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‘El machismo lo vivimos todas’: Entrevista a una mujer víctima de la violencia de género

"Estoy en pleno proceso de 'curación' y aunque haya días muy nublados, siento que lo que me espera solo puede ser mejor".

Fotografía de Alejandro Alberto Gómez

Hace unos días que Carmen Maura decidió contar 'con total naturalidad' su violación en el programa de Risto Mejide, 'El rincón de pensar'.

En un artículo en Verne, del diario El País, explicaba Tina Alarcón, presidenta de CAVAS, el Centro de Asistencia a Víctimas de Agresiones Sexuales, que las mujeres que se atreven a denunciar son casi siempre cuestionadas. Alarcón afirma también que las mujeres que hablan a los medios lo hacen con la cara tapada y que ese silencio llega hasta las estadísticas oficiales. ¿Cuántas son? ¿Qué tipo de agresiones han vivido? ¿Todas denuncian?

La confesión de Maura ha levantado mucho revuelo en redes sociales. Harta de que la sociedad, mujeres incluidas, a quien primero critiquen y juzguen sea a la víctima: 'ella lo cuenta de una manera tan frívola que apenas parece que esté denunciando', 'no parece afectada', etc.; hoy damos voz a una mujer, una de tantas, que ha sufrido en su piel la violencia de género: Astrid. Quizá poniéndonos en su piel durante un rato, podamos comprender sin juzgar.

El caso de esta granadina de treinta y pocos y el de la musa de Almodóvar son diferentes, pero ambos tienen un denominador común: la violencia con la que algunos individuos actúan y que la sociedad, con sus actos o su ausencia de ellos, respalda.

VICE: ¿Cómo os conocisteis, Astrid?

Astrid: Nuestra pasión por la música y el posicionamiento político contra la opresión animal que ambos tenemos nos hizo interesarnos el uno por el otro.

¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?

Un año y medio. Un año de convivencia.

¿Qué fue lo que más te gustó de él?

Sus ganas de querer cambiar las cosas con las que no estaba de acuerdo, su inconformismo frente a las injusticias. En lo personal he vivido muy buenas experiencias a su lado. Ha sido, hasta que todo empezó a cambiar, un gran compañero de vida. He estado muy enamorada.

Hasta la última agresión, la que fue más violenta, y en la que ya hubo sangre, no fui capaz. Y aún así, fue una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar en mi vida.

'Hasta que todo empezó a cambiar' ¿Cuándo te diste cuenta, por primera vez, de que era una persona violenta?

Me llamaron la atención en distintas ocasiones algunos "prontos" (por llamarlos de alguna manera) que tenía con una mujer de su familia. Pero pensé que eran eso, "prontos", algo puntual. Después, los empezó a tener conmigo.

¿Recuerdas ese primer 'pronto' que tuvo contigo?

Recuerdo vagamente los primeros gritos, malas contestaciones, faltas de respeto, desprecios. Venían por pequeñas discusiones en las que no estábamos de acuerdo sobre algo. E influía mucho su estado anímico, cómo le había ido el día, el trabajo, algún roce con sus padres...

¿Faltas de respeto como cuáles?

Él criticaba mucho mi vida en general, mis decisiones, mi forma de relacionarme, mi trabajo. Todo. Y lo hacía para dañarme, para hacerme sentir una mierda. Desvalorizarme.

¿Llegó a agredirte, Astrid? ¿Qué te hizo?

Al principio, como te comentaba, eran agresiones verbales, puntualmente físicas. Con el tiempo, las barreras se cruzaron y solo hubo una escalada de agresividad en sus distintas formas.

Las agresiones físicas eran de las que no dejan marca: manotazos, zarandeos, acercaba su puño a mi cara y hacía como si me fuese a golpear...

Es difícil y doloroso hacer memoria sobre estos episodios. La mente lo ha escondido tanto todo... Imagino que es un mecanismo de negación. Ahora, con el tiempo, rescatar esas imágenes me supone un gran esfuerzo a nivel de memoria, y sobre todo emocional.

Comprendo. A Naia, vuestra perra, ¿la amenazó en algún momento?

Eso es algo que jamás sucedió. Ni jamás sucedería. Aunque suene irónico, pongo la mano en el fuego afirmándolo. La quería mucho. Estábamos muy ilusionados cuando llegó a nuestras vidas. Él la rescató de una muerte segura en la carretera. Naia ha sido el mejor regalo que me ha hecho. Sin duda.

