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No tan rápido, dice William Varettoni. Es un analista de asuntos exteriores del Departamento de Estado de los EUA y un crack en todo lo referente a Ucrania. Hace tres años, Varettoni básicamente predijo la actual situación de Crimea en un artículo sobre la inestabilidad de la región.Varettoni argumenta que Crimea ha sido y es mucho más inestable de lo que el resto del mundo cree. Además, asegura que, aunque Rusia está muy interesada en hincarle el diente a Crimea, no quiere hacerlo a lo bestia, con tanques y destrozándolo todo, ya que le gusta tal como está ahora.A pesar de que en Crimea ondea la bandera ucraniana —bueno, al menos hasta que, el jueves, los edificios del gobierno fueron ocupados por hombres armados que izaron la bandera rusa—, la región no deja de ser un trocito de Rusia. Hay mayoría rusa. La televisión se emite en ruso. Los anuncios están en ruso. Cada día llegan empresarios rusos para cerrar complejas y probablemente ilegales operaciones financieras. A través de una sutil y sofisticada campaña de poder, Rusia ha conseguido mantener su influencia sobre Crimea todo este tiempo.Por tanto, no existe razón alguna por la que Putin deba tomar medidas drásticas, sobre todo si con ello provocara una insurrección de pleno derecho a las puertas de su frontera y junto a una importante base naval. Además, si Rusia decide invadir Crimea sin más, el coste diplomático sería bestial. Una invasión directa supone el riesgo de que los ucranianos se alcen en armas para defender su país. Es más, incluso el pueblo de etnia rusa que vive en Crimea sale ganando al estar bajo el gobierno de Ucrania, relativamente laxo en comparación con la férrea mano de Rusia. La actitud de Putin frente a los levantamientos ciudadanos es de tolerancia cero, y los pesos pesados de la oligarquía rusa tienen carta blanca para hacer lo que les venga en gana.
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