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Soy una periodista en Cairo, acosada, perseguida y enfrentando peligro.

He visto a mis amigos y colegas más cercanos ser brutalmente golpeados y detenidos en varias ocasiones, han tenido problemas para cubrir una noticia que el gobierno egipcio preferiría que el mundo ignorara y ahora estoy siendo perseguida.
22.8.13

Cuatro periodistas han sido asesinados en Egipto esta semana. Decenas de personas han sido detenidas, y yo ­–joven periodista– he recibido amenazas de muerte. Ahora estoy siendo perseguida.

Desde el miércoles pasado, he visto a mis amigos y colegas más cercanos ser brutalmente golpeados y detenidos en varias ocasiones, han tenido problemas para cubrir una noticia que el gobierno egipcio preferiría que el mundo ignorara. Más de 600 simpatizantes del ex-presidente Mohamed Morsi fueron asesinados el 14 de agosto, cuando los servicios de seguridad se movilizaron para desalojar a la fuerza un campamento de protesta en el interior de la plaza de Rabaa el Adaweya. Llegaron con excavadoras y armas.

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El enfrentamiento duró diez horas, a las 3 de la tarde, los cuerpos se alinearon en las plantas de los hospitales improvisados ​​e incluso en una mezquita, los simpatizantes de la Hermandad Musulmana dicen que eso fue una "masacre". Según la ONG Human Rights Watch (HRW), calificó lo ocurrido como “el más serio incidente de asesinato ilegal masivo en la historia moderna de Egipto.” Pero la mayoría de los periodistas sólo observaban desde lejos: la policía y el ejército bloqueó el sitio, disparando gases lacrimógenos, proyectiles, y municiones a cualquiera que intentara entrar.

Me pasé horas tratando de encontrar una ruta segura, pero cada calle estaba bloqueada. En vez de hacer mi trabajo, lo único que podía hacer era huir de las armas de fuego o esconderme detrás de los coches. Al final del día, tres periodistas, entre ellos el veterano camarógrafo de Sky News, Mike Dean, habían sido asesinados. Otro fotógrafo permanece en el hospital, sufriendo una hemorragia interna y graves daños en los riñones.

La situación sólo puede empeorar. Políticamente, el país ahora está peligrosamente polarizado que la cobertura de ambos lados incita ataques. El domingo, recibí una advertencia de que iba a recibir "un disparo por la espalda", como resultado de mis artículos que examinan las protestas pro-islamistas. Lo más preocupante, es que la gente que nombré es muy cercana a mi. Ahora vivo de mochilazo en una parte diferente de la ciudad, y en varias ocasiones he sido perseguida por un hombre que parece ser de la seguridad del Estado.

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La experiencia ha sido emocionalmente agresiva. Es difícil sacar eso de tu mente, y genera una sensación de paranoia al caminar por la ciudad. También se siente completamente ridículo. Ayer, un acosador tuvo que dar vueltas afuera de Cairene, una tienda de cosméticos. ¿Mi misión? Buscar y comprar un cepillo para cabello.

La intimidación de aquellos que desafían la narrativa del estado no es nada nuevo. Pero en este caso, las autoridades egipcias están bajo presión para establecer un dominio inmediato sobre la interpretación de los acontecimientos polémicos, que los medios de comunicación se están convirtiendo en el blanco del ataque. Los traductores egipcios y periodistas que apoyan nuestro trabajo no son inmunes, tampoco. Mi traductor está siendo atacado a través de su familia, y ha recibido llamadas telefónicas de su padre, pidiéndole que deje su trabajo: "Me dijo que me amaba", dijo mi colega. "Él dijo que no quería que me hicieran daño.”

Sin embargo, la amenaza no proviene sólo de las autoridades egipcias. Desde el golpe militar, ha habido un resurgimiento del nacionalismo pero agresivo que convierte las calles en un lugar más peligroso para extranjeros, en particular los que trabajan para un medio internacional que el gobierno ha calificado de mentirosos. Grupos vigilantes de apoyo militar han surgido a través de la capital. Durante las manifestaciones a favor de la Hermandad, se han tomado la tarea de vigilar las zonas de los alrededores, exigir documentos de identidad de los transeúntes y, en algunos casos, tomar justicia en sus propias manos.

El viernes, vi en la televisión como Al-Jazeera capturó el momento en que el corresponsal de The Independent fue arrastrado inconsciente sobre el suelo a través de una multitud enfurecida. Totalmente a la misericordia de ellos, él tuvo la suerte de escapar. En muchos casos, la violencia de la multitud está sancionada por los servicios de seguridad de Egipto. He visto a las tropas del ejército observar los ataques desde la comodidad de sus vehículos blindados, y al ser detenida el miércoles, incluso escuché al oficial discutir mi destino con los miembros del grupo armado. "¿Vas a lidiar con ellos, o lo hacemos nosotros?", preguntó un hombre, sujetando un bastón hacia mí. "Vamos a dejarlos caminar hacia esa dirección", respondió el oficial, señalando a una multitud.

La falta de intervención en la violencia civil no es un fenómeno nuevo, y la policía egipcia habitualmente se abstiene durante los ataques. Sin embargo, el incumplimiento de la policía rara vez ocurre en plena vista. El Servicio de Información del Estado de Egipto se ha quejado de que los medios de comunicación extranjeros están fallando en su trabajo. En un correo electrónico a los corresponsales extranjeros, se les dijo que la cobertura del golpe militar del mes pasado fue "reportada lejos de la objetividad y neutralidad."

"Egipto está sintiendo disgusto hacia la cobertura mediática occidental que está positivamente inclinada a la Hermandad Musulmana e ignora reportar los actos de violencia y terror que son perpetrados por este grupo", escribieron. Los periodistas se enfrentan a crecientes ataques, tanto desde el Estado y en las calles, reportar lo que sucede en nuestro alrededor se vuelve cada vez más difícil.