Drogas

¿Deberíamos usar marihuana para tratar los trastornos alimentarios?

Si el cannabis puede ayudar a los pacientes a que cojan unos cuantos kilos, tiene sentido que muchos la consideren la puerta hacia la salvación.

por Arielle Pardes
14 Agosto 2015, 7:58am

Ilustraciones por Cathryn Virginia

Anna Demarco tenía 21 años la primera vez que fumó hierba. Le dio un ataque de ansiedad cuando iba en el coche con su amigo Patrick, que tenía la costumbre de fumar mientras conducía, y este le ofreció la pipa para tratar de calmarla. Como Ana no sabía qué más hacer, fumó.

La ansiedad es algo normal para Ana. Ha sido anoréxica desde siempre. Antes de entrar en secundaria pesaba menos de 45 kg y cuando cumplió 20, su peso oscilaba entre los 52 y los 38 kilos. La ansiedad empeoraba su trastorno alimentario y a veces se manifestaba en ataques como el que tuvo ese día.

En el coche, con Patrick, tosió unas cuantas veces por inhalar aquel humo extraño para sus pulmones. Cuando se recostó, se dio cuenta de que se sentía... tranquila. Su respiración se había regulado y la ansiedad empezaba a disiparse. Estaba relajada. Era libre.

Tenía hambre.

Cinco minutos después, Anna llamó a su madre y le dijo que estaba pensando en dónde ir a comer. Su madre se puso a llorar. Cuando Anna y Patrick llegaron al bufé a almorzar, Anna ignoró todas sus reglas para comer –las reglas compulsivas para dividir la comida que son tan características de las anoréxicas– y probó todo lo que había en el bufé, hasta el postre.

Por primera vez en su vida, se sentía normal. Llenó el plato con una porción de pastel, una cucharada de helado y se sentó a comer.

Los trastornos alimentarios tienen un alto grado de comorbilidad, lo que significa que con frecuencia surgen por problemas subyacentes como ansiedad, depresión y un trastorno disfmórfico corporal. Esto puede complicar las opciones de tratamiento porque, si no se tratan los otros problemas, es poco probable que desaparezcan los trastornos alimentarios. En la actualidad, más del 50 por ciento de las personas a las que les diagnosticaron anorexia nerviosa también recibieron prescripción de fármacos psicotrópicos como parte de su terapia. El objetivo de esas drogas es tratar los trastornos relacionados, pero no siempre funcionan.

Después de que hospitalizaran dos veces a Anna por su trastorno alimentario —una a los 13 años y otra a los 17—, le recetaron un cóctel de pastillas. Todas las noches, tenía que tomarse un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS) y pastillas para dormir; benzodiacepina para calmar sus ataques de ansiedad; trazodona, un medicamento antipsicótico; y un medicamento especial para evitar las pesadillas que la despiertan todas las noches.

Pero nada de aquello le funcionaba. Igual que ocurre con muchos otros pacientes.

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría ofrece un documento de 128 páginas en el que subraya las directrices para tratar a los pacientes con trastornos alimentarios, e incluye una larga lista de medicamentos psiquiátricos que podrían facilitar la recuperación, como benzodiacepinas, ISRS, antipsicóticos, topiramatos y litio, entre otros. Pero la marihuana no está incluida. De todos los medicamentos de la lista, la guía reconoce una letanía de problemas posibles: los pacientes que sufren malnutrición tienden a padecer efectos secundarios más intensos por los antidepresivos y los antipsicóticos. Ambos medicamentos son muy recetados. Los pacientes que toman medicamentos antipsicóticos necesitan estar bajo control constante por la acatisia, un efecto secundario del medicamento. Algunos antidepresivos (como el bupropión) vienen con una advertencia enmarcada en un cuadro negro porque incrementan el riesgo de ataques en las personas con poco peso. Las benzodiacepinas pueden ser muy adictivas. Otros medicamentos pueden provocar «resistencia a la insulina, metabolismo lipídico anormal y una prolongación del intervalo QTc», lo cual puede generar problemas cardiacos.

