FIGHTLAND

Al fin Cyborg llega a UFC, justo cuando Rousey se adentra más en Hollywood

¿Las ocupaciones de Ronda arruinarán nuestras oportunidades de ver la pelea que nos hemos ganado?
13.5.16
Photos by Buda Mendes/Zuffa LLC

Parece apropiado de alguna manera, antes de que el Presidente de UFC, Dana White admitiera ayer en The Dan Patrick Show que no sabe cuando planea regresar la excampeona gallo de UFC, Ronda Rousey, quien acaba de conseguir un contrato con el canal Lifetime, que UFC está abriendo sus puertas para la llegada de Cris Cyborg, cuya ola de destrucción en el MMA arrasaría con las oficinas completas del canal además de las almas sentimentales que lo habitan.

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Durante cinco años, desde que Rousey comenzó a apoderarse de la división de 135 libras en Strikeforce, el mundo del MMA ha ansiado verla enfrentando a Cyborg (quien dominaba la división de 145 libras en aquel momento en la misma promotora) pero por alguna razón (que podría ser el miedo de Rousey, el uso de sustancias prohibidas por parte de Cyborg o tal vez una conspiración cósmica), nunca sucedió. Qué perfecto es que UFC finalmente puede dejar de lado sus problemas con Cyborg (además de la crueldad que le han mostrado) justo cuando Rousey desapareció. Es como si fueran dos polos que no pueden existir en el mismo lugar en el mismo momento.

Y eso además es una lástima. Cyborg ha pasado gran parte de su carrera derrotando mujeres cuyo atributo más grande, y tal vez el único, ha demostrado ser su valentía. Además de dos peleas decentes contra la excampeona Marloes Coenen (por cierto, ¿cuándo llegará ella a UFC?), la vida de Cyborg en las peleas no fueron peleas sino espectáculos de promoción. Actos de brutalidad disfrazados como peleas. Pero en UFC, Cyborg al fin está en posición de enfrentar mujeres que tienen posibilidades reales contra ella, o al menos merecen enfrentarla en la jaula. Eso no sólo es bueno para el MMA femenil, sino para Cyborg, y es que su alma debe sufrir cada vez que se ve obligada a derrotar a una pobre mujer y pretender que era deporte.

Y claro, en la cadena alimenticia del MMA femenil, sin importar quien tenga el cinturón peso gallo, se encuentra Rousey. Miesha Tate puede ser la campeona actual pero todos los caminos en el MMA femenil llevan hacia Rousey y Cyborg. Y en el fondo deben saber que se necesitan una a la otra, que sin una pelea entre ellas sus legados estarían incompletos y llenos de dudas. ¿Cómo es que Cyborg podría declarar ser la mejor si nunca enfrenta a la mujer que convirtió el MMA en un fenómeno cultural? ¿Y qué sería del legado de Rousey si desapareciera de UFC y se dirigiera a los brazos del canal Lifetime justo cuando Cyborg apareció en la puerta? Ambas se necesitan una a la otra para retirarse con la mente satisfecha y con la consciencia limpia. Sin una pelea Rousey vs. Cyborg, ambas estarían condenadas a deambular en sus vidas pos-pelea como una maldición en un cuento irlandés: incapaces de encontrar paz, con un enorme deseo en las entrañas.

Y eso también va para nosotros, los fans del MMA que hemos soñado, nos hemos preguntado, filosofamos y pronosticamos una pelea entre ambas desde hace años. ¿Derrotará Cyborg a Rousey, quien es más pequeña y no tiene la misma excelencia en la pelea de pie, o el enfoque agresivo de la brasileña caerá en el juego de judo de Rousey, resultando en otra proyección y barra de brazo? Es un gran debate, además de los argumentos que se presentaban en FUC hace veinte años: ¿Cuál estilo ganará? Y los que hemos discutido y debatido, que hemos esperado tanto y tan pacientemente, que hemos sufrido en silencio por los análisis fallidos de Cyborg y la crueldad y provocaciones de Rousey, y que hemos tolerado las celebraciones de Cyborg y la actuación de Rousey en la pantalla —nos hemos ganado la pelea. Es lo menos que pueden hacer por nosotros.