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Cultură

Confesiones de personas que se masturban en la oficina

Por lo visto, la mayoría de los que se masturban en el trabajo lo ven como algo normal.
18.1.16

Imagen vía el usuario de Flickr simple insomnia

Hoy, en este momento, en Nueva York hay una cabina pública diseñada para poder masturbarse a gusto. Se llama GuyFi e incluye una laptop, una silla y está cerrada con una cortina. Se creó como un anuncio de publicidad para una empresa de juguetes sexuales. Sí, suena como algo que haría una empresa de juguetes sexuales. Sin embargo, lo que me intrigó fue que en las notas sobre la cabina para masturbación falsa, la empresa asegura que el 40 por ciento de los hombres en Nueva York se masturban en el trabajo.

Leer esa cifra me impresionó. Hasta ese momento, nunca se me había ocurrido que la gente es capaz de masturbarse en la oficina y mucho menos que yo podría hacerlo. Llámenme mojigato pero en serio nunca pensé en la oficina como un lugar en el que fuera posible hacer eso y salir impune.

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Así que, como periodista responsable, entré a internet a buscar voluntarios dispuestos a contarme sus historias de masturbación en la oficina creyendo que ni un alma iba a responder mi llamado. Pero me equivoqué. Entre 30 y 40 personas se ofrecieron a contarme anécdotas de cómo le agregaban un sellador artesanal a los azulejos de los baños de la oficina.

Lo que aprendí fue que la mayoría de los que se masturban en el trabajo lo ven como algo normal. Una mujer me dijo que se sintió mejor con su hábito de masturbación en la oficina después de ver a Matthew McCaughnahey, interpretar a un corredor de bolsa desesperado en El lobo de Wall Street diciendo que se masturbaba todos los días después de la comida.

"Lo hago todo el tiempo", dijo Josh, un chico de veintitantos que trabaja en una oficina. "Es un método que uso siempre para calmarme y sacar el estrés en los días laborales".


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Y Josh no fue el único que dijo eso. Un hombre a quien llamaremos Beto me dijo "Cuando trabajaba tiempo completo en una firma de abogados buscaba cualquier pretexto para escapar al baño por 15 minutos para descansar de llenar documentos. Jalársela es una buena forma de aprovechar 15 minutos y a veces era lo más emocionante que pasaba en todo el día".

Otro hombre al que llamaremos Carlos me dijo que se masturbaba en el baño de su trabajo de medio tiempo por aburrimiento. "Terminaba todo mi trabajo antes de lo que calculaba mi supervisor y lo único que me quedaba por hacer era esperar hasta que se le ocurriera qué otra cosa podía asignarme. Digamos que era como una pausa para fumar o comer".

Las razones por la que la gente se masturba en su trabajo van desde lo práctico –como una forma para olvidarse de la resaca, para sacar el estrés o para alegrar su día– hasta lo erótico –algunos dijeron que se emocionaban por romper el tabú de ser sexual en el trabajo–. Para un chico al que llamaremos Eduardo, eran las dos. "Pienso mejor después de venirme o al menos me distraigo menos", me dijo. "Siempre he creído que los baños son lugares con mucha carga erótica. Además, el miedo a que me descubran es muy excitante".

Julio, un chico que se masturbaba con frecuencia cuando trabajaba en un taller mecánico, dijo que le encantaba la adrenalina por el miedo a que lo descubrieran en plena chaqueta laboral. "Cuando lo estás haciendo, tus sentidos se agudizan. Tu oído es perfecto y te das exactamente cuenta de cuando se empieza a abrir una puerta. Tu visión es más clara que el agua. Estás igual de caliente que alerta".


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Muchas personas me dijeron que creían que debía quitarse el estigma de esa actividad. "No creo que jalársela sea mejor o peor que cagar", dijo un chico al que llamaremos Tony, que solía masturbarse en todos los trabajos que tuvo durante la universidad. "Podría decirse que es mejor porque no huele feo". Tony me confesó que se masturbó cuando estaba como encargado del marcador en un juego de softbol, cuando se suponía que tenía que vigilar la entrada de una pista de patinaje y una vez durante su turno en Taco Bell.

"Estoy seguro de que los adolescentes se masturban en el trabajo todo el tiempo", dijo un hombre al que llamaremos José. "Lo sé porque yo lo hacía". José trabajó como ayudante en un club deportivo y con frecuencia practicaba lo que él describió como "masturbación intensa e intencional de tres a cinco minutos" cuando iba por las servilletas a la bodega. "Nunca lo hice con la intención de arruinar la comida de los clientes", dijo, "pero ahora que lo pienso, no recuerdo si me lavaba o no las manos al terminar".

Sin embargo, una mujer a la que llamaremos Jenny que se masturbaba en su oficina lo hacía como "un acto de rebeldía", dijo que los que lo hacen para resistirse a su trabajo o porque tratan de quitarse el aburrimiento deberían pensarlo dos veces antes de masturbarse en la oficina. "No lo digo porque sea contra la moral ni nada por el estilo", aclaró, "sino porque la masturbación no es algo recomendable para hacer de prisa en el mismo lugar donde trabajas porque vas a acabar odiándolo".

Timothy Faust, un colaborador de VICE, se enteró de que estaba escribiendo sobre la masturbación en el trabajo y me mandó un mail para explicarme que este acto "dotaba de sexo a un espacio compartido en una manera que no muchos aprecian. Jalársela en la oficina rompe un contrato social implícito: el baño es un lugar para deshacerte de las tristezas. Hoy, en la era de las oficinas abiertas, el baño es el único espacio verdaderamente privado. Es un lugar muy importante".

Tal vez la masturbación en la oficina debe dejar de tratarse como un tabú y más como una actividad benigna que la gente practica de vez en cuando. "Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para sobrellevar mis días en la oficina y eso incluye las cosas más asquerosas", dijo un hombre al que llamaremos Marco.

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