La doctora Beth Braun, psicóloga de Los Ángeles especializada en pacientes que padecen trastornos alimentarios, dice que ha tenido más éxito con los clientes que fuman marihuana que con los que toman medicamentos psicotrópicos. La doctora Braun no recomienda la hierba a sus pacientes porque no la puede recetar legalmente (es psicóloga, no psiquiatra), pero afirma que si advierte mejoría en sus pacientes —si se sienten mejor y los ayuda a empezar a comer—, entonces está a favor.

Siempre existe el riesgo de que la marihuana afecte de forma negativa a los pacientes más jóvenes, cuyos cerebros y cuerpos siguen en desarrollo. Sin embargo, la doctora Braun señala que los médicos ya «recetan benzodiacepinas, Valium y alprazolam a los niños». Esos fármacos también tienen efectos duraderos en los niños, y los efectos secundarios son mucho más peligrosos que los de la marihuana.

¿Qué es peor, la benzodiacepina o la marihuana? Supongo que la medicina tendrá que investigar para averiguarlo.

Otros expertos no están de acuerdo. La doctora Kim Dennis, directora ejecutiva y jefa de medicina de Timberline Knolls, un destacado centro de tratamiento que colabora con la Asociación Nacional de Anorexia Nerviosa y Trastornos Relacionados, señaló que aunque la marihuana parezca una alternativa natural a los medicamentos psicotrópicos, no está regulada en relación con la industria farmacéutica, lo cual significa que es difícil que los pacientes escojan la dosis o la cepa correcta. También dijo que el 50 por ciento de los que sufren trastornos alimentarios también tienen problemas de toxicomanía y les preocupa acabar generando una dependencia a la sustancia. Una asesora de salud mental que trabaja en un conocido centro de tratamiento de trastornos alimentarios de Massachusetts añadió que «el sistema cardiaco de muchos de estos niños se vio afectado. Cuando fumas hierba, el ritmo cardiaco se acelera mucho». También explicó que había un paciente de 14 años en el centro que fue hospitalizado porque presentó síntomas de un paro cardiaco. En su caso, la marihuana solo lo empeoraría.

Y como la marihuana aumenta el apetito, puede incrementar el riesgo de que los pacientes sientan culpa, vergüenza y se arrepientan de haber comido en exceso, lo cual puede provocar que se purguen más adelante. Este es uno de los riesgos principales en los pacientes con bulimia.

Para que quede claro, la marihuana no es una panacea. Kaitlyn Jones, que evita comer desde que tenía 16 años y utiliza laxantes desde los 19, siente que su trastorno la consume y fuma marihuana de vez en cuando para escapar. Pero cuando lo hace, dice que se vuelve "aun más crítica con su cuerpo y con lo que comía. La mayoría de las veces, simplemente no comía". Dijo que su trastorno obsesivo compulsivo se agudizaba cuando fumaba hierba y que, en vez de relajarla, la ponía más tensa, como si compensara la sensación de no tener control.

La doctora Braun dijo que el éxito del tratamiento de un trastorno alimenticio depende de cada persona y que la marihuana no funciona en todos los pacientes. Pero no se opone a recetarla cuando ve que sí le sirve a sus pacientes. A fin de cuentas, dice, tiene el mismo objetivo que tomar una sustancia psicoactiva. «¿Qué es peor, la benzodiacepina o la marihuana? Supongo que la medicina tendrá que investigar para averiguarlo», añadió.

Uno de los pocos investigadores que han estudiado a fondo la relación entre la marihuana y los trastornos alimentarios es el doctor Alin Andries, un físico de la Universidad de Dinamarca Meridional. Hasta ahora, el doctor Andries ha publicado tres estudios arbitrados sobre la relación entre los cannabinoides y la anorexia. En uno observa los cambios en la actividad física, en otro los cambios en el peso corporal, y en el último lleva un registro de los cambios hormonales.

