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El libro definitivo sobre Marinaleda lo ha escrito un inglés

Hablamos con Dan Hancox sobre “Marinaleda, La utopia de un pueblo”

Todas las fotos de Jose Colon

El empeoramiento de la crisis económica y la perdida de fe en los políticos ha hecho que todo el mundo esté buscando alternativas al sistema actual. Y el éxito de Marinaleda, que tiene la tasa de desempleo más baja del país a pesar de encontrarse en la provincia más pobre de España, lo ha convertido en el foco de innumerables reportajes, documentales y informativos. Esto es un poco peligroso porque a este paso la gente va a pensar que es una especie de Disneyland de la izquierda.  (Sí, la ironía es intencionada)

Por eso, cuando me llegó a la oficina el nuevo libro del periodista inglés Dan Hancox, me tiró un poco para atrás. “¿Realmente necesitamos más información sobre esto?” pensé. Por suerte, Marinaleda, la utopia de un pueblo trata el tema con claridad y profundidad, y repasa la historia de la actividad social en Andalucía desde los principios del siglo XX, situando a Marinaleda de lleno en este contexto y el de la sociedad actual. Vamos, que va un poco más lejos que Informe Semanal.

El otro día hablé con Hancox por Skype sobre su experiencia en Andalucía y las probabilidades de que el modelo se expanda al resto de el país.  

VICE: ¿Cómo diste con el tema de Marinaleda?

Dan Hancox: Hace ocho años vivía en Sevilla, y me acuerdo que la gente lo trataba como un chiste, o un excentricidad. Pero no pude visitar Marinaleda hasta enero del 2012. Por casualidad conocí a alguien en Londres que era del pueblo de al lado, Estepa. Me dijo, “vente a Marinaleda y te presento al alcalde’. Así de sencillo.

En el contexto de la crisis, ¿hasta qué punto sentiste que lo que viste en Marinaleda es una solución real?

Esa es la pregunta clave de Marinaleda. ¿Hasta qué punto lo puedes replicar, y a qué nivel? Marinaleda es un pueblo de 2.500 personas que se ha mostrado reticente a las subidas y bajadas del Capitalismo. Creo fuertemente que se podría replicar en pueblos pequeños, de hecho existen proyectos como Mondragón, que demuestran que las cooperativas pueden presentar una alternativa a la desigualdad que ves en el resto de España. Cuando se trata de replicarlo en ciudades es más difícil, ya que en  las ciudades la realidad distinta y están sujetos en gran parte al flujo de gente y capital internacional.

Una de las cosas que llama la atención de Marinaleda es que tienen un modelo aparentemente basado en las asambleas, pero también tienen un líder muy carismático. ¿Cómo viviste esta contradicción?

La paradoja de Marinaleda es que está caracterizado por la democracia participativa. Todo el mundo toma las decisiones en conjunto, y todos cobran lo mismo. Pero nadie en el pueblo negaría que sin Sánchez Gordillo, este líder casi demagógico, nada de esto hubiera pasado. Lo puedes presentar de forma positiva o negativa, pero Sánchez Gordillo es un personaje de culto. No es un dictador, ya que todo se vota democráticamente en las elecciones municipales, pero a la vez hay un actitud entre los del pueblo que va más allá que admiración. Siempre le llaman ‘alcalde’.

Eso es mejor que comandante, supongo. En el libro hablas mucho de los precedentes en la zona. ¿Esto te sorprendió?

Bueno, ya había tocado la historia anarquista de España, pero siempre lo asociaba con la Barcelona de antes de la guerra. Me sorprendió mucho lo potente que es la historia anarquista en Andalucía, sobre todo su manera de oponerse a las estructuras jerárquicas; es casi igual que el anarquismo de Bakunin. Es como si las condiciones en Andalucía fueran más perfectas para el anarquismo que en cualquier otra parte del mundo.

¿Por qué crees que estas ideas son tan populares actualmente?  

Durante gran parte del siglo XX, si unos granjeros decidían quedarse con una tierra, los terratenientes llamaban a la guardia civil, y ésta se cargaba a los líderes. Así fue durante los 40 años de dictadura fascista. Por eso, estas ideas sólo han podido ponerse en práctica a partir de 1975. Pueden detener y multar a Sánchez Gordillo y Cañamero, pero eso es lo peor que les puede pasar.

Aún así, la democracia liberal no es el remedio que todo el mundo esperaba. Creo que desde el inicio de la crisis, los españoles se están dando cuenta de que el milagro económico sólo era una pausa. Engañaron a la población, obligándoles a creer que todo iba bien mientras la desigualdad y la pobreza y la corrupción seguían a saco. Uno de los indignados en Sevilla me dijo que la razón por la que no se ha producido una revolución, es porque la gente está acostumbrada a todo esto. La frase que dijo era, “ahora tenemos que volver al valle de las lágrimas”, que viene de un himno católico.

Sin embargo si miras el  respaldo popular con el que cuenta Marinaleda y otras iniciativas, como la obra social del PAH o Enric Duran, parece que esta actitud está cambiando.

Quizás en Andalucía están un poco más resignados por su temperamento. Pero es verdad que la indignación en las ciudades es muy inspiradora. Es algo que los británicos que conozco quieren ver más.