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Cultura

Lógica anfetamínica: El final, parte uno

Ya casi supero mi necesidad de escribir sobre drogas. Este debía ser el último artículo, pero todavía habrá uno, quizá dos más.
7.9.12

Golpéame, le digo todavía a Sebastián cuando me lo encuentro en un club. Me acosté con él en su sótano en Saint Marks Place durante años. Me pegaba en la cara mientras cogíamos porque yo se lo pedía.

Eso hacía que todo cambiara de color y las estrellas saltaran en la oscuridad durante un segundo. Durante muchos años esas eran las únicas estrellas que conocía.

Una noche pasé junto a Macauley Culkin bajo la lluvia. ¡Tenía unos pómulos impresionantes! Como los de un modelo, pero a punto de morir. Cruzamos miradas y nos sonreímos.

Me recuerda a mí, pensé mientras pasábamos lado a lado. Y después: ¿Debería saludarlo y coger con él? (Como si quisiera: son la clase de cosas que pasan por tu cabeza cuando estás drogada).

Esta es la lógica anfetamínica: Me excita el dolor.

Y eso es una mentira. ¿Qué tan excitada podría haber estado? La lógica anfetamínica te mantiene caliente y trastornada, pero la mayor parte del tiempo te aísla.

Una de mis canciones favoritas era "Ashes To Ashes": Nunca he hecho nada bueno / nunca he hecho nada malo / nunca he hecho nada sin pensarlo.

Sé que escribo columnas de zorra, pero durante gran parte de mis veintes ni siquiera cogí. Y me refiero, apenas y cogía con algo.

*****

Lógica anfetamínica llega a su fin. Estoy mejor y seguiré mejorando, y no me importa si no me crees, o no entiendes de lo que estoy hablando.

Ya casi supero mi necesidad de escribir sobre drogas. Este debía ser el último artículo, pero todavía habrá uno, quizá dos más: tengo que hacerte entender por qué tenía que decirte todo esto. No he terminado de explicar cómo era todo antes.

Cuando era adicta a las anfetaminas, y supongo que todavía lo soy, no entraba al mar ni a la bahía ni nada, no pisé el agua salada en siete veranos. No tenía con quién ir, y además tenía cosas que hacer; tenía que revisar papeles. Tenía que pegar fotos en mi pared. Tenía que caminar sola por las noches: la Pequeña Miss Huesos ignorando sus dos celulares vibrando, saboreando unos Marlboro Ultra Light. Necesito un hacha para romper el hielo.

A las 4:00am en Soho me detenía para ver los rostros inexpresivos de los maniquíes en las vitrinas de las tiendas en Broadway y sentía que algo como mi alma, si creyera en almas, salía por mi cabeza como el vapor de una tetera, y se elevaba como la fumarola de un coche que se eleva en la noche estrellada. Adiós, fantasma. Después caminaba a casa, escuchando los Rolling Stones: ERES UNA COGE ESTRELLAS COGE ESTRELLAS COGE ESTRELLAS, SÍ QUE LO ERES.

Después llegaba la hora de un proyecto.

Si tiro esta cama con todo y marco, pensaba, en este momento, y en secreto, a la mitad de la noche, y la dejo en la banqueta, mi colchón será como un lirio.

Esta era la lógica anfetamínica. Era todo lo que tenía. Empecé a vivir sobre un montón de cosas en el suelo, como gorila. En la ciudad que nunca duerme, yo tampoco dormía. Detrás de mis cortinas negras, la ciudad de Nueva York se oscurecía, pero yo sólo podía oscurecer mi cabeza con drogas para psicóticos, como Seroquel, y sólo así lograba vivir bajo mis abrigos de piel como una puta. Mi edredón había quedado destruido en una inundación, pero no me importaba.

Vendí toda mi ropa de diseñador de cuando era editora para una revista de moda y empecé a usar playeras de "Masta Killa Para Presidente“.

Todas esas noches —todas esas noches_Dios—_ tomaba speed al menos una vez cada dos horas: una enorme pastilla rosa de 30mg. Y el speed alentaba todo. Mi departamento quedaba quieto y en silencio.

Me sentaba en medio de todo y me quedaba en posición fetal, con mi cabeza en el piso. Cuando llegó la mañana, salía y le pedía a los psiquiatras de la Quinta Avenida. Dame más.

Tendré 30 años en cuatro días, y esta es la gran revelación: está bien ser una freak. Te vuelve especial, extraña y valiosa para el universo.

Pero esto no es algo malo, chicos. Y lloro mientras escribo esto, porque me siento tan estúpida y avergonzada, porque me avergonzaba de esa persona que solía ser. Ahora sé que soy popular, pero, por Dios, durante años no tuve un solo amigo. Pero sabes qué, no tiene nada de malo ser diferente. Ser tan rara y que me guste el speed y ser caótica y que me encante tomar notas y copias poemas y dormir con fotos de Sid Vicious sobre mi cama. Coleccionaba bolsitas de droga y no podía evitarlo; todavía las amo y todos sus patrones. Las compré en eBay. Me gustaba morir de hambre, y si me tenía que acostar con un hombre a la 1am me sentía muy miserable. Pero estaba, y está, bien: es una vida distinta. Es simplemente distinta.

En aquel entonces cuando todo me avergonzaba, me fumaba un cigarro en la orilla de mi ventana y hablaba con Dios desde el dieciseisavo piso; tenía 18 años.

Si alguien vio, si alguien sabe… pensaba tres, cinco, diez veces al día. Dios mío, estoy tan defectuosa y soy tan poco cool. Moriría si alguien, cualquiera, descubre lo asquerosa que soy. Lo raro que es mi departamento. Lo drogada que está mi mente. Lo descompuesto que está mi cerebro. Y veía los semáforos en la 86 y fumaba mientras lloraba. Dios. Dios. Tiraba la colilla por la ventana. ¿Qué cigarros fumaba en aquel entonces? Camel Light. Soy la única persona así en el mundo, y me tiraré del maldito techo si alguien descubre la verdad sobre mí.

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@Cat_Marnell