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Noticias

Rescate emocional

Hablando de la mayor intervención psicológica de la historia.
1.12.10

TEXTO DE JESÚS BROTONS, FOTOS DE LUÍS DÍAZ DÍAZ, ILUSTRACIÓN DE SANTIAGO SALVADOR

¿Qué estabas haciendo tú el 11 de marzo de 2004, pongamos que cerca del mediodía? ¿Lo recuerdas? Yo sí. Sentado ante el ordenador, preparando una entrevista con algún grupete de tercera dispuesto, como todos, a provocar el Armagedón con su largamente esperado primer disco, hice un alto entre tanto cliché para revisar a vuela vista las noticias del día; una toma de tierra con la realidad. Y tierra fue lo que tocó mi mandíbula, pues aquel jueves la realidad no era nada bonita: para decenas de personas, la mayoría estudiantes y trabajadores, el Armagedón había llegado a las 7:37 de esa mañana, su epicentro en las estaciones de tren de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia (Madrid) y no eran unos guitarrazos los que lo habían provocado sino diez bombas estratégicamente colocadas en cuatro convoyes y programadas para detonar a intervalos de un minuto

.

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Tres explosiones, luego dos, una más poco después y, para finalizar, cuatro. Recuento provisional, más de 100 muertos. La cifra final sería de 191 personas fallecidas y 1.858 con heridas, como dicen en la tele, de distinta consideración. Había tres artefactos más, que no estallaron. Dos lo hicieron en detonación controlada a manos de los artificieros, mientras que el tercero, oculto en una mochila, aportó indicios que sirvieron a la policía para tirar del hilo. En su otro extremo no estaba ETA, como “por convicción moral” apuntaban cargos del, tres días después, saliente gobierno del Partido Popular, sino Abu Dujan al Afgani, una célula yihadista vinculada con Al Qaeda, cinco de cuyos miembros fueron detenidos en cuestión de horas, inmolándose el resto de hijoputas homicidas en un piso en Leganés semanas más tarde.

Fernando Chacón, jerezano de 51 años, recuerda bien aquel jueves 11 de marzo: “

Soy adicto a la radio. Me acuesto y me levanto con ella. A eso de las siete de la mañana estaba escuchando la cadena SER cuando Iñaki Gabilondo dio la noticia de un posible atentado, una bomba… Aún había pocos muertos, pero por su voz y por algún comentario se notaba que le estaba llegando información de que era muy grave y no quería decirlo hasta que no estuviera confirmado. Es una suposición mía, pero creo que a medida que hablaba le iban llegando papeles y él en directo tenía que seleccionar qué decir y qué no

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”.

Profesor de Psicología Social en la Universidad Complutense, Fernando Chacón es, desde 1995, presidente del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, entidad fundada en 1980 y en la que él entró como secretario general en 1989: “

Es la entidad que representa al colectivo profesional. Todo psicólogo que quiera ejercer como tal en España está obligado a colegiarse. También defiende a los usuarios en casos en que haya una queja contra algún psicólogo. Somos los encargados del control deontológico de la profesión”

.

La cifra oficial de fallecidos iba aumentando paulatinamente aquel 11 de marzo de 2004. “

Si el número de muertos llegaba a 60, pensé yo, el sistema público de salud debería ser suficiente para atender

”, continúa Chacón. “

Si hay más de 60, desde el Colegio podríamos llamar a las entidades y ofrecer nuestro apoyo como psicólogos. Entre las 8:30 y las 8:45, justo cuando tenía que llevar a mis hijos a la escuela, el número de fallecidos rebasó esa cifra. Llamé al coordinador del grupo de emergencias y le dije, ‘llama a los sitios que te he dicho y ponnos a su disposición por si hace falta echar una mano’. Ahí nos vino muy bien que ya hubiera un contacto previo, porque si llamas a alguien que no te conoce de nada, no tiene sentido

”.

