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Si eres tonto (o aspirante a actor), aléjate del cine de Albert Serra

Un libro cuenta cómo fue el rodaje de su película "Historia de mi muerte", un caos en el que se mueve bien, y se divierte mucho, su director.

Todas las imágenes del Facebook de Albert Serra

En Conquista de lo inútil, Werner Herzog contaba cómo fue el rodaje de Fitzcarraldo. Cómo se tuvo que dar de hostias contra la naturaleza y con el ingobernable Klaus Kinski. En la misma línea de diario de rodaje, hemos leído Apocalipsis Uuuuuuuaaaaaa, en el que el poeta y escritor Jaume C. Pons Alorda cuenta cómo fue el rodaje de Historia de mi muerte en Rumanía. La película de Albert Serra fue, según el texto, eso un apocalipsis, pero en el que su director se mueve muy bien. Disfruta de esa sensación de no tener todo bajo control, de que en cualquier momento surja el instante que se quedará en el montaje final, la parte rodada que no irá a la papelera de reciclaje.

Albert Serra también tuvo su propio Kinski en Vicenç Altaió, el actor que interpreta al Casanova que se encuentra con Drácula en la película. Durante el rodaje corrió el alcohol, aparecen animales sacrificados, gritos, tensión, momentos de auténtico jolgorio y también Albert Serra, al frente de la nave, sin mirar nunca el combo y más preocupado por lo que vendrá después (el montaje) que por el rodaje en sí. Aunque el prefiere hablar de rock and roll, nosotros vemos a Albert como un punk, un provocador con muchísimo talento que va contracorriente. Que odia a los actores profesionales, por malas personas y egocéntricos, a Scorsese, por ir solo a por la pasta, y que considera que formará parte de la historia del cine. El libro nos ha dado la oportunidad de preguntarle sobre estas cosas que suele decir.

¿Cómo te ves siendo tú el protagonista de la historia?

Si te digo la verdad, tampoco lo he leído con mucho detenimiento. Pero el objetivo no era salir retratado, si no encargar a alguien, que no nos conociera mucho, un punto de vista externo sobre el proceso de fabricación de las películas, que tiene algo de singular y peculiar, sobre todo en relación a cómo se hacen otras películas hoy en día. Las películas que tienen acceso a festivales y así. Y poner eso encima de la mesa. No sé, cómo yo salgo no me interesa demasiado. Cuando lo encargué no sabía qué libro haría el autor, y como no me gustan los making of filmados, pensé que era mejor hacerlo escrito. Pero si alguien leyéndolo se lleva una visión algo más alocada y divertida de lo que es hacer cine pues para mí esto es suficiente.

Y queda bien retratada esa forma tuya tan particular de hacer cine.

Queda retratada de una manera débil. La realidad es mucho más fuerte, supera en bastante lo que se puede leer. La esencia sí la capta.

Siempre hablas de que haces work in progress o performances...

Sí. Es algo muy importante para mí, porque yo decidí hacer cine para no aburrirme, para pasármelo bien. Mis influencias más importantes, a pesar de ser cinéfilo, vienen del mundo del arte, de las vanguardias históricas y del rock and roll. Abrir la posibilidad de que se pudiera vivir una vida diferente, éste fue mi objetivo principal desde el principio. Está en el corazón de todo lo que hago.

Citas rock and roll, pero yo como espectador diría más bien punk.

Bueno, sí, quizá, no sé...

Digo por tu actitud, anti-sistema o contra lo establecido.

No, es que simplemente así es más divertido, ¿sabes? Hay un objetivo artístico al final, la metodología está al servicio de los objetivos finales. Con estos métodos, más divertidos, se pueden lograr objetivos de una manera más fácil y segura. No es un capricho. Es una metodología adaptada a mí, a los actores con los que trabajo, al equipo. No es tanto lo de provocar.

En medio del caos que es un rodaje tuyo, ¿te llegas a divertir en algún momento?

Hombre, claro, si no no lo haría. La esencia es el aspecto lúdico. Yo no estudié cine, pero decidí hacerlo porque me estaba aburriendo y para cambiar hice películas. Quitar lo divertido no tendría ni pies, ni cabeza.

O sea, que cuando sientes que algo se te va de las manos en un rodaje te pone más.

Tampoco, sucede por casualidad. Si ya lo buscas deliberadamente es algo... (risas). Como queda bien reflejado en el libro, todo es una cuestión de inocencia. De inocencia de no estar buscando un cálculo permanente de las cosas o los resultados. De forma inocente pasan cosas exageradas y fuera de lo común.

Con tu trabajo y con tus declaraciones te has enfrentado al cine más convencional, aunque venga firmado por gente como Scorsese, Coppola o Spielberg.

Es que es un cine muy aburrido. Ves una película de esta gente y ya sabes qué va a ocurrir casi antes de empezar. No sé, además no es gente que tenga una integridad artística, siempre están buscando el éxito fácil, el efectismo barato, intentan seducir de una manera banal a los más tontos. La mayoría de las veces lo hacen solo por dinero. No me parece que sea una gente muy respetable. Es más natural sentir desprecio por ellos que respeto.

