una mierda, estoy aprendiendo a aceptar que esto es parte de quién soy, con caca y todo.