Respecto a esto, una aclaración y unos cuantos datos. “

A raíz del suceso de Biescas

[la riada que en 1996 se cobró 87 vidas en el camping Las Nieves, en la localidad oscense de Biescas]

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surgió en España un gran interés en la psicología de intervención en emergencias. En los Colegios de Psicólogos de cada autonomía se crearon grupos de investigación e intervención, dándose cursos de formación específica. Esto hizo que cuando ocurrió lo del 11-M ya existiera un colectivo de gente formada; en Madrid, entre 70 y 80 personas. Una cosa que se hizo entonces y que durante el 11-M nos ayudó mucho fue entrar en contacto con las entidades que en Madrid son responsables de las emergencias: el SUMMA 112, Madrid 112, SAMUR.

..” Todo y así, un protocolo formal de colaboración y activación no lo había, y por tanto, “

hubo que improvisar sobre la marcha

”.

Otra aclaración: “

He mencionado que en el grupo había 70-80 personas, pero cuando hablo del 11-M me refiero al 11 de marzo y a las dos semanas posteriores. Y en esos quince días participaron de forma voluntaria 948 psicólogos. Los hubo en IFEMA

[el recinto ferial de Madrid, convertido en tanatorio de urgencias -nda],

en los distintos tanatorios, se brindó apoyo a los hospitales, se realizó atención telefónica… Por lo que yo sé, fue la intervención psicológica más grande que se haya hecho nunca”

.

Mónica Pereira

Una de esos psicólogos fue Mónica Pereira, miembro del grupo desde 2001. “

Lo primero que hice tras enterarme del atentado fue, lógicamente, buscar a la familia”,

explica

. “A partir de ahí, lo siguiente es ponerse en contacto con el coordinador del grupo en ese momento. El Colegio de Psicólogos se pone a disposición del gestor de la emergencia, en este caso SAMUR. Ellos dicen lo que necesitan y nosotros nos movilizamos. Yo entré a las 10:30 de la mañana en IFEMA y hasta las dos o las tres de la mañana no salí de allí. Fue entonces cuando me di cuenta de la magnitud de lo ocurrido. Normalmente no se toma conciencia de la importancia de una catástrofe hasta después de la intervención”.

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¿Y luego? Durante su intervención, me informa Pereira, el psicólogo debe mantener una estricta higiene emocional, no simpatizar con la persona a la que está tratando: “

Simpatizar es un término que utilizamos para decir, ‘me identifico con el otro’. Si me identifico con una persona, sufro igual que ella y no la puedo ayudar

”. Después, humano como los demás, el psicólogo se desprende de su armadura y deja escapar la presión. “

Nosotros sentimos rabia, impotencia, pena, dolor… En el 11-M no creo que hubiera nadie en Madrid que no conociera a alguien que no estuviera afectado. Todos teníamos algún conocido que viajaba en los trenes o había fallecido, lo que ocurre es que intentamos separar el momento de la intervención de nuestros procesos personales, igual que los periodistas cuando van a informar de una guerra. Pero, una vez salimos de ahí, es importante que también nosotros descarguemos nuestras emociones con un compañero”

.

Fernando Chacón nos ilustra sobre la técnica conocida como

debriefing: “Al final del día se reúne el equipo y cada uno habla de lo que más le ha impactado, para sacarlo fuera. A mí me contaron el caso de uno de los bomberos que intervinieron el primer día sacando cadáveres, que aquello debía ser terrorífico: cuando volvió a su casa, estuvo una semana sin hablar

”. Hasta la persona más curtida tiene sus límites, evidentemente. No sólo fueron los familiares de las víctimas quienes precisaron atención psicológica; también los cuerpos de seguridad, bomberos y policías, aquellos que tuvieron que vérselas de primera mano con la realidad de la sangre en lo que después del 11-S todo el mundo conoce como Zona 0. “

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Hay técnicas para evitar el estrés. El debriefing, por ejemplo, está reconocida como la mejor para evitar el estrés posterior. Y los bomberos están entrenados en una cosa que se llama ‘visión túnel’, consistente en centrar la mirada sólo donde hay ruido procurando no mirar alrededor. Focalizar para no ver los restos descuartizados a un lado y otro y que eso tenga una implicación emocional que les impida hacer su trabajo. Pero, a veces, ocurren cosas que desestructuran ese entrenamiento. Trabajé en el caso de uno al que se le cayó algo al suelo, lo recogió y al levantar la vista vio un resto humano pegado al techo por la onda expansiva. En ese momento se quebró”

.

