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El gobierno niega masacre en el rancho de Jalisco

Hay muchas inconsistencias en torno al caso del enfrentamiento en Rancho El Sol, las cuales levantan sospechas sobre el uso de la fuerza por parte del gobierno contra los presuntos delincuentes.
EPA/Ulises Ruiz Basurto.

"¡Me dijiste que ibas a volver y no es cierto!", dijo entre lágrimas una mujer el lunes pasado, a medida que avanzaba el cortejo fúnebre de uno de los 42 hombres asesinados por la policía federal en un rancho controlado por un cártel de narcotraficantes.

La mujer traía en sus manos la foto del difunto —un hombre maduro, moreno, con bigote, apodado "El Blanco"— y caminó justo detrás de la carroza fúnebre, una Hummer ostentosa color negro, desde la Avenida Madero hasta el panteón local de Ocotlán, Jalisco.

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La mayoría de los que murieron en el rancho en el estado Michoacán eran adolescente o adultos jóvenes originarios de Ocotlán.

No hubo una sola ejecución.

Las autoridades aseguran que los fallecidos formaban parte del CJNG (Cártel de Jalisco Nueva Generación), el grupo que le tendió una emboscada a las fuerzas federales en la misma ciudad en marzo de este mismo año y provocó una balacera de dos horas que dejó 11 muertos. La mayoría de las personas que perdieron la vida en el incidente del viernes pasado eran de Jalisco y al menos 25 eran habitantes de Ocotlán.

El lunes pasado, oficiales de la policía federal insistieron en que las personas que fallecieron en el rancho no fueron víctimas de otra masacre a manos del gobierno como ocurrió en Tlatlaya, Iguala y Apatzingán, sino que estaban armadas y atacaron a las autoridades.

Enrique Galindo, el comisionado general de la policía federal, y Monte Alejandro Rubido, el comisionado nacional de seguridad, negaron las acusaciones en una entrevista para la radio el lunes por la mañana.

"No hubo una sola ejecución, te lo digo categóricamente", dijo Galindo en la entrevista.

Mientras tanto, en Ocotlán, algunos lugareños dijeron que muchos de los jóvenes se tomaron el día porque dijeron que iban a trabajar y prometieron regresar. Sin embargo, fue muy difícil confirmar más detalles porque los habitantes de Ocotlán tienen miedo de hablar.

Otras 300 personas seguían a la mujer que lloraba por "El Blanco", incluyendo un grupo de músicos que tocaban banda mientras marchaban y cerca de 30 jóvenes en motocicletas y motonetas. Uno de los motociclistas tenía tatuado el rostro. Otro traía puesta una máscara de luchador.

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El cortejo f√ļnebre para 'El Blanco' en Ocotl√°n el lunes pasado (Foto por Victor Hugo Ornelas/VICE News).

Hay muchas inconsistencias en torno al caso del enfrentamiento en Rancho El Sol, las cuales levantan sospechas sobre el uso de la fuerza por parte del gobierno contra los presuntos delincuentes o incluso contra civiles desarmados.

Todos los hombres en el rancho de Tanhuato estaban armados y todos los que murieron fue porque dispararon, dijo Rubido en una entrevista. "Todos dispararon".

Sin embargo, a pesar de que murieron 42 hombres, sólo se recuperaron 40 armas. Se encontró un lanzagranadas pero el jefe de la policía admitió que no se había utilizado. Según Rubido, los tres sospechosos que fueron capturados confesaron pertenecer al CJNG.

Sólo un policía perdió la vida en el enfrentamiento, el cual se produjo después de una persecución en la carretera federal entre Guadalajara y Morelia. Las fotografías de la escena que se filtraron muestras jóvenes muertos tendidos boca abajo; también hay una donde se ve a la víctima sosteniendo un arma y en la siguiente no trae nada en las manos.

Es probable que el grupo armado de Jalisco haya recibido entrenamiento de una insurgencia militar establecida.

Galindo dijo que la diferencia en la cifra total de muertos entre la policía y los supuestos delincuentes se debe al entrenamiento y al equipo superior de la policía federal. En su declaración insinuó que el grupo armado del cártel no sabía usar sus propias armas.

"El reclutamiento de algunas personas que no tienen experiencia en el manejo de armas quizás, pero sabían lo que estaban haciendo, enfrentaron a la policía, enfrentaron al ejército", dijo Galindo.

