El fotógrafo vasco Koitz nos muestra Fire Island, paraíso gay de Nueva York
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El fotógrafo vasco Koitz nos muestra Fire Island, paraíso gay de Nueva York

Hay que llegar allí en ferry y todo el mundo deja sus inhibiciones y prejuicios en tierra firme, justo antes de subirse al barco.
5.5.16

Todos las fotografías cortesía de Koitz

A pocas millas de la ciudad de Nueva York se extiende una lengua de arena y matorral que no suele aparecer en las guías de viaje convencionales. Fire Island es desde hace un siglo refugio estival para gente extravagante de la Gran Manzana. El fotógrafo español Koitz la conoce bien. A él también lo conocen bien allí. Sus fotos, que este año se colgarán en galerías de arte, nos permiten descubrir días alegres y noches locas en la isla más caliente de la Costa Este.

Vice: Cuéntanos quién eres, cuándo te instalaste en Nueva York y por qué.

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Koitz: Soy hombre, soy gay, soy periodista, soy fotógrafo, soy vasco… Soy todas y cada una de estas etiquetas y procuro no tener ningún tipo de complejo. Nací en Pamplona-Iruña y me marché de allí en cuanto pude. Decidí venir a Nueva York. Fue en 1994. El motivo principal de mi marcha fue el económico, pero el hecho de ser gay y no sentirme cómodo fue motivo importante para salir de allí. Fue una especie de huida hacia delante, creía que aquí iba a ser más feliz, siempre me había atraído Nueva York.

En Nueva York me siento parte de la gayáspora vasca, de ese grupo de gente que sale de sus lugares de origen porque son gays

Parece que fue ayer y sin embargo, aun siendo el mismo en muchos aspectos, apenas me reconozco; sigo siendo extremadamente tímido -algunas mañanas me resulta casi doloroso salir de casa porque no quiero ver a nadie- y otras veces puedo ser la persona más extrovertida del mundo. Pierdo la timidez en el momento en el que cojo la cámara y comienzo a hacer fotos o tengo un modelo delante, preferentemente desnudo (risas).

En Nueva York me siento parte de la gayáspora vasca, de ese grupo de gente que sale de sus lugares de origen porque son gays. Me encanta la política. Sigo la campaña electoral con auténtica pasión. Hace ocho años era seguidor de Hillary Clinton, hoy no la aguanto.

¿Recuerdas la primera vez que pisaste Fire Island? ¿Se puede contar?

Fue en 1995. Nada más llegar a Nueva York me apunté a la liga gay de voleibol hasta que asumí que ese deporte, como cualquier otro, no era para mí. En verano se jugaba un campeonato en Fire Island Pines, una de las dos comunidades gays de la isla. Es curioso porque a Fire Island se le conoce como un sitio gay cuando en realidad hay diecisiete comunidades de las cuales solo dos son gays, los Pinos (the Fire Island Pines) y Cherry Grove. Aunque en las dos hay todo tipo de gente -gays, lesbianas y heterosexuales-, todos convivimos de manera perfectamente armoniosa, no suele haber problemas de convivencia.

En la playa de Cherry Grove ves a todo tipo de gente desnuda, besándose, acariciándose, gordos y flacos, hombres y mujeres paseando en pelotas

¿Cómo describirías la isla a alguien que no la conozca?

En Fire Island no hay coches, hay que llegar en el ferry y todos dejamos nuestras inhibiciones en tierra firme. Es una auténtica experiencia, difícil de explicar, hay que vivirla. En la playa de Cherry Grove ves a todo tipo de gente desnuda, besándose, acariciándose, gordos y flacos, hombres y mujeres paseando en pelotas… En la playa no hay actividad sexual, pero puede ser un shock para algunos si nunca han estado expuestos a esto.

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En el Grove hay unas 300 casas, muchas de ellas auténticos bungalós antiguos. Por su parte, en los Pines, hay novecientas, contando los apartamentos. A Pines van más los jóvenes y hay más familias heterosexuales que en Cherry Grove, donde hay muchas más lesbianas y hombres mayores, aunque durante los últimos años acude mucha gente del barrio de Williamsburg, en Brooklyn, chavales con barba que no están obsesionados con ir al gimnasio, como lo están muchos de los que van a los Pinos.

En la isla, la vida gira en torno a las dos comunidades. Entre las dos hay una pequeña 'selva' protegida por el gobierno federal, conocida popularmente como el Meat Rack. Allí es a donde la gente va a follar. Se esconden entre los matorrales y por la noche, sobre todo si hace una buena noche en julio o agosto, te puedes encontrar un grupo de gente en plena orgía. Por la mañana el suelo está lleno de condones, si bien es cierto que antes se veían más. Digo que antes se veían más porque ahora muchos chavales toman Truvada, el medicamento para evitar contagios de SIDA.

Yo soy mucho más voyeur que participante. Siempre lo he sido y la cámara me ha dado la oportunidad de ver y capturar muchos momentos. Disfruto mucho mas haciendo fotos que yendo a la playa -odio la arena y el sol- o haciendo cualquier otra cosa. Eso sí, jamás hago fotos en las que alguien pueda verse en una situación comprometida o, si la hago, no la publico.

¿Tan marcadas son las diferencias entre estas dos comunidades?

Cherry Grove sigue considerándose la hermana pobre gay de Fire Island, pero, como digo, hay mucha interacción entre las dos comunidades. Cherry Grove tiene más restaurantes y bares. Los viernes por la noche prácticamente todos los chavales que están en los Pinos vienen al Ice Palace, en el Grove, para participar en el Underwear Party, la fiesta de los calzoncillos que Daniel Nardicio organiza desde hace 11 años.