Como es de suponer, no todo el mundo encaja la recepción de una desgracia de la misma manera. Según un dossier que desde el Colegio me hicieron llegar, las típicas reacciones emocionales que se presentan en estas situaciones se dividen en ansiedad, negación, depresión y rabia, no siempre en este orden. “

Recuerdo a un señor en pleno ataque de rabia”,

dice Pereira

. “No sabía lo que estaba ocurriendo y esa rabia la descargaba sobre los políticos. Me resultó muy complicado manejarle”

.

Inevitable, ya que se menciona al gremio de la corbata y el descalificativo, recordar la ceremonia de la confusión que rodeó el 11-M en cuanto a su posible autoría y que aún hoy se empeña más de uno en que siga coleando. Existe en la web del Colegio un decálogo dirigido a los medios de comunicación, uno de cuyos puntos reza, “Evitar la propagación de rumores facilitando información real y oficial”. El problema surge cuando la información oficial no se corresponde con la real, como fue el caso. “

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Un caso muy especial”,

admite Chacón.

“Pero cuando hablo de rumores no me refiero a un presupuesto de origen sino a magnificar un hecho y que eso provoque que la gente se alarme más. Olvida la política. En una intervención a nosotros nos da igual que las bombas las haya puesto ETA, una organización islámica o quien sea. Lo que entorpece es que alguien diga, por ejemplo, ‘oye, que no es sólo Atocha, que han puesto bombas en todos los trenes de Madrid’, y eso se propague”.

Pereira pone sobre la mesa una historia que deja este particular más claro si cabe:

“Recuerdo el caso de un accidente de tráfico en el que al principio se dijo que el conductor que lo había provocado iba borracho. La gente del pueblo casi le crucifica, a punto estuvo de haber un linchamiento. Resultó que el conductor había sufrido un coma diabético mientras conducía. El olor que desprende un diabético y el de alguien que ha consumido alcohol a veces se confunde. Por eso es importante transmitir la información adecuada o, al menos, la oficial. Podemos evitar muchas malas reacciones.

Fernando Chacón.

Chacón:

“Se produjo una ola de solidaridad enorme. A las 2 de la tarde teníamos un montón de llamadas de gente ofreciéndose para trabajar como psicólogos, incluso gente que no lo era. Estábamos diciéndole a nuestros propios colegiados que no hacían falta más psicólogos cuando, a las 6 de la tarde, salió en televisión una sobreimpresión diciendo que cualquiera que tuviera conocimientos de psicología acudiera al IFEMA. Bueno, fue un caos. Tardamos dos horas en lograr que quitaran ese anuncio”

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.

A pesar de los desbarajustes y fallos en la comunicación, Chacón se siente orgulloso de cómo se llevó todo a cabo, si bien no puede evitar quejarse de cómo las Administraciones manejaron la tragedia. “

En Biescas se utilizó la pista de hielo de Jaca para albergar los cadáveres. En hielo la descomposición se ralentiza; el cuerpo tardará… no sé, 72 horas. Pero IFEMA no es una pista de hielo. No había ninguna de esa capacidad. Los cadáveres empezaron a llegar a media mañana del día 11, jueves, y el viernes a las 12 IFEMA se cerraba, porque los cuerpos no podían estar más tiempo. Había muchas familias, había que organizarlo, y decidieron dar los nombres de los fallecidos por megafonía. Las familias aún lo recuerdan con horror”.

Vaya chapuza

. “Si alguien me hubiese pedido que le asesorara, le habría dicho: hombre, si tiene usted un psicólogo asignado a cada familia, que sea cada uno de ellos quien se lo comunique. Es cierto que era un caos, había problemas de identificación… Pues bueno, se hizo así. Si ha ocurrido una vez, no lo vuelvas a repetir. Pero es que lo de Spanair fue peor”

.

