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Hablamos con una persona que nunca ha salido de fiesta

“Me parece bien que la gente beba y se divierta pero lo que no me gusta es que la fiesta no se conciba sin el alcohol, lo veo bastante triste”. Estefanía. 25. Gallega.
29.3.17
nunca salir de fiesta
Foto vía el usuario de Flickr Shawn Perez | CC BY 2.0 | Ninguna de estas personas es el testimonio de este artículo

Recuerdo que de preadolescente no entendía por qué una gran parte de mis compañeros de clase empezó, de repente, a salir por la noche y a beber cerveza y calimocho, a fumar porros y salir por discotecas. A mí y a mi grupo de colegas nos parecía lamentable y no entendíamos por qué la gente necesitaba beber o fumar para pasarlo bien. ¿Qué tenía de apasionante o divertido quedar en un sitio y, simplemente, consumir bebidas alcohólicas y emborracharse? Nosotros preferíamos quedar y ver películas, grabar nuestros cortos cutres en videocámaras de 8 mm, jugar a rol, pintar miniaturas de metal blanco y largar mierda sobre lo penosa que era el resto de la gente, así en general.

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Luego, no sé qué pasó, pero mis amigos y yo empezamos a hacer lo mismo. Empezamos a beber y a disfrutar de todo eso de emborracharse en cualquier situación. Y a quedar en bordillos de la calle o parques para fumar hachís. Ir a conciertos. Ver películas con latas escondidas en la mochila. Y hacer grupos de música. Y beber mientras hablábamos con "tías" a través del MIRC. Y emborracharnos en los ensayos y luego salir a beber por el centro y el mundo era un lugar increíble. La verdad es que nos gustaba y me sigue gustando incluso ahora, 20 años después, y todo esto me sigue pareciendo un gran misterio. ¿Por qué empezamos a hacerlo?

Visto desde la distancia, es lamentable que todos pasemos por un proceso similar, eclosionando en una especie de orgía adolescente en la que todos estamos bebiendo en sitios distintos pero en el mismo momento de nuestras vidas, con historias y anécdotas similares supuestamente graciosas y subjetivamente épicas —como cuando Miguel robó un pollo asado y lo metió dentro del bolso de esa tía en el Sidecar—.

Pero hay gente que no hizo ese paso, individuos que no cruzaron el umbral de la mediocridad y de las inercias sociales. Ciertamente me habría gustado mantenerme firme a mis convicciones y no sucumbir a la fiesta (siempre he pensado que mi yo preadolescente detestaría mi yo actual), pero aun así, debo admitir que la noche y el alcohol me han proporcionado grandes amigos, momentos y situaciones. Pero claro, ahí fuera hay gente que no sale de fiesta y que todo esto le importa una mierda pero sigue disfrutando de todo lo que puede ofrecerle la vida. Contacté con una de estas personas para que me iluminara en el camino de la sobriedad y la alergia a la fiesta.

VICE: Hola Estefanía, ¿qué hiciste el sábado pasado por la noche?
Estefanía García: Ver Vikings en Netflix.

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Los viquingos se pillaban unas buenas tajas, ¿no?
Jajaja, sí, con la diferencia de que ellos tenían una vida bastante más dura, más corta y con más frío.

¿Te parece una pérdida de tiempo y de dinero salir de fiesta?
Para mí sí pero, si me divirtiese, posiblemente también me gastaría ese tiempo y ese dinero.

Y esto va muy ligado a la borrachera, ¿cuál es tu opinión sobre las cogorzas?
Me parece que la gente cambia demasiado cuando bebe. Puede que digan la verdad pero se vuelven más pesados, mas babosos, más agresivos y más ridículos. En fin, me parece bien que la gente beba y se divierta, al fin y al cabo se lleva haciendo desde hace miles de años, lo que no me gusta es que, hoy en día, la fiesta no se conciba sin el alcohol. Lo veo bastante triste.

¿Crees que el concepto "salir de fiesta" y beber o drogarse no deberían ir tan ligados? ¿Se puede salir sin petarse?
Exacto, no se concibe una cosa sin la otra. Deberíamos poder salir sin petarnos y pasarlo bien, pero si la gente con la que vas se peta, seguro que esa no será tu noche. Una cosa depende de la otra. Yo personalmente, me siento desplazada, quizá a otras personas no les importe. Dependerá de si eres más extrovertido, más sociable, etcétera.

Gente borracha

Foto vía

¿Nos odias a los que bebemos y llegamos a casa a las 7 de la mañana?
Que conste que yo antes era más radical en torno a todo lo que era este mundo de la fiesta, pero he intentado analizarlo desde la debilidad del ser humano, ahora soy más comprensiva. Las drogas y el alcohol son una forma absurda e irracional de divertirse. Antes no le veía sentido en pasarlo bien sin ser tú mismo. Ahora no lo comparto pero puedo llegar a entenderlo.

Aunque bueno, que todos y todas se ponen monísimos para salir y luego dan asco con la boca azul del calimocho, gritando, vomitando o haciendo el imbécil por las calles. Es una putada que os pueda ver tan nítidamente.

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¿Y no crees que a veces está bien dejar apartado la racionalidad del cerebro para vivir otro tipo de experiencias gracias al alcohol o lo que sea? Quizás esto se pueda lograr de otra forma que no sea mediante las drogas.
Claro, lo que ocurre es que a mucha gente no le llena tanto ver una serie en buena compañía, ir al cine o a un restaurante molón y conversar.

