Por qué son tan populares los vídeos de ‘qué como en un día’
Ilustración de Elnora Turner
Salud

Por qué son tan populares los vídeos de ‘qué como en un día’

Los vídeos de ‘qué como en un día’ se han convertido en un objeto eterno de debate sobre si los influencers promueven hábitos poco sanos o si simplemente ‘hacen lo que es mejor para ellos mismos’.
30.9.20

Este artículo se publicó originalmente en VICE Estados Unidos.

¿Qué debemos hacer si vemos a influencers o youtubers que no parecen comer lo suficiente? Parece que tienen contenidos sobre no comer demasiado, la gente les acusa de no comer lo suficiente y ellos se defienden y dicen que EN REALIDAD se sienten perfectamente (y a veces sus seguidores les imitan). Esto es lo que le ha pasado en este último año, y especialmente en los últimos meses, a Cassey Ho (de Blogilates), que empezó una dieta breve, luego una dieta más larga y ahora me parece que está por debajo del peso adecuado y, por lo que se ve en sus publicaciones, realmente no come demasiado, especialmente para una persona activa.

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Creo que probablemente la respuesta es “no te metas”, pero es triste ver a alguien cuyo contenido adoro en un lugar tan oscuro y no darse cuenta. Si fuese mi amiga le diría algo (aunque no estoy segura de el qué), pero también por ser una figura pública parece especialmente justo decir algo, pero si alguien la ataca, sus seguidores la defienden diciendo: “Nadie puede decirle lo que es mejor para ella”. Parece una excusa muy popular últimamente, pero no lo sé, ¿no puede nadie nunca decirle lo que quizás no es lo mejor para ella porque le hace daño? Adoro a Cassey desde hace muchos años ¡pero odio verla sufrir! —Ali

Un breve resumen: hace alrededor de un año, Cassey Ho, que hace vídeos de YouTube y publicaciones de Instagram bajo el nombre de Blogilates, comenzó un reto de 90 días para ponerse en forma de una vez por todas, “mental y físicamente”. Parece ser que esto tomó a algunos de sus seguidores por sorpresa, que creían que Ho, que lleva años siendo influencer de fitness, ya estaba en forma. Además, publica de vez en cuando vídeos sobre “ideas de comidas sanas” y millones de personas siguen sus entrenamientos. Alguna vez ha dado a entender que tiene una relación un tanto tormentosa con la comida o ha dicho que le gustaría poder comer en grandes cantidades, cosas como “un burrito del tamaño de un bebé” o un “cuenco de noodles del tamaño de una pizza”. Asimismo, ha reconocido ser una comedora emocional.

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Este reto de 90 días resultó ser un año entero y ahora Ho publica más fotografías de lo que come y de su física, que ha adelgazado notablemente (ella misma ha confirmado que ha perdido peso), de nuevo, para horror de sus seguidores que critican las porciones de los platos que además parecen carecer de carbohidratos. Ho recientemente publicó un vídeo defendiéndose y diciendo que “las frutas, las verduras y las palomitas ¡¡SON CARBOHIDRATOS!!” y que los carbohidratos “me alteran la digestión y me hacen tener muchos gases y estar hinchada, además de tener sueño después de comerlos. Así que obtengo carbohidratos de las