Tercera gran catástrofe en España en los últimos años y segunda consecutiva en Madrid, el accidente en Barajas del vuelo Spanair 5022 se cobró 154 vidas el 20 de agosto de 2008, dejando únicamente 19 supervivientes. “

En lo de Spanair reunieron a todos los familiares en el salón de actos, creo que en la zona VIP. A todos. A los familiares de los heridos ya les habían dicho, ‘vaya a tal hospital’. La que quedaba, por tanto, era gente próxima a los fallecidos. Se les juntó en una sala, ¡y leyeron la lista de supervivientes! ¿Puedes imaginar lo que pasó allí? Las familias tienen un hálito de esperanza y entonces se les comunica la mala noticia de esta manera… Debería tenerse un poquito más de delicadeza. Esto lo he dicho en otras ocasiones y la gente se enfada, no sé por qué. No fue cosa del SAMUR sino, al ser Barajas, era competencia de Protección Civil, es decir, del Ministerio del Interior. En este país, como digas que algo tiene que mejorar parece que lo estés criticando todo. Y no es así. Yo soy el primero en reconocer la labor que durante el 11-M hizo el SAMUR y los psicólogos del sistema nacional de salud, entre otra gente”

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La ingente labor de los psicólogos voluntarios orquestada desde el Colegio, que tuvieron que hacer frente a los problemas tanto de familiares, supervivientes y fuerzas del orden como de personas no afectadas directamente por el atentado (“Las grandes catástrofes acostumbran a producir ansiedad y sensación de inseguridad en la ciudadanía”, explica Chacón) no dejó de tener eco en otros países. “

Lo que hacen en el mundo anglosajón en este tipo de intervenciones es lo que conocemos como un ‘modelo de espera’, que consiste en poner un teléfono y, si alguien necesita atención psicológica, que llame, Nosotros utilizamos un modelo proactivo. Fuimos a los sitios donde están las familias y ofrecimos nuestra asistencia. Sin imponer nada, por supuesto; si la querían la tenían allí, cerca, la podían pedir en cualquier momento. Cuando lo presentamos en un congreso en San Francisco llamó la atención. Nos dijeron que, efectivamente, ése era un tipo de intervención que hacía que los servicios psicológicos fueran más demandados, y sobre todo para evitar el estrés postraumático, es fundamental actuar pronto”

.

Con tres grandes catástrofes en años recientes, Madrid haciendo doblete, España parece haberse convertido, bien que a su pesar, en un referente en cuanto a intervención psicológica en emergencias. “

Pues sí, al menos en el mundo de habla hispana”,

confirma Chacón

. “Nos llamaron desde Chile tras lo sucedido con el terremoto, proponiéndonos dar un curso allí y pidiendo permiso para distribuir los materiales que colgamos en internet”

. Más allá de reconocimientos, uno no puede por menos que preguntarse, y así se lo dice al señor Chacón, si la experiencia acumulada en lo de Biescas. Atocha y Barajas será suficiente para afrontar en el futuro de un modo óptimo una catástrofe similar, caso de ocurrir.

“Tras los atentados en Londres del 7-J, el Parlamento británico hizo un informe sobre la intervención”, me responde él. “Allí, cuando se hace una comisión de investigación parlamentaria, se hace de forma seria. No como aquí. Y además para mejorar. En su análisis de la intervención psicológica se hace cierta crítica de que, precisamente, se demandó menos de lo que se esperaba, probablemente porque era un modelo de espera. Es un documento público que se puede consultar en internet.”

“Imagínate que pueda producirse otro accidente. Quién dice que dentro de diez años no se pueda producir otra catástrofe con 150 víctimas. De nuevo va a volver a ocurrir lo mismo. No va a haber suficientes psicólogos para poder intervenir. Evidentemente, ocurrirá de Pascuas a Ramos o con suerte no ocurrirá nunca, pero entre todos tenemos que prever es que, si ocurre, tiene que haber un protocolo y un sistema de coordinación para activar a los psicólogos, ya sean de Cruz Roja, de asociaciones o del Colegio, eso da igual, pero que se les pueda activar a todos. Esto, por lo que yo sé, ahora mismo no existe.”

“Tarde o temprano, estas cosas pasan”,

concluye Mónica Pereira

. “Es cíclico. Lo saben bien, sobre todo, en países sísmicos, pero cada cierto tiempo se producen situaciones complicadas. Que después del 11-M fueron cuatro, seis años, eso no lo sabíamos, pero es que no nos levantamos por las mañanas pensando constantemente que puede producirse. Sería horrible. Y si se produce, entonces hay que recurrir a lo que tenemos almacenado y de lo que tenemos aprendido, y tras el 11-M y Barajas yo creo que hemos aprendido bastante”.