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Cultură

Beber siendo padre

¿Es correcto pillarse la de Dios cuando tienes un retoño bajo tu responsabilidad?
28.8.14

En serio, ¿qué problema hay? A ver, vamos a puntualizar un poco. No me estoy refiriendo a ser esa clase de padre que llega a casa achispado a la hora de cenar y que le cuesta hasta meterse el tenedor en la boca. Tampoco me refiero a esos casos más extremos y tristes donde deviene la violencia. Joder, que aquí somos de la broma, ¿vale? No nos pongamos serios a estas alturas. Con lo de "beber siendo padre" me refiero a esa idea de emborracharse de vez en cuando y terminar meándose en barras de discoteca o levantarse a las ocho de la mañana tirado en un portal ajeno —cosas muy normales—. Es verdad que en España siempre ha existido la cultura del beber y que desde siempre los padres se han emborrachado en las fiestas del pueblo o han rociado sus gaznates con anís mientras veían el fútbol en el bar pero yo me estoy refiriendo a reclamar el derecho a pillarse una cogorza épica sin ser señalado y tildado de degenerado.

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Todos estos pensamientos invadieron mi cabeza después de leer la recomendable entrevista que Kiko Amata le hizo a Caitlin Moran con respecto a la edición española de su libro "Cómo ser mujer" (Anagrama 2013). La entrevista, entre muchos otros temas, habla sobre la idea comúnmente aceptada de tener que dejar de pasarlo bien en el momento que uno tiene descendencia o el aceptar de una vez por todas que tener un crío también puede ser una auténtica mierda. De hecho es la negación por defecto de ambas ideas lo que me toca soberanamente las pelotas. Tener hijos aporta muchas cosas increíbles y te enseña mucho pero también puede ser un montón de mierda. Una de las grandes lecciones de ser padre —y de la vida en general— es que uno tiene que aprender a dedicar su tiempo a otras personas. Puede que te pases semanas sin hacer nada por ti mismo. Esta humildad es lo que garantizará tu entrada en el reino de los cielos pero también es la putada más gigantesca que pueda existir. El tiempo ya no te pertenece, ya no estás las 24 horas del día mirándote al espejo. Ahora tienes extensiones de tu persona a las que tienes que cuidar. Es por eso que, pasarte un fin de semana durmiendo en sofás ajenos, bebiendo como un cosaco y yendo a conciertos es algo que no podrás hacer demasiado a menudo. Y la verdad es que un hombre necesita esta mierda como una tortuga un buen trozo de lechuga.

Y es que existe ese tópico de que cuando uno tiene descendencia tiene que convertirse en un PADRE. Parece algo lógico pero es que esa idea de "padre" que recorre y pervierte nuestro inconsciente y el de todos los mortales es algo demencial: es ese señor maduro —maduro en tanto que ha decidido tirar su vida por la borda al aceptar pasarse todo el día fuera currando en un sitio que considera mucho peor que estar ahorcado en un olivo— que tiene una casa y se comporta de forma correcta con los suyos y con toda la comunidad. Un tipo con una vida estable y que considera la familia y el trabajo como sus prioridades; un tipo que diferencia perfectamente las distintas etapas de crecimiento personal. Él ya fue un niño que se masturbaba escondido en el baño, por lo que ya no le toca hacer nada de esto. Luego ya fue un adolescente que se emborrachaba cada fin de semana, ahora ya conviene. Su juventud de folleteo constante también hace tiempo que terminó por lo que ahora es un adulto centrado que tiene que estar por otras cosas más importantes como conseguir dinero o intentar no volverse loco. Pero todo esto es incorrecto pues no existe ser vivo en el planeta tierra que se masturbe más a escondidas que un padre. No hay nadie más feliz que un padre descubriendo que en la fiesta de mierda esa del aniversario de un amigo de su hijo alguien ha traído unas latas de cerveza y, por último, no hay nada en este mundo que se gire más a mirar culos que un padre que pasea por la calle agarrado de la mano de su hijo.

Ese "padre modelo" que recorre nuestras mentes realmente no existe, entonces ¿por qué sentimos pena cuando vemos a un señor padre borracho en un concierto tirándose cubatas por encima? Esa idea de pensar "pobres, sus hijos" cuando le miramos. Joder, ¿es que las borracheras, las discotecas, los conciertos y todo esto ya no son territorios para padres? ¿Por qué tiene que existir esta culpabilidad?  Tú cada fin de semana te emborrachas y cada vez te cuesta más pronunciar palabras complicadas con muchas consonantes y nadie piensa que eres un jodido irresponsable. Todo esto —creo— tiene que ver con la negación de la cultura del entretenimiento que nuestra sociedad arrastra desde los inicios de la democracia moderna. Las discotecas, los conciertos, los discos y toda la cultura pop han quedado desterrados a un mercado juvenil. Nos cuesta mirar a esas señoras que van a las discotecas "de gente mayor" y no sonreír levemente. De algún modo creemos que un adulto no tiene derecho a pasarlo bien, sus hobbies tienen que ser estar al tanto de la actualidad informativa y pasarse una tarde entera configurando correctamente el teléfono móvil.

Toda esa cultura popular que se generó en los cincuenta para un público adolescente  hace años que amplió su campo de batalla. Todos esos jóvenes que en los noventa crecieron consumiendo música, cómics y fanzines a toneladas ahora están creciendo y teniendo vástagos y siguen consumiendo lo que ofrece esta industria. El padre ya no llega a casa al anochecer y se desabrocha la corbata mientras emite soplidos de cansancio, ahora sale del trabajo y se va a ver un concierto de Reigning Sound y se hace sus cubatillas del miércoles. Joder, estos tipos tienen hijos y se pillan sus buenas cogorzas en festivales o en muestras de fanzines. La madurez ya no tiene nada que ver con evitar la cultura popular. Ya nadie debería sentirse amenazado por romper esa idea de padre perfecto. Sal, emborráchate y si puedes fóllate algo. Otra cosa muy distinta es saber cómo te las arreglarás para sobrevivir a la resaca mientras un ser pequeñito te empiece a tocar las pelotas a las 9 de la mañana.