¿Y qué opinas de eso tan español de ir a un bar y tomar unas cañas?
Veo incensario que para quedar con la gente sea casi obligatorio ir a beber algo sin tener sed.

Claro, se puede quedar y no tener que gastar dinero en nada, ¿no? Es como si la persona con la que se queda no fuera lo suficientemente interesante por sí misma y se tuviera que endulzar la quedada con alguna cosa más.
Justo. Pero al fin y al cabo es algo social, muy interiorizado y difícil de cambiar. No tengo una solución.

¿A veces no sientes la obligación de tener que salir de noche para socializar?
Sí, muchas veces. Unas amigas me llaman o yo misma hago el esfuerzo para sociabilizar un rato. Es sano dicen.

Y deduzco que eso no lo haces por la noche.
Si, a veces sí. Vale, no es fiesta, es en plan tranquileo, pero las horas se nos pasan. Lo que ocurre es que si la gente con la que voy va a full, pues me voy para casita.

Chica sufriendo en una fiesta

Foto vía

Y de adolescente o cuando ibas a la universidad, ¿salías?
De adolescente sí salía a veces y me gustaba, aun sin beber y teniendo que volver a casa a la una. Normalmente me quedaba en casa con mis compañeros de piso, siempre había alguien en casa.

¿Y hacíais fiestas en casa?
No, nos juntábamos unos cuantos pero nada organizado. A veces el salón era un submarino, y te aseguro que se lo pasaban tan bien como los que estaban de fiesta en los jueves universitarios. Ellos salían los fines de semana en el pueblo, y bueno, uno de ellos es mi novio, ¡que es dueño de un pub hardcore! Paradojas de la vida.

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¿En qué consistían tus salidas? ¿Sentías vergüenza de la gente borracha?
Básicamente consistían en aburrirme al frío durante los largos botellones. Después daba una vuelta por los pubs, teniendo suerte de no perder a la gente en el camino. Otras veces he aguantado al mítico que no se sostiene de pie. Acababa yéndome a casa bastante temprano. En cuanto a sentir vergüenza, a veces sí, pero al final te acostumbras a verlos así y ya no es raro.

¿Y el momento en el que dijiste basta? ¿Cómo empezó a relajarse la cosa, cómo empezaste a sudar?
Creo que no fue un momento concreto en el que dije basta, simplemente cada vez me agobiaba y me aburría más, por lo tanto ya no me apetecía salir. Llegó un momento en el que ya ni me acordaba de la última vez que había salido de fiesta.

¿De dónde crees que ha salido este rechazo?
En mi teoría confluyen varias causas. Comenzó cuando tenía 15 años, empecé a tomar una medicación con la cual no podía beber alcohol. En aquel momento lo único que había bebido eran cervezas. Pero coincidió con que mis amigas sí empezaban a beber y yo no podía, aunque honestamente, a mí me daba exactamente igual. No recuerdo estar afligida por eso.

Año y medio, dos años después, ya pudiendo beber, había visto todo lo que el alcohol hacía a la gente y la verdad es que no me atrajo mucho, así que seguí con mi dinámica.

Por otro lado creo que mi hipocondría también influye. Soy muy sensible a cualquier cambio y creo que el alcohol me hubiera sentado mal finalmente, aunque fuese psicológicamente.

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Otra de las causas creo que reside en la gente con la que yo solía salir al principio, mis amigos. Para nada les echo la culpa, pero quizás su forma de salir emborrachándose hasta las trancas y el no poder mantener ningún tipo de conversación en toda la noche me llevó a aborrecer todo lo que era salir.

En cuanto al flirteo, la noche y la fiesta es un buen momento para practicarlo. ¿Qué opinas de esto? ¿Es mejor conocer a gente fuera de estos ámbitos o crees que es una putada que la gente, mayoritariamente, flirtee únicamente durante la nocturnidad?
Bueno, lo veo lógico, creo que es un momento perfecto para salirte de tu comportamiento habitual, desinhibirte y atreverte a hacer cosas que nunca harías en otras horas del día. Mucha gente necesita esto. Supongo que de fiesta nadie va a buscar su media naranja para toda la vida, en ese caso, me parecería absurdo.

Pero muchas citas se suceden de noche y en bares, ¿no? Ni que hayas quedado con un compañero de trabajo, luego quedas con esa persona por la noche y, muy probablemente, a tomar algo.
Yo me refería a ligar durante la fiesta. Pero sí, es cierto, la noche es inherente al flirteo. Quizás hay algo más profundo y nuestros genes nos llevan a hacerlo en la nocturnidad por algún motivo, quién sabe.

¿Le damos demasiada importancia a la fiesta (tanto nosotros como esta sociedad)?
Pasarlo bien es uno de los objetivos de nuestra vida, otra cosa es la forma de divertirse que le guste a cada uno. La opción más fácil es esa: drogarse y emborracharse. El problema es que la gente lo acepta sin más desde que es adolescente.

¿Y qué alternativas hay? ¿Ver Vikings en Netflix, por ejemplo?
¡Ver Vikings es una buenísima alternativa! Y si pides algo de comida, ya no existe discusión.