Un campesino de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó peluquea su mula para el trabajo.
Cansados de las muertes, las amenazas y la constante huida, a finales de 1996 y principios de 1997, un grupo de quinientos campesinos decidió congregarse en San José de Apartadó, que se había convertido en un pueblo fantasma, luego de varias matanzas perpetradas por los paramilitares con la complicidad del ejército. Desde entonces el grupo se autoproclamó una “comunidad de paz” estrictamente neutral frente a todos los autores armados, una estrategia innovadora que buscaba atraer suficiente atención como para disuadir a los paramilitares y al ejército de seguirlos acosando. Los campesinos se comprometieron a implementar un nuevo modelo basado en el autogobierno y la producción comunitaria. Pero a pesar de la esperanza que se generó en ese momento, construir un oasis de paz en el corazón de la violencia en Colombia ha sido una batalla cuesta arriba desde el comienzo.Los ataques que buscaban aplastar la moral de la comunidad no se hicieron esperar. A lo largo del primer lustro, tres masacres, varios asesinatos, desapariciones forzadas y un sinnúmero de actos de intimidación se perpetraron en contra de los miembros de la Comunidad de Paz. Durante los años siguientes y aún hoy, las cosas no han mejorado. En total, más de 300 miembros han sido asesinados, al menos cinco desplazamientos forzados han ocurrido y la comunidad ha registrado y denunciado al menos 900 violaciones a los derechos humanos."Este novedoso movimiento agrario pacifista se convirtió rápidamente en una “piedra en el zapato” para el triangulo criminal de grupos paramilitares, terratenientes y autoridades corruptas de la región".
Convertir el dolor en esperanza
Un descanso en medio del camino entre las selvas de la Serranía de Abibe.
Las peregrinaciones de la comunidad
Quince años de caminar contra el olvido
Tras un día completo de marcha por las montañas, por pendientes cada vez más empinadas, el grupo finalmente llega a Mulatos, la primera parada en el itinerario del viaje: un pequeño asentamiento de tres estructuras con techo de zinc y un establo de madera, rodeado por una cerca de alambre de púas. En Mulatos no hay electricidad, hay poca agua y apenas suficiente espacio para que todos duerman bajo techo. La gente se organizó pese a las condiciones precarias. Esa noche, una de las estructuras —la escuela abandonada— parecía un Tetris de hamacas, morrales y colchonetas.Mulatos, el caserío de la Comunidad de Paz más cercano a San Josecito, está decaído y aislado. Algunas personas lo habitan, pero da la sensación de que permanecen allí solo como un acto de resistencia y dignidad. Sin embargo, según comentaban los peregrinos esa noche, alguna vez el lugar fue un pequeño, pero vibrante asentamiento agrícola, donde varias familias producían maíz, arroz, banano y frijol y, además, tenían ganado. Incluso, allí funcionaba una escuela para los niños de la zona."De cara a la desolación, Germán decidió canalizar su luto, convertir el dolor en esperanza y juró no huir de su tierra nunca más".
Germán Graciano, líder campesino y representante legal de la Comunidad de Paz, durante una jornada de trabajo comunitario en uno de los cultivos de la comunidad.
El territorio, la muerte y el camino
Durante este recorrido en especial, este grupo de caminantes de la Comunidad logró recaudar buena evidencia de la actividad paramilitar en la región: un campamento desocupado a un lado del camino, varios testimonios de pobladores que han sido intimidados recientemente por las AGC y un encuentro fortuito con dos paramilitares vestidos de civil, que se escondieron en una casa abandonada al ver a los caminantes acercarse. Todos estos elementos constituyen pruebas valiosas para la Comunidad en su pretensión de probar que la estructura paramilitar de control territorial y social en el noroccidente de Colombia sigue intacta, lo contrario de lo que asegura el Gobierno."La horrible matanza de ese 21 de febrero de 2005 se conoce hoy como la “masacre de SanJosé de Apartadó”.
Los caminantes herran sus caballos y mulas antes de cargarlos para la peregrinación por los territorios de la Comunidad de Paz.