Foto cortesía de Astrid

Y sin embargo, tampoco respetaba tus cosas y te rompió un ordenador portátil, ¿algún objeto más?

Sí. En esa escalada de violencia de la que hablábamos antes era más que habitual que rompiese cosas mías o cosas que simbolizaban mi amor hacia él: algún regalo que le hice y que tenía un especial valor emocional. El hecho de romper cosas mías, objetos que me pertenecían, más allá de generar un ambiente violento en un momento dado, yo lo entendía como querer romperme a mí, por decirlo de alguna forma. Esas cosas que me pertenecían eran extensiones de mí.

¿Cuándo te decidiste a denunciar?

Aunque personas de mi círculo de amistades ya me lo aconsejaron, hasta la última agresión, la que fue más violenta, y en la que ya hubo sangre, no fui capaz. Y aún así, fue una de las decisiones más difíciles que he tenido que tomar en mi vida. Necesité algo de claridad en mitad de toda la vorágine que supuso ese día concreto y el posterior, con ambulancia, hospital, las preguntas ante la policía, fotografías... Todo ese rollo tan desagradable, para hacerlo. El apoyo de alguien de su entorno más cercano fue clave.

¿Crees que la gente de tu alrededor te apoyó lo suficiente?

Debo de decir que he tenido a mi lado a algunas personas que sin ellas no hubiese sido capaz de seguir adelante, en muchos sentidos, y a las cuales estaré eternamente agradecida. Es verdad que cuando vives una situación así, en la que te encuentras completamente perdida a nivel emocional, el sentimiento de soledad es muy frecuente. Y pesa muchísimo. No puedo dejar de mencionar a Naia, mi perra, mi compañera, ella ha sido quien ha conseguido sacarme la sonrisa en los peores momentos. Ha sido, y es, el motor de mi vida.

¿Por qué no se lo contaste de inmediato a tu familia?

Por la distancia. Porque contar esto a través del teléfono no es fácil, porque para explicarlo necesitas mirar a los ojos y hacerles sentir que, a pesar de todo, vas a seguir adelante.

Una, como mujer, se siente juzgada constantemente. Hay una enorme presión sobre nosotras. Debemos ser las mujeres perfectas, las amigas perfectas, las parejas perfectas... Y además, agachar cabeza.

¿Cómo reaccionaron al saberlo?

Imagínate. Lo primero es la sorpresa, no podían creer que me hubiese estado pasando. Tenían otro concepto de él... Están viviendo emociones encontradas, desde la tristeza a la rabia, pero siempre apoyándome. Debo confesar que no he entrado apenas en detalles con ellos. Por protegerlos a ellos, y por mí. Explicarles a tus padres una movida así es algo que me ha resultado casi imposible. No sé ni por dónde empezar. Se me hace un nudo en la garganta.

Con mi hermana me he sentido más cómoda. Todo ha fluido más. En cuanto se enteró no dudó en hacer miles de kilómetros para estar a mi lado.

¿Cómo fue la atención de las instituciones?

La falta de medios es escandalosa. Es algo muy grave. Existe un protocolo escasísimo, aunque las profesionales son fabulosas y el trabajo que realizan, impecable. En mi caso, he tenido la suerte de dar con una trabajadora social y una psicóloga excelentes. Como siempre digo, han hecho magia conmigo. Pero las políticas contra la violencia de género y los medios necesarios para la recuperación posterior dejan muchísimo que desear. Cuando antes te hablaba del sentimiento de soledad que tengo, también me refería a lo que las instituciones y la sociedad te hace sentir.

¿Te has sentido juzgada o ignorada por ellos?

Por las instituciones no me he sentido juzgada. Pero es verdad que siempre ha sido muy incómodo tener que explicar una y otra vez la situación que he vivido. Es algo muy desagradable. Sobre todo al principio, con todo el sentimiento de culpa y vergüenza que una lleva encima.

¿Culpa y vergüenza tú? ¿Por qué?

Por la sociedad. Una, como mujer, se siente juzgada constantemente. Hay una enorme presión sobre nosotras. Debemos ser las mujeres perfectas, las amigas perfectas, las parejas perfectas... Y además, agachar cabeza. Hay muy poca concienciación sobre la gravedad del tema, falta de sensibilidad y mucha ignorancia. Desde el "te lo merecías" al "yo, si hubiese sido tú, no le permito que me toque ni una sola vez, ¡¿cómo lo has permitido?!" Y ahí entran la culpa y la vergüenza.