«Hay muchos estudios que demuestran que el cannabis y sus derivados sintéticos aumentan el apetito. Este efecto ocurre rápidamente tras la ingestión», explicó el doctor Andries por email. «Creemos que este aspecto podría investigarse más en pacientes con anorexia debido a la relación entre el apetito y el aumento de peso», es decir, que los pacientes no comen ni suben de peso, aunque tengan hambre. Además, la anorexia nerviosa ofrece «el entorno de investigación más puro" porque la causa de la enfermedad es psiquiátrica, a diferencia de la investigación previa sobre los cannabinoides y el aumento de peso en pacientes de cáncer, sida o Alzheimer.

La investigación previa indica que los que padecen trastornos alimentarios podrían tener una variedad del gen receptor CB1, que crea un tipo de resistencia a los cannabinoides. Un estudio publicado en el diario Psiquiatría Biológica descubrió déficits de este receptor en el cerebro de pacientes con anorexia y bulimia, lo cual afecta a «la percepción del cuerpo y a la información, la recompensa y la emoción gustativas», según el doctor Koen Van Laere, autor principal del estudio. Una investigación previa indicó que al crear un sistema endocannabinoide vulnerable en roedores, los investigadores lograron simular síntomas propios de la anorexia. El doctor Andries espera llegar a la misma conclusión con los humanos.

En todos sus estudios, el doctor Andries dio a sus pacientes cápsulas de un cannabinoide sintético llamado dronabinol o placebos. Descubrió que los cannabinoides aliviaban el estrés («nuestros pacientes dejaron de ser tan perfeccionistas y de estar tan obsesionados con bajar de peso», me dijo el doctor Andreis) y que hubo un ligero aumento en el peso corporal cuatro semanas después del tratamiento con dronabinol. Pero también hubo un ligero aumento en la actividad física, algo que los investigadores no habían contemplado, lo cual se asocia con «la anorexia activa», una forma de eliminar calorías sin dejar de comer. Y aunque el tratamiento demostró ser seguro y en general lo toleraban bien, la investigación no señaló cambios en la psicopatología relacionada con los trastornos alimentarios de los pacientes. En otras palabras, el tratamiento con cannabinoides no mejoró los síntomas de dismorfia corporal, la preocupación por el peso y el miedo a comer característicos de los trastornos alimentarios.

Al final, ninguno de los pacientes del doctor Andries superó sus trastornos alimentarios.

Aun así, una parte prometedora de la investigación del doctor Andries fue su estudio clínico de tres años sobre los cannabinoides y el aumento de peso, con el que descubrió que los pacientes anoréxicos que tomaron pastillas de THC sintético durante cuatro semanas aumentaron su peso cerca de 680 gramos más que los que tomaron placebos. Podría no parecer mucho, pero para las personas con un peso demasiado bajo, podría ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Cuando tu cuerpo sufre un periodo de inanición, lo primero que utiliza es el tejido adiposo, que, en ausencia de la grasa corporal, es el cerebro.


Cuando dejas de comer, empiezan a pasarle cosas raras a tu cerebro. Un estudio famoso, conocido como el Experimento de inanición de Minnesota, reveló que cuando las personas pierden el 25 por ciento de su peso corporal, experimentan alteraciones emocionales y depresión, así como daños en las capacidades cognitivas. Los participantes no podían concentrarse, no pensaban con claridad y, en algunos casos, experimentaban alucinaciones o deseos de hacerse daño. (Para que se le diagnostique anorexia a una persona, debe estar un 15 por ciento por debajo del peso corporal normal.)

Cuando tu cuerpo sufre un periodo de inanición, lo primero que utiliza es el tejido adiposo, que, en ausencia de la grasa corporal, es el cerebro. El cerebro deja de funcionar poco a poco, lo que causa confusión y falta de concentración. Para los pacientes con trastornos alimentarios, esto promueve el ciclo de dismorfia corporal y la lógica extraña de estos trastornos. Simplemente 2,5 kg pueden marcar una gran diferencia sobre lo que piensan las personas, en especial de ellas mismas y sus trastornos.

Muchos tratamientos para los trastornos alimentarios se centran en aumentar el índice de masa corporal en los pacientes para disminuir el riesgo de muerte y porque subir de peso es una de las pocas formas de hacer que los pacientes cambien de opinión sobre sus propios trastornos. Los tratamientos efectivos se centran tanto en reconstruir el cerebro de los pacientes como sus cuerpos.