Leí que decías que con la edad que Scorsese hizo El lobo de Wall Street , Bergman estaba haciendo Fanny y Alexander.

Claro, si haces esta película de Scorsese de joven todavía tiene algún sentido. Pero ya de mayor... Yo si estuviera ya tan cerca de la muerte, como por edad puede estar él, estaría pensando en aprovechar el tiempo de otra manera. Tampoco es tan subversivo, me parece banal. Si por lo menos fuera un gesto subversivo, un gesto final dadaista. Pero no es más que una operación para ganar dinero.

¿Quién hace cine subversivo ahora? ¿tú?

Bueno, quizá esa no sea la palabra, sea más correcto con inquietud. Intento hacer algo diferente, intentar alegrar la vida de la gente con algo que no hayan pensado o visto. Si no, ¿de qué sirve?

¿Hay directores que sí te gustan?

Siempre hay gente interesante. Es cosa de una política cultural de los países. Miras a Rumanía y hay varios directores que me gustan, como Corneliu Porumboiu o Cristi Puiu. O Filipinas, con Lav Díaz. O en Portugal mismo. Quizá no hay como grandes figuras emblemáticas, pero sí mucha más libertad. También me gustan los documentalista chinos y rusos. No soy fan del documental, pero son tan buenos que no tienes más que agachar la cabeza y admitir la evidencia. Aquí no puedes encontrar ejemplos similares y, qué quieres que te diga, eso no es culpa mía.

Volviendo a tu cine, tu apuesta por actores no profesionales: ¿dan más problemas o alegrías?

Más alegrías, porque son mejores personas. Ya desde el punto de vista simple y moral. Son más originales y como no tienen ningún tipo de cliché mental, ni técnica, ni interés en el personaje es mucho más directo e inocente. Que es de lo que te hablaba antes. Aparte, que desde un punto de vista moral, los actores no son recomendables, son egocéntricos. Todo el día están pensando en ellos. No me interesan para compartir mi vida con ellos.

Un colega me dijo que tu cine está entre lo intelectual, lo elevado, y lo cazurro, lo pegado a la tierra, lo de pueblo.

Puede ser. Pero me gusta más lo primitivo. Es una manera de verlo. Tampoco es forzado. He hecho películas para la Bienal de Venecia o Documenta de Kassel que son más sofisticadas y no tienen un componente primitivo. Siempre soy ambicioso desde el punto de vista formal, todo este primitivismo está filtrado por una coherencia formal y una obsesión estética muy estilizada.

¿Lees las críticas de tus películas?

De muy poca gente, de dos o tres personas. De hecho en el mundo solo hay cuatro o cinco personas de las que me importa su opinión.

¿Afectan?

En la medida en que ayudan a mejorar. Son como diálogos con amigos conocidos o desconocidos a distancia. No emito juicio moral sobre lo que dicen. Solo cojo lo que me interesa para hacerme mejorar.

En entrevistas sueltas 'perlas' como que vas a estar en los libros de historia del cine, ¿lo dices con sentido del humor?

Es que no es sentido del humor, son verdades como puños. A veces la formulación puede parecer exagerada, pero esconde una verdad, por eso se dice. No por mi propio interés, si no para hacer un bien en general y abrir los ojos a la gente. Yo lo que digo ya lo sé, si son opiniones que no van con la mayoría es por hacer el bien a la gente que se equivoca. Houellebecq decía que un provocador es una persona que interpreta la realidad en beneficio propio, y que él no era ése. Pues yo, tampoco. Solo busco hacer el bien.

Pero un poco provocador sí eres.

Yo creo que no. Solo que mi opinión no coincide con la mayoritaria, si no te gusta el fútbol y la política ya eres un provocador.

No te interesa la política, lo sé. Pero eres catalán y vives en Barcelona...

Yo estoy por encima de esto. Precisamente porque el artista está por encima de la forma en la que se organiza la sociedad de forma práctica. Esto está al alcance de gente con pocas luces.

¿Entonces pasas de todo lo que se está debatiendo ahora?

No, lo tienes presente todo el rato, porque, igual que el fútbol, todo el mundo habla de esto. Pero me parece una pérdida de tiempo.

Y, para terminar, ¿en qué andas ahora?

Acabo de terminar una película en Francia. En principio era una performance que encargó el Centro Pompidu, y que al final se anuló. Se ha ido arrastrando tres o cuatro años y ha tomado esta forma de película de ficción. Se acabó de rodar el viernes pasado. Tampoco sé exactamente qué saldrá. Es una película con Jean Pierre Leaud, sobre la muerte de Luis XIV, es sobre sus últimos días y está todo el rato en la cama, muriéndose (risas). Por eso tenía que ser una performance, el tío muriéndose allí quince días en el Pompidou. Como había un dinero disponible, con el tiempo decidimos hacerlo de esta manera. Será interesante, sobre todo por la presencia de Leaud, al que me he puesto a su servicio de una manera muy limpia y clara. La gente del equipo lo respetaba tanto que no puedes ir en contra de tanta gente. Esta vez el proceso de montaje no será tan laborioso, al ser una producción francesa no da para tantas alegrías ni momentos anárquicos.