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Música

True story: The Rapture

Encañonados por los polis más paletos de Alabama.
29.10.11

La tía de Vito Roccoforte, el batería de The Rapture, conoció a un español en la Universidad de Berkley y se vino a vivir con él a Madrid. Hoy es su marido y el padre de sus hijos. Por eso confié en Roccoforte para recabar la True Story de hoy. Por eso y porque el cantante del grupo, Luke Jenner, lleva calcetines rosas y en el Hilfiger Denim Live 2011 me intentó colar una fábula de las que le cuenta a su hija por las noches. La historia de Roccoforte es real y da miedito. No te digo más. No te los pierdas en el San Miguel Primavera Sound.

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“Hace diez años solíamos girar por Estados Unidos en una furgoneta cubierta de graffitis horribles que nos hacía la gente por el camino. Estando de gira por el sur de Alabama con el grupo de Baltimore Lovelife, nos desviamos para visitar el pueblo donde nació Elvis. Estábamos yendo hacia allí cuando un coche lleno de polis Redneck nos empezó a seguir. Conducía yo, así que miré por el retrovisor hasta que dejaron de seguirnos y me concentré en respetar el límite de velocidad. Pensé que ahí se acabaría todo pero no. Dos minutos después apareció de nuevo el coche y entendí que algo iba mal.

Otro vehículo de incógnito encendió las luces y sus ocupantes fueron corriendo hacia la furgoneta de Lovelife armados hasta los dientes. Nosotros seguimos adelante pero no llegamos muy lejos. Los polis nos rodearon con sus Magnum de Harry el Sucio apuntándonos con pulso tembloroso y gritando que pusiéramos las manos sobre la cabeza. Yo sólo pensaba “nos van a disparar”. Aparcamos y nos registraron de arriba abajo mientras seguíamos encañonados y vi que nuestro amigo Zach se había puesto pálido. Zack es de Texas y cuando se pone nervioso se hace el duro. Es algo que nosotros no sabíamos entonces pero que él decidió mostrarnos en aquel momento tan oportuno.

Allí estábamos, esposados, tirados en el suelo y con los polis diciendo no sé qué de una furgoneta robada y apuntando a nuestras cabezas. Mientras, Zack no paraba de provocar a un poli de dos por dos con la camisa abierta hasta el ombligo, cinturón de balas, gafas de espejo y una escopeta enorme. Si te lo propones no consigues un disfraz como aquel. Parecía sacado de una peli. Y Zack haciéndose el graciosillo. “Yo sé lo que es disparar con eso. Yo he disparado más que vosotros. Crecí disparando”. Estábamos en medio de la nada y te juro que si nos matasen allí se podrían deshacer de nosotros sin que nadie se enterase. Nadie sabía dónde estábamos.

El poli cabreándose cada vez más y yo pensando “cállate Zack”. Uno de los polis de paisano, el único medio amable, se acercó y le dijo por lo bajo: “Cierra la boca. Yo en tu lugar no me metería con estos tipos. Son la clase de gente que sale en los periódicos”. Gracias a Dios Zack captó el mensaje y se calló. Le llevaron arrestado a la cárcel local, un tráiler con carteles como “Esto no es Burger King. Aquí no se hacen las cosas a tu manera, se hacen a la nuestra”. Para sacarle de allí nos pidieron una cantidad que no teníamos, pero les dimos lo que llevábamos encima y nos dejaron en paz. Soltaron a Zack y mientras subíamos a la furgoneta escuché “¿No volveréis por aquí verdad?”. Nuestro abogado nos recomendó no denunciarles”.