Por tanto, si el cannabis puede ayudar a los pacientes a que cojan unos cuantos kilos, tiene sentido que muchos la consideren la puerta hacia la salvación. Para la redacción de este artículo, hablé con más de una docena de personas que se habían automedicado con marihuana para tratar sus trastornos alimentarios, y aunque en algunos casos los tratamientos habían resultado efectivos, muchos de ellos dijeron que la marihuana fue de las pocas cosas que los hizo creer que era posible recuperarse.

La marihuana abrió partes de mi mente que me permitieron retomar el control.

Un hombre de veintitantos años con problemas alimentarios en su adolescencia dijo que empezó a fumar marihuana para «tomarse un descanso cognitivo de la tristeza que sentía». Se fumaba un porro cada vez que las cosas iban mal y descubrió que le daba el alivio que necesitaba. «Claro, no era una solución mágica, pero ayudaba mucho en esos momentos de aturdimiento», dijo. Fumar hierba era «lo suficientemente subversivo como para demostrar que era posible tener otra vida y que era una buena opción».

Una persona recuerda que olvidó cuántas calorías había comido ese día la primera vez que fumó marihuana, cuando normalmente calculaba hasta el último gramo que ingería. Sintió como si le hubieran quitado un peso de encima y le recordó que era posible vivir sin llevar un registro de su alimentación. Otra persona me dijo que «lo que me ayudo a recuperar un peso saludable probablemente fue una combinación de varias cosas, aunque siempre supe que fumar hierba fue lo que inclinó la balanza y me hizo tener hambre las dos o tres primeras veces».

Y también está el testimonio de Christopher, que llegó a pesar 31 kilos. Chris usaba la marihuana como una mecanismo de defensa durante la primera etapa de su recuperación, una forma para calmar la depresión, la ansiedad, el estrés y para estimular un apetito que había perdido hacía muchos años. Por primera vez desde que empezó su trastorno alimentario, pudo dejar de contar las calorías y concentrarse en otras cosas, como en ver la televisión o en tener una conversación normal.

Lo más sorprendente que dijo no fue que la marihuana lo ayudó a sentirse más tranquilo, a tener más hambre o a sentirse menos ansioso. Fue que por fin pudo verse como los demás lo veían.

«Cuando fumé marihuana, las voces que me decían que era una mierda de persona se callaron un poco», dijo. Después de fumar, pudo verse como era en realidad —perturbadoramente delgado— en vez de ver la imagen distorsionada de él mismo que veía cuando estaba sobrio.

«La marihuana», dijo otra persona, «abrió partes de mi mente que me permitieron retomar el control. Es como si antes no hubiera tenido acceso a esas rincones de mi mente».

Ya han pasado cinco años desde que Anna Demarco fumó por primera vez y ahora considera que se está recuperando de su trastorno alimentario. Fuma más o menos tres veces al día —antes de comer y de dormir— y puede comer con normalidad.

La doctora Kim Dennis, directora ejecutiva del centro de tratamiento Timberline Knolls, no cree que esta recuperación sea real. «Si una persona empieza a depender de la marihuana para controlar su trastorno alimentario, no tiene la libertad que tiene una persona en rehabilitación. La persona en recuperación se ha esforzado por hallar y subsanar los problemas subyacentes».

A Anna también le preocupa depender de la droga. «No puedo comer si no fumo porque constantemente siento ansiedad y tengo retortijones», dijo. Ha atravesado periodos en los que trata de fumar menos, pero entonces pierde el apetito y su ansiedad aumenta más que nunca. Una vez, cuando dejó de fumar tres semanas, se dio cuenta de que «se observaba la figura de forma obsesiva y se pesaba cada vez que encontraba una báscula».

Anna dijo que se siente más normal con la marihuana. «Sin ella, no soy un ser humano funcional».

La marihuana no es una "cura" para su trastorno alimentario y sabe que no es una solución permanente. Pero dice que es una de las cosas que la mantiene viva y que no tiene nada de vergonzoso tratar de sobrevivir.

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