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Eso no suena como el Cártel de Jalisco Nueva Generación que conocen los habitantes de la región. En este año, el cártel ha demostrado su entusiasmo y habilidad para matar oficiales federales. Los ataques directos más recientes del cártel en marzo, abril y mayo han dejado un total de 32 muertos, tanto del ejército como de las fuerzas federales y de la policía.

También es probable que el grupo armado de Jalisco haya recibido entrenamiento de una insurgencia militar establecida.

La revista Proceso informó en una edición reciente que algunos funcionarios estadunidenses, cuyos nombres aún se desconocen, creen que el grupo de los miembros del CJNG y de un grupo más pequeño llamado Los Cuinis fueron entrenados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aunque más tarde la guerrilla negó esa información.

Alejandro Solorio, el comisionado de seguridad pública de Jalisco, declaró que el CJNG recibió entrenamiento de militares jubilados, ex miembros de las fuerzas especiales de Guatemala y de al menos un ex infante de la marina estadunidense.

El poder del cártel es palpable en Ocotlán, una comunidad que se encuentra cerca de la frontera de Michoacán, donde el cártel tiene una presencia muy fuerte.

Cientos de habitantes acudieron a los cortejos fúnebres. La mayoría hablaba de los hechos en voz baja y evitaba a los reporteros por miedo a que los descubrieran los espías del cártel conocidos como halcones.

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La directora de la funeraria Jardín Getsemani dijo para VICE News que la ciudad tiene alrededor de 84 mil habitantes y que muchos conocían a varias de las víctimas. Sin embargo, la directora, quien prefirió mantenerse en el anonimato por seguridad, se negó a dar más detalles.

"Me tienen muy cuidadita; no puedo decir nada", dijo la directora de la funeraria justo antes de que llegara una mujer que era tía de dos de los jóvenes, de 20 y 21 años de edad, que murieron en el rancho en Michoacán.

"Lo único que voy a decir es que fue una cosa cruel. Fue una masacre", dijo la tía de las víctimas.

"Nos dijeron que no dijéramos nada, ni los nombres ni los apodos de los muchachos", respondía cada que se le hacía una pregunta. No explicó quiénes eran "ellos" y aseguró que desobedecer las órdenes "iba a traer consecuencias".

Una de las pocas víctimas identificadas hasta ahora es Juan Enrique Romero Caudillo, de 34 años de edad, originario de Ocotlán. Al parecer, este hombre se ganaba la vida vendiendo chatarra y le dijo a su familia que había conseguido trabajo en el rancho.

Un artículo publicado por un periódico local en 2009 reveló que Romero ya había trabajado en la policía municipal de Ocotlán. En octubre de ese mismo año, Romero fue uno de los 10 funcionarios que recibieron una llamada de atención por parte de la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco por estar involucrados en el ataque a un sospechoso durante una persecución automovilística.

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Se informa que otras dos víctimas del enfrentamiento en el rancho eran originarias de La Barca, un pueblo vecino justo en la frontera con Michoacán. A finales de 2013, la policía descubrió una serie de fosas comunes en La Barca donde se encontraron 78 cadáveres que al parecer fueron víctimas del CJNG.

Antes del enfrentamiento que tuvo lugar el viernes pasado, Galindo dijo que el grupo se había estado desplazando entre varias propiedades en toda la región, que vendían drogas y que extorsionaban y secuestraban a los habitantes de la localidad. Entre 80 y 100 miembros del grupo invadieron el rancho días antes del enfrentamiento, aunque algunos escaparon y otros no estuvieron presentes durante la balacera, según Galindo.

Galindo insistió en que los primeros análisis forenses revelaron que los 42 fallecidos habían utilizado armas de fuego y que los disparos que recibieron se hicieron a decenas de metros de distancia. Con esta declaración, Galindo trató de descartar que los asesinatos hayan sido ejecuciones como en la masacre en Tlatlaya, en el Estado de México.

Sin embargo, no pudo explicar las otras heridas que se ven en las fotos que les tomaron a algunas de las víctimas. En una de las fotos se ve a un joven con el brazo izquierdo fracturado y una lesión en el brazo derecho que parece haber sido con un machete. El gobierno no publicó ninguno de los primeros análisis para confirmar los resultados. En Ocotlán, a pesar de que fueron pocos los habitantes que estuvieron dispuestos a hablar, la certidumbre de que el gobierno mató al grupo de jóvenes al que acusaron de pertenecer al cártel de Jalisco se hacía notar.

"Como les dije, fue una masacre", dijo la tía de los jóvenes asesinados.

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