DE FIESTA EN CIUDAD DEL CABO CON J&B


Dando continuación a su serie de eventos exclusivos organizados en lugares tan poco comunes –para este tipo de actos– como la Ciudad Prohibida de Pekín o un supermercado belga, J&B decidió celebrar su siguiente fiesta en uno de los extremos del llamado Continente Negro; concretamente en el esqueleto del futuro Green Point Stadium de Ciudad del Cabo.

Un escogido grupo de afortunados amantes de la fiesta procedentes de Sudáfrica, Portugal, Rumanía, Chipre y el Reino Unido aterrizó en la que es sin duda una de las ciudades más hermosas del mundo para un fin de semana de diversión sin pausa, comenzando con la increíble oportunidad de festear en el inner sanctum de esta megaestructura en construcción. Además de gozar de una rara vista de las cuadernas del interior del estadio, alrededor de 250 invitados pudieron soltarse la melena en el mismo sagrado terreno que en menos de 500 días estarán pisando los mejores jugadores de fútbol del mundo.

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Muy pronto el estadio se llenará de color y del estruendo de miles de fans, pero a mitad de construcción el Green Point Stadium es un austero coliseo de cemento decorado por una docena de gigantescas grúas cuyas siluetas se recortan contra el cielo nocturno. No es en su actual estado el sitio en el que nadie se imaginaría que se pudiera celebrar una fiesta, pero ahí está la gracia, ¿no? Asombra constatar cómo unas cuantas bolas de espejos colgando de las grúas, una selección de los más relevantes DJ’s del país y un flujo regular de whisky puede transformar un lugar. Estos ingredientes básicos, junto a la idea –básica y sensata– de que el baile no tiene por qué estar confinado a los clubs, han permitido a J&B celebrar fiestas en espacios tan improbables y diversos como un buque mercante, un globo aerostático o un iceberg. Potencial para organizar una fiesta lo hay en todas partes, de modo que, ¿por qué no un estadio de fútbol en construcción?



En el mismo centro de la poblada pista de baile, el campeón del mundo de malabarismos con el balón mantuvo uno en el aire con pasmosa agilidad, y marionetas de más de cuatro metros de altura se mecieron y bailaron en la cálida brisa nocturna al ritmo impuesto por Oskido, Euphonic, Tasha Baxter y DJ Fresh. Ni qué decir que al público le encantó la música, la cálida noche de verano y lo surreal de la escena. Cuando en 2010 dé comienzo el campeonato de la Copa del Mundo y veamos a los jugadores practicar el juego homoerótico de lanzarse unos encima de otros tras marcar un gol, aquellos que estuvieron en la fiesta podrán sonreírse y decir, «Yo me adelanté a vosotros».



El evento continuó al día siguiente con una nueva edición del anual Encuentro J&B, que se celebró durante la carrera de caballos más importante de Sudáfrica, la Kenilworth Racetrack, en las faldas de la montaña Table. Los invitados se mezclaron con famosos, modelos, millonarios y purasangres en el centro de la pista, transcurriendo todo de forma civilizada durante el día: cócteles y exquisiteces gastronómicas, masajes en los pies y apuestas por éste o aquel pony. Sin embargo, la enorme bola de espejos suspendida de una grúa sobre la marquesina, reluciendo como una brillante luna futurista, era un presagio de lo que estaba por venir.


La victoria de Pocket Power en la última carrera puso fin a las formalidades y el evento se convirtió en una de las fiestas más grandes y con más estilo jamás celebradas en Ciudad del Cabo. La acción se trasladó a eso de la medianoche al Chome, en el centro de la ciudad, para la fiesta posterior oficial. La calle donde está el club se había acordonado para una block party al viejo estilo, que se celebró entre una muralla de altavoces y, por supuesto, las icónicas bolas de espejos de J&B.

Tras 48 horas de fiesta en un estadio inacabado, un hipódromo y un edificio de Ciudad del Cabo, resulta innecesario decir que la fiesta no es un lugar, sino un estado mental.

DYLAN CULHANE

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