Los Vaqueros de Dallas iban abajo 14-10 ante los Vikingos de Minnesota cuando el mariscal de campo Roger Staubach tomó las riendas de la ofensiva en la yarda 15 con 1:50 restando en el partido. Se jugaban el partido divisional el 28 de diciembre de 1975 en el Estadio Metropolitano en el invierno de Bloomington, Minnesota. Avanzaban un poco y en una tercera jugada Staubach se resbaló y de pronto los Vaqueros estaban en su propia yarda 25 con una situación de cuarto down y 16.
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Staubach lanzó con fuerza y Drew Pearson saltó en la yarda 50 para atrapar el balón y entregarle un nuevo set ofensivo a los Vaqueros en una jugada controversial después de que el jugador defensivo, Nate Wright, lo había empujado fuera del campo antes de que cayera con el balón. La ofensiva vaquera comenzaba de nuevo en la yarda 50, Staubach lanzaba un pase incompleto y restaban 32 segundos en el partido. De nuevo, desde la escopeta, Staubach recibía el balón, Pearson corría hacia adentro para cambiar la ruta hacia la banda, y otra vez frente a la defensa de Wright, Staubach lanzó el balón alto y largo pero aún así parecía corto. Pearson retrocedió unos pasos, atrapó el balón y avanzó un par de yardas más para entrar a la zona de anotación y darle la victoria a Dallas. "Cerré mis ojos y recé un Ave María", declaró Staubach sobre la jugada.
"Simplemente lo lancé y oré", dijo Staubach, quien cayó después de lanzar el balón y recibir un golpe. "No podía ver si Drew había o no atrapado el balón. No sabía que habíamos conseguido la anotación hasta que vi el réferi alzar sus manos. Admitiré que tuvimos mucha suerte en esa jugada".
"Venía un poco corto así que tuve que regresar un poco y eso me permitió alejarme un poco de Nate", describió Pearson sobre su atrapada. "El balón brincó un poco y por fin lo atrapé entre mi codo y mis costillas. Fue una atrapada con suerte, pero fue la atrapada más importante de mi carrera".
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Los Vikingos argumentaban interferencia por parte de Pearson, diciendo que había empujado a Nate para lograr concretar la jugada. Varios jugadores de Minnesota aseguraban que Nate Wright lograría la intercepción si no hubiera sido por un empujón por parte de Pearson que lo desbalanceó. Algún fanático de los Vikingos lanzó una naranja justo en el momento de la atrapada que a primera vista luce como la señalización de un castigo, pero no. Era esa época en la que los fans comían naranjas en los estadios y no sólo hot-dogs y cervezas.
Podríamos decir que ésa es la historia oficial. Desde ese 28 de diciembre de 1975, esas últimas jugadas con la búsqueda de intervención divina para lograr lo impensado o lo imposible ahora simplemente son "Aves Marías". Ya no son impensados. Ya no son imposibles. Ya son Aves Marías.No son todos iguales, no se trata sólo de correr lo más lejos y lanzar lo más lejos. De repente hay un poco de estrategia, movimiento y jugada, pero en esencia, sí, se trata de correr lo más lejos y lanzar lo más lejos. Por supuesto, también se trata de atrapar el balón.Uno de los Ave María más famosos fue el que lanzó Doug Flutie cuando jugaba para Boston College en su carrera universitaria. Enfrentaban a Miami en 1984 y la defensa había retrasado a toda su defensa casi sobre la línea de anotación porque se pensaba que Flutie no tenía el brazo para lanzar el balón 52 yardas, y mucho menos pensaron que lo lograría atrapar Gerard Phelan.
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De manera más reciente, Aaron Rodgers se echó el llamado "Milagro de Motown" a finales del año pasado con un Ave María. Se calcula que el balón lanzado por Rodgers viajó unos 68 a 70 yardas en el aire cuando los Packers recibieron una jugada extra ya sin tiempo en el reloj oficial tras un castigo por parte de la defensa de los Leones de Detroit, quienes habían mantenido la ventaja durante todo el partido. Richard Rodgers atrapó el balón y le dio otro dolor de cabeza a las migrañas constantes que sufren los Leones. (Vean el video aquí).Pero como todo mito detrás de los actos religiosos—éste en el que involucra lanzar un balón al aire para recibir bendición divina hacia la anotación inesperada—tiene versiones, consideraciones y puntos de referencia. El Ave María del campo de futbol americano es bendita y en ocasiones renueva la fe generando otro milagro más. Pero también ser tiene más historia que sólo la jugada Staubach-Pearson de 1975."El Ave María es la mejor jugada que tenemos", declaró Jim Crowley en 1922. Crowley formó parte de la aclamada cuarteta de Notre Dame, los Cuatro Jinetes (Four Horsemen), y fue en un partido ante Georgia Tech el 28 de octubre de 1922 que los jugadores de la universidad famosamente católica rezaron un Ave María justo antes de conseguir una anotación en el segundo cuarto, y después repitieron la fórmula en el cuarto cuarto.
Foto: Wikicommons
El mariscal de campo, Harry Stuhldreher, los corredores Jim Crowley y Don Miller, y el fullback Elmer Layden conformaban esa dura ofensiva que lideró a Notre Dame durante tres años entre 1922 y 1924, y en el que el equipo sólo llegó a perder dos veces. Elmer Layden después terminó como entrenador de Notre Dame que en 1935 participó en el "Partido del Siglo" ante Ohio State. Al igual que en 1922, los Fighting Irish de Notre Dame consiguieron una anotación al final del partido con un pase de Bill Shakespeare al receptor Wayne Millner. El mismo Layden, fiel a su equipo original, explicó que fue una jugada "Ave María".Sin embargo, ese lance milagroso también se le conocía como un alley-oop. Sí, así como la jugada de basquetbol. El mariscal de campo lanzaría el balón al aire como si fuera un juego de suerte mientras los jugadores brincaban para luchar por su posesión en mero salto. Fue en los años cincuenta que se hacía famosa la jugada cuando el mariscal de campo de los 49 de San Francisco, Y.A. Little, lanzaba balones altos y el receptor R.C. Owens los bajaba del aire para concretar sus ally-oops. Pero pocos recuerdan eso y todos sabemos lo que es un Ave María, término que se repetía esporádicamente a lo largo de los años, incluso por Roger Staubach cuando logró liderar al equipo universitario de la Academia Naval sobre Michigan en 1963. Pero no fue hasta esa jugada en 1975, en el cruel y bendito invierno de Minnesota, que el Ave María se volvió el Ave María.
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