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Μόδα

Mirar para atrás y ver el presente

Usar ropa retro o vintage no implica que te vistas como Fran Drescher o Cher todos los días, pero hará que resaltes dentro de la masa.
25.7.14

En cuanto a la moda, siempre se asume que es un área dedicada a lo superfluo, en donde el trabajo es más superficial que intelectual y en donde incluso el trabajo más creativo se enfoca en lo visual de la ropa más que en su concepto o funcionalidad.

Muchos no conocen varios de los factores que contribuyen al desarrollo de un concepto que está detrás de una colección y uno de estos factores clave en las tendencias es tener un componente de análisis sociológico, histórico, económico y artístico muy fuerte.

Todo lo anterior, para establecer una relación del retro con la moda; esta nueva valorización del clóset de ropa puede parecernos una alusión a la juventud de nuestro padres o abuelos, como el respectivo boom de tiendas de ropa vintage o de influencia retro. Pero lo cierto es que el pasado siempre estuvo presente en las pasarelas y revistas, así como el vestido de hombreras que usaba la tía abuela en los 80.

¿Cuántas decenas de diseñadores no han sido influenciados por el cine negro de los 40 para los vestidos contemporáneos que marcan las siluetas de las mujeres?

Diseñadores icónicos como Alexander McQueen, que hace regresiones a diferentes siglos en búsqueda de influencias, o como la memorable Vivienne Westwood y su adaptación contemporánea de las crinolinas del siglo XIX, que marcó la carrera de ésta mítica creadora.

Las definiciones para términos como vintage y retro, que cada vez son más comunes en nuestro vocabulario, varían pero parecen concordar en diversos puntos: vintage implica que el elemento en cuestión tenga, por lo menos, 20 años de existencia (o 50, o el tiempo necesario para que sea algo más allá de un objeto que ya fue utilizado); mientras tanto, el retro puede ser aplicado para artefactos recientes que tengan una apariencia poco moderna y fuera de moda.

Dominar el arte de usar piezas retro, o fuera de moda, implica también dominar el llamado “mal gusto”. Durante nuestras vidas nos imponen una serie de prototipos de cómo debemos vestirnos, creándonos una red de complejos y limitaciones absurdas; desde la combinaciones de colores, los motivos, texturas y calzado que ni muertos podemos usar.

Ahora, para disfrutar de todo el potencial de este tipo de piezas, tenemos que abrir los ojos a otros horizontes estilísticos y predisponernos a quebrar todas las limitaciones que nos crearon en la cabeza y cambiar la fomra en la que consumimos moda.

Experimentar con el mal gusto, puede ser una experiencia profundamente liberadora, que nos puede llevar a descubrir cosas que nunca pudimos utilizar antes.

Esto no quiere decir que vamos a estar súper cómodos vistiéndonos como Fran Drescher o Cher todos los días. Pero, ciertamente, iremos encontrando elementos que nos resaltarán del resto de la masa.

Quién sabe, tal vez no usemos un par de medias con aguacates que se descubran cuando nos sentamos, o una bufanda que por su fluorescencia nos queme la retina, o una camisa que tenga a George Clinton vestido de monja, pero sí algo como una chaqueta neutra que haga que nos veamos más cool en nuestro escritorio.

Los medios atacan este aspecto de la vida, día a día, impidiéndote explorar las diferentes posibilidades. Un viaje en solitario podría ser una manera excelente de desprenderte. Si el presupuesto o el tiempo no alcanzan, puedes acudir a fiestas o eventos temáticos en donde te puedas sentir más libre de experimentar con las vestimentas más alocadas para medir cuánto llaman la atención.