
La semana pasada fuimos a Bruselas a visitar a un amigo. Queríamos conocer la ciudad y, por supuesto, presenciar la gran mani convocada por el 15-M (ahora 15-O). No estuvo mal, aunque quizá había demasiado reggae y demasiados payasos.
……
Antes del día oficial de la concentración (sábado 15) quise acercarme a la Universidad Católica, abandonada un año atrás, que había sido cedida para acoger a los manifestantes indignados (el clima de Bélgica no se presta tanto a la campada al fresco como España).
Francamente, la primera sensación que tuve al llegar a la Universidad fue en plan "¿Qué cojones es todo esto? ¿Así pretenden cambiar el mundo? ". Lo que vi allí, literalmente: descerebrados haciendo el cabra, antisistemas de pacotilla, mucho drogata (dándole a sustancias de esas que presuntamente esponsoriza el estado para anular a la juventud combativa y tal) y un ambiente "festivo" muy chorras que echaba para atrás –acordes facilones, improvisaciones lamentables, un tío preguntando a todos los presentes dónde podía encontrar una trompeta.
Gracias a mi madre –maestra e "indignada" hasta la médula– pude conocer y charlar con Iván, implicado en el movimiento desde el primer día montando asambleas populares en Mataró. Transcurrida media hora de intensa, acalorada conversación, y lanzarle preguntas un pelín incómodas del estilo "¿No crees que todos estos homeless y ravers que teneis aquí desvirtuan el movimiento ante la opinión pública?", vi claro –es una percepción subjetiva, claro está– que este movimiento, que adopta básica y esencialmente una postura pacífica, no se puede analizar/juzgar bajo los parámetros de las viejas y violentas revoluciones. Esas bravatas que a veces oye uno en el bar: "sin sangre, no se consigue nada". Aquí no se busca destronar a alguien del poder para poner a otro, ni siquiera tuve la sensación de que se pretendiera "convertir" al resto de la ciudadanía, es todo tan pacífico, festivo y autocomplaciente que hasta cuesta asociarlo con la palabra "lucha".
En fin, una vez dentro de la marcha del sábado 15, nos dedicamos a sacar unas fotos y tomar notas de lo que veíamos.
13 h. Nos levantamos y vamos al centro turístico a desayunar para ver qué se cuece en el ambiente, está plagado de extranjeros gastando dinero compulsivamente.

15 h. Nos dirigimos a Compte de Flandre para incorporarnos a la manifestación que hace una hora que ha comenzado. No hemos visto ni un solo policía en las calles a lo largo de estos cuatro días pero hoy hay muchos dando vueltas por todas partes, furgones policiales aparcados en todos los rincones.


15:30 h. Llegamos a un edificio emblemático de Bruselas, La Bourse. Debemos ser ya unos cuantos miles. Todos los manifestantes se paran para cantar algunos eslóganes. De repente empiezan a arrojar zapatos hacia el interior del edificio. También han hecho un muñeco de papel maché que arderá de un momento a otro.




16:15h. Observamos a escaladores profesionales enmascarados con la famosa máscara Vendetta colgarse de las farolas para colocar enormes carteles en las calles principales. Llegamos delante del banco BNP y empieza una performance: los indignados se hacen el muerto en el suelo y un tipo con pinta de yupi moneymaker se ríe de ellos a mandíbula batiente. No soy el único que, por un segundo, duda entre si es una broma/escenificación cutrona de los indignados o si quizá deberíamos meterle una paliza.


16:40h. Nos acercamos al Manhattan Center. Los indignados, cogidos de la mano, lo rodean y dan vueltas en plan corro de la patata. Un árabe con pintas de gángster le grita a un manifestante desde la otra acera y, entre risas, le dice que él roba a los bancos, en vez de hacer el primo como los indignados. Grupos de chicos jóvenes con la cara tapada se dedican a pegar postales en las cámaras de seguridad del World Trade Center.


17:10h. Los indignados toman la Finance Tower y con un cartel tapan la palabra Finance, rebautizando el edificio como la Indignats Tower. Nos habían comentado varios indignados que la idea era pintarrajear toda la ciudad con tiza para así eludir posibles multas, pero no todos siguen la consigna. Un indignado sale corriendo y lleva en su mano sangrante la F metálica de la torre como trofeo. Empieza el lío.

17:30h. Nos acercamos al Banco Dexia, parece que pretendan petarlo todo. Una mujer golpea rabiosamente los cristales con sus tacones. Los indignados lo pintan todo y empiezan a mear ante la mirada atónita de un recepcionista con mucha pluma que se pone histérico perdido. No sabe si salir y ligar con ellos o llamar a la policía. Explotan varios petardos de los gordos.


17:50h. Parece que ahora sí se acerca el momento de cargar, la poli está preparada y bien distribuida. La actitud que tienen es totalmente diferente a la de los antidisturbios de Barcelona. Un numerosísimo e hiperactivo grupo de payasos se dedica a mediar entre la policía y los manifestantes para que no haya percales. Algunos policías parecen reírse con sus bromas. No acabo de pillar si es una risa irónica/perdonavidas o que realmente les importa un pito lo que hagamos con su ciudad durante un rato. Empieza a haber grandes agujeros hacia la mitad de la mani.





18:10h. Los indignados han ido arrasando y pintando todos los bancos a su paso. Repasando a la concurrencia veo que hay mucha gente con pinta de vieja gloria revolucionaria, con reminiscencias de Mayo del 68 y Woodstock. El grueso de la mani se está dispersando y nosotros optamos por seguir un camión de color verde, donde vive un tipo disfrazado de Joker y por cuyos super bafles no para de sonar reggae y trance a toda castaña. Acabáramos, esto es una rave en toda regla.



18:40h. Pasa ante nosotros un grupo de ejecutivos trajeados, la gente les abuchea con saña. Nos dirigimos a un gran parque en el que la manifestación debe concluir. Muchísima gente se pira a comer. Este tío nos dice que se compró este radiocasette expresamente para la ocasión. Por lo visto sólo puede leer CDs de reggae.

21:15h. Estamos en el parque. Hace un frío de tres pares de cojones. Algunos indignados siguen aquí, de asamblea, encendiendo hogueras (con las pancartas de la mani como combustible), aporreando guitarras y tambores, y tragando alcohol a la salud de la revolución.