Por una parte por un entorno que desconoce y culpabiliza, y por otra por el juego que tu propio agresor ha estado jugando contigo, en la que te señala como responsable de sus idas de olla.

Y eso, una vez y otra, y otra y otra, te termina entrando en la cabeza y te lo crees. Así funcionan los mecanismos de la violencia psicológica.

El juicio se celebró hace poco. ¿Cuál fue el veredicto?

Tiene una orden de alejamiento. Pidió la conformidad a la fiscal. Lo que significa que acepta y reconoce los hechos. Y está dispuesto a cumplir lo que previamente la fiscal había pedido en la apertura del juicio oral. En su favor, le reducen la pena un tercio. Aún estoy a la espera de que mi abogada me haga llegar la resolución en papel.

¿Crees que es suficiente?

¿Suficiente? Creo que lo que he vivido y lo que aún estoy viviendo no puedo ponerle una cifra económica. Si hablamos de pasta e indemnización. Todo lo demás es simbólico. No hay antecedentes, no hay pena de prisión cuando le piden 12 meses de cárcel.

¿Qué crees que es lo peor de pasar por una situación así?

Lo peor y más desmoralizante es cuando estás sentada en la sala de espera del centro de atención y acogida para mujeres víctimas de la violencia de género y al lado tuya tienes sentada a una mujer de 70 años. Y entonces te preguntas, ¿desde cuándo?, y sobre todo, ¿hasta cuándo? Y entonces te das cuenta que el machismo lo vivimos todas, desde una niña hasta una abuelita de 70 años. Desde la más rica hasta la más pobre. No hay distinción. Y no solo a través de la violencia física. El machismo es la manifestación de una sociedad patriarcal que nos agrede a todas y cada una de nosotras desde la visión y consideración discriminatoria que tiene de las mujeres.

Hablamos de poner límites, ¿cómo ayudarías a otras mujeres a identificar esos límites?

A mí me costó mucho identificarlos, reconocerlos. Supongo que era porque me pasaba a mí. Si una amiga me cuenta mi historia como si le pasase a ella, los hubiese identificado a la primera. No sé, es difícil hablar. La teoría nos la sabemos todas, pero cuando te ves, o más bien, no te ves, en una espiral de agresividad y violencia estás desubicada. Pierdes la visión real de las cosas. Lo mejor es contarlo, hablarlo con quien tengamos confianza, con alguna profesional, superar esa vergüenza y dejar que nos ayuden.

¿Cómo te sientes ahora?

Estoy en pleno proceso de "curación" y aunque haya días muy nublados, siento que lo que me espera solo puede ser mejor. Pero es un camino difícil y muy, muy lento. Todo está demasiado reciente, ganas de luchar no me faltan, por mí misma, ¡claro!, pero también por mis amigas, mis hermanas, por mi madre, mis compañeras, por todas y cada una de nosotras.

Astrid, muchas gracias por la entrevista. ¿Hay algo más que te gustaría compartir con quienes nos leen?

Antes que nada, quiero agradecerte a ti, Paula, que escribas sobre este tema, es crucial visibilizarlo, con todas las palabras, las que son. Que se sepa que debemos cambiar la estructura de nuestras sociedades para que ninguna mujer sea "violentada". Para que no haya ni una mujer asesinada más. Gracias por darme la oportunidad de contarlo, forma parte de un proceso de superación y de amor, amor hacia mí misma. Mucha fuerza a todas.


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Cuando hablamos de hacer la entrevista, a Astrid le preocupaba que su testimonio fuese una llamada 'a las armas', una especie de caza de brujas contra su agresor ya que en nuestros círculos sabemos quién es. Acordamos entre las dos que era preciso poner el foco en la reflexión de la violencia estructural para que así lo importante sea la experiencia y no solo el agresor. Cuando, durante la entrevista, le pregunté si estaba cómoda con las preguntas, Astrid me contestó: 'siento que debo hacerlo. Por mí. Por nosotras. Y tú me tiendes la mano y todo se hace más fácil'.

El próximo 7 de noviembre habrá una manifestación contra las violencias machistas en Madrid.