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El resto de lugares están prácticamente vacíos mientras dura la fiesta, de once y media de la noche hasta las cuatro de la madrugada. Allí puede verse de todo, sobre todo en la habitación de atrás. Yo nunca entro ahí con la cámara. En esa fiesta actuó hace unos años, justo antes de lanzarse al estrellato, Lady Gaga. Y sí, allí estaba yo con mi cámara. Cuando la gente ve esas fotos no se cree que sea la Gaga con las medias rotas. Los go-go boys dejan que les toques de manera inapropiada, hay bastante tomateo, buena música, suele ser una fiesta súper divertida.

La verdad es que desde que comenzó, cambió la dinámica de Cherry Grove, fue lo que atrajo a muchos más jóvenes. Prácticamente cada noche hay actuaciones de drag queens, profesionales o no. Desde hace varias décadas, hay una gran tradición por vestirse de mujer en el Grove. El siglo pasado, durante la década de los 20, comenzó a llegar gente de Nueva York relacionada con el mundo del teatro. Aquí podían mostrarse como eran sin temor a ser rechazados o detenidos por la policía. De hecho Cherry Grove es la primera comunidad gay de todo Estados Unidos. The Fire Island Pines es mucho más tardía, se concibió en los años 50 y era, o quiso ser, totalmente heterosexual.

Entonces se puede hablar de una isla con tradiciones… ¿Cuál es la fiesta más divertida del año?

Hace 40 años, un grupo de hombres de Cherry Grove acudieron a los Pinos vestidos de mujer y en el local principal se negaron a servirles. Volvieron al Grove totalmente indignados y decidieron alquilar un barquito e 'invadir' los Pinos. Creyeron que iban a ser atacados pero, para su sorpresa, fueron acogidos con los brazos abiertos. Así nació 'la Invasión de los Pines' que se celebra cada año el 4 de julio, el día de la Independencia de EEUU. Es mi fiesta preferida porque todo el mundo está de buen humor. Se ven disfraces impresionantes, hay gente que pasa meses pensando de qué disfrazarse y preparando su vestido. Casas enteras de hombres y cada vez más mujeres participan en la Invasión.

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Hoy ya no es un barquito, sino un ferry repleto el que va desde el Grove a los Pinos, y miles de personas les esperan en el puerto. Panzi, uno de los fundadores de la Invasión, les presenta y a continuación desfilan por la alfombra roja instalada para la ocasión. Es un auténtico espectáculo de colorido e imaginación, todo un regalo para la vista.

Háblanos del Pavilion, ese espacio de encuentro levantado en madera. ¿Qué ocurre allí? ¿Cuál es la mejor hora para conocerlo?

El mejor día para ir al Pavilion es el sábado por la noche. Antes contrataban a más DJs famosos, como Junior Vasquez. El año pasado cambió de dueños, pero los cambios más profundos deberían notarse este verano. El Sip & Twirl es otro de los clubs mas conocidos de los Pinos. Hasta el año pasado la actividad más popular era el tea dance party con la DJ Lina Bradford. A finales del verano pasado anunció que no volvería a Fire Island, y hay mucha expectación por ver qué sorpresas nos depara el verano de 2016.

¿Tienes algún tipo de privilegio que te permita acceder a lugares, casas o eventos que otros fotógrafos tengan vetados?

Llevo 10 años haciendo fotos en la isla —tenemos una casa en Cherry Grove— y para mí, una de las cosas más importantes durante todo este tiempo ha sido ganarme la confianza de la gente como fotógrafo.

Durante cuatro veranos trabajé para uno de los periódicos locales, The Fire Island News, lo que me dio acceso a fiestas, casas y eventos a los que no todo el mundo puede asistir. Ese es el grueso de la mayor parte de mi trabajo en la isla, aunque también hay imágenes de amigos y visitantes capturadas en nuestra casa.

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Jamás me planteé que pudiera estar documentando el lugar en el sentido más académico de la palabra, pero he acabado con cientos de fotos que documentan momentos públicos y privados muy significativos de la vida gay de Fire Island.

Como fotógrafo, podría mostrar Fire Island de mil maneras, pero me inclino por enseñar la faceta más festiva, de ahí que mis fotos sean coloridas y estén llenas de vida. Quiero que la gente que aparece en ellas, ya sea en una fiesta, en la playa o en una casa privada, esté alegre.

Algunos periodistas han comparado mi trabajo con el de artistas que pasaron por la isla, como los integrantes de Pajama (Jared French, Paul Cadmus y Margaret French) o el de Tom Bianchi. Yo creo que todos hemos hecho o seguimos haciendo fotos completamente diferentes, en la más pura tradición de lo que es la vida gay de Fire Island. Mi intención es mostrar las fotos en galerías y publicar un libro, un coffee table book, y en ello estoy.

¿Tienes alguna exposición a la vista?

Casi con toda seguridad, este verano voy a tener una exposición de fotos de Fire Island en el Community House de Cherry Grove. Me hace mucha ilusión porque será la primera vez que se verán unas cuantas fotos impresas en papel y que mostrarán mi visión de la isla, o al menos de las dos comunidades que mejor conozco. Tengo mucha curiosidad por ver cómo reacciona la gente de allí. A finales de año tendré otra exposición en la galería de arte que el Museo Gay Leslie Lohman tiene en la calle Prince, en el Soho. El fundador del museo, Charles Leslie, vio mi trabajo y quiere exponer fotos de Fire Island, pero también del resto de mis series. Mis desnudos masculinos le gustaron mucho.