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El nuevo Alarma! es el mejor tabloide de sucesos de México

El nuevo Alarma! es el diario de "prensa roja" más antiguo de México. Se compone básicamente de noticias truculentas, fotografías de cadáveres mutilados y titulares redactados a modo de chistes ultracafres sobre la muerte y el dolor ajeno. Hace poco...

El Nuevo Alarma! es el diario de “prensa roja” más antiguo de México. Se compone básicamente de noticias truculentas, fotografías de cadáveres mutilados y titulares redactados a modo de chistes ultracafres sobre la muerte y el dolor ajeno. Hace poco entrevistamos a Miguel Ángel Rodríguez Vázquez, su editor.

Vice: ¿Cómo te convertiste en director del Alarma!?
Miguel Ángel Rodríguez Vázquez:
Empecé trabajando en el departamento de correspondencia en 1981 y con el tiempo fui aprendiendo a maquetar la revista. Luego empecé a redactar y hacer fotografías para la revista y, años después, me convertí en ayudante del director. Él murió hace cuatro años y yo le sucedí en el puesto.

¿Y en qué consiste tu trabajo?
Básicamente, reviso todo el material que llega a mi mesa, selecciono las noticias, escribo los titulares y corrijo los artículos.



Parece bastante sencillo. Alarma! fue el primer periódico de este tipo, ¿no es cierto?, el primer tabloide de la llamada “prensa roja”.
Sí, Alarma! empezó a publicarse en 1963. A un periodista llamado Don Carlos Amayo Lizarraga se le ocurrió lanzar una revista que se ocupara exclusivamente de crímenes y delitos.

La revista despegó verdaderamente en 1964 con el artículo sobre las Poquianchis, que eran tres mujeres que regentaban un infame burdel en Guanajuato. Se las acusaba de haber cometido 28 homicidios. Todas sus víctimas eran muchachas jóvenes que trabajaban para ellas como prostitutas. Hallaron sus cuerpos enterrados en el patio trasero de las Poquianchis.

Y Alarma! cubrió la noticia con todo lujo de detalles, escarbando incluso en los más gore, supongo…
La revista siguió la noticia durante más de ocho meses. Uno de nuestros periodistas, Jesús Sánchez Hermosillo, se desplazó a Guanajuato y entabló amistad con las señoras Delfina y María de Jesús, las dos primeras Poquianchis que fueron detenidas. Le contaron su versión de los hechos y cómo habían sobornado a la policía local y a los presidentes municipales…

¡Vaya bomba!
La historia de las Poquianchis se convirtió en una especie de fotonovela para nuestros lectores, pero era incluso mejor, porque era una historia verídica con mujeres asesinadas, fetos enterrados, muchachas forzadas a ejercer la prostitución, trata de blancas, etc…

Tenemos más de 2.000 fotografías sólo de esa historia. Publicamos las cartas de amor de las chicas, sus álbumes familiares, absolutamente todo. Aquella historia captó la atención de todo México y fue el primer exitazo de nuestra publicación.



Siempre he sido un gran fan del número sobre el terremoto que sacudió México D.F.
El terremoto de México D.F. de 1985 también fue una noticia que cubrimos ampliamente. La tirada inicial de la revista la primera semana superó los 2,5 millones de ejemplares. La semana siguiente bajó a 2 millones, pero seguía siendo una cifra extraordinaria. Cubrimos el terremoto desde todos los ángulos posibles.

¿Cuál es tu artículo preferido de ese número?
Recuerdo un artículo sobre un niño llamado Monchito. Era un niño que supuestamente había quedado sepultado bajo una casa que se había derrumbado a causa del terremoto. Todo el mundo en México sufría por Monchito y rezaba por Monchito. Trajeron a un montón de expertos para ingeniar un modo de rescatarlo. Al final resultó ser que Monchito ni siquiera existía. Los propietarios de la casa se habían inventado que estaba allí porque querían rescatar una caja fuerte que había quedado sepultada bajo las ruinas de su casa.

Poco después del enorme impulso que vivió la revista tras el terremoto, el Gobierno clausuró Alarma!

¿Qué ocurrió?
En 1986, México iba a ser la sede del Mundial de fútbol, y el Gobierno decidió clausurar todas las revistas pornográficas del país. Alarma! no mostraba chicas desnudas ni nada por el estilo pero, según la comisión gubernamental, habíamos cometido algunas faltas técnicas, como no imprimir las advertencias pertinentes de “contenido para mayores de 18 años” en la portada o vender la revista retractilada. Nos pusieron mil y una excusas, pero la verdad es que sencillamente una de las publicaciones de nuestro grupo, una revista llamada Impacto, era por entonces muy crítica con el Gobierno y nos castigaron por motivos políticos. Algunas otras publicaciones, la mayoría de las cuales consideraban nuestra revista vulgar, mala y barata, salieron en nuestra defensa. Todo el mundo sabía lo que estaba pasando, pero nadie podía hacer nada para detenerlo. Alarma! estuvo prohibida durante casi cinco años.

Cuando finalmente la relanzamos en 1991 tuvimos que cambiar de nombre. Así nos convertimos en El Nuevo Alarma! En cuanto salimos a los quioscos, recuperamos a todos nuestros lectores y dejamos fuera de combate al resto de revistas de prensa roja que habían ido surgiendo entre tanto.
 

¿En qué se diferencia la nueva versión?
La revista en sí no ha cambiado mucho con el paso de los años. En esencia sigue siendo la misma publicación con la que soñaba Don Carlos. Internamente debatimos largo y tendido sobre aplicar un cambio de diseño por el que abogaban algunas personas, pero yo siempre luché por mantenerlo muy simple. A la gente le gusta la revista tal como es, porque resulta fácil y rápida de leer. No somos una revista moderna con veleidades artísticas, y tampoco es eso lo que nos piden nuestros lectores. Intentamos crear una revista muy simple y visual. Si no hay fotografías, no hay artículo. A nuestros lectores les gustan las fotografías.

Sí, ¿y por qué crees que ocurre eso? ¿Qué fascinación puede despertar ver fotografías de cadáveres decapitados y cosas por el estilo?
A la gente le interesa el tipo de historias que publicamos. No creo que se trate de ninguna enfermedad malsana ni nada por el estilo. Simplemente es curiosidad. A la gente le gusta ver cómo estamos hechos por dentro. Tenemos millones de fotografías de cadáveres con los intestinos colgando. Es increíble la de kilos y kilos de intestinos que tenemos dentro. A mucha gente le gusta verlo. Además, si no publicamos fotografías de muchos cadáveres en un número, recibimos un montón de correos electrónicos acusándonos de habernos vuelto demasiado conservadores.

¡Qué curioso! Imaginaba que recibiríais más de gente acusándoos de ser demasiado sensacionalistas.
Ah, claro, eso también. Un montón de gente nos tacha de ser demasiado sensacionalistas, pero la información que publicamos es toda verídica. Son hechos reales y contrastados. No nos inventamos nada ni retocamos las fotografías. No hay necesidad de hacerlo.

¿Qué tipo de artículos son los que mejor funcionan?
Los crímenes sobre los que informamos han cambiado ligeramente. Los artículos que mejor nos funcionan son los de crímenes relacionados con el narcotráfico, como por ejemplo los cuerpos decapitados que se han encontrado recientemente en Acapulco. En Michoacán a cinco personas les volaron la cabeza mientras bailaban en una discoteca. Ese tipo de artículos funciona realmente bien.



La mayoría de las historias suceden en las ciudades, ¿no?
En realidad, la mayoría de nuestros artículos ahora mismo se sitúan en Michoacán y Guerrero. El año pasado era en Tamaulipas y hace cinco años en Culiacán. Es muy interesante ver cómo la ola de crímenes se va desplazando por el país. Por ejemplo, me sorprende que la violencia haya desaparecido en Culiacán. En 2001 se registraron allí unas 1.000 ejecuciones en un par de meses. Otro aspecto interesante es que los crímenes son cada vez más violentos. Antes eran tiroteos desde coches. Ahora a las víctimas siempre se las decapita o se las entierra vivas. El grado de depravación va en aumento.

Me pregunto por qué será…
Porque quieren meterle el miedo en el cuerpo a la gente. Supongo que piensan que si matas de forma violenta, te respetan más o algo por el estilo. Como la mayoría de los crímenes están relacionados con las drogas, creo que tienen la necesidad de atemorizarse unos a otros para irse asegurando zonas.

Mi padre era policía y me decía lo mismo, que los crímenes por drogas normalmente son más violentos que el resto de crímenes.
Los crímenes relacionados con las drogas son muy distintos de los crímenes pasionales. Si miras números antiguos de Alarma!, la mayoría de los artículos van sobre crímenes pasionales, con titulares como: “La mató por flirtear”.

Antes ése era el pan nuestro de cada día. Ahora los titulares son muy distintos, pero eso también tiene que ver con el hecho de que debemos ser mucho más cautelosos con las palabras que escogemos.

¿A qué te refieres?
Don Carlos tenía un don especial para crear neologismos. Por ejemplo, para referirse a los homosexuales solía decir “los mujercitos” y las lesbianas eran “hombrecitas”. Ahora no podemos utilizar este tipo de palabras porque nos acusarían de violar los derechos humanos.

Por extraño que parezca, nunca se ha interpuesto una demanda contra Alarma!, pero, como medida de prevención, ahora utilizamos un humor un poco menos oscuro. Básicamente hemos abandonado el negro por el gris.

¿En qué artículos estáis trabajando en estos momentos?
Esta semana se han producido cuatro crímenes pasionales en México D.F. Se me están agotando las ideas para los titulares.

Ja, ja. ¿Podrías revelarme uno de esos titulares?
Uno de los crímenes lo cometió un hombre, que mató a su mujer. Ambos eran profesores de escuela y el tipo la asesinó delante de sus alumnos, de modo que se me ocurrió un titular que espero que no resulte demasiado ofensivo y no trivialice la situación, pero que, al mismo tiempo, atraiga la atención de la gente. Dice así: “Sobresaliente en homicidios”.
 

Genial.
Éste es el tipo de ideas que Don Carlos nos legó. Él se divertía muchísimo haciendo su trabajo. Lo vivía con pasión. Por ejemplo, otro crimen que se ha producido esta semana con un punto curioso lo cometió un hombre que le disparó a su esposa en la cabeza mientras ella estaba en el lavabo haciendo sus necesidades. Don Carlos habría disfrutado de lo lindo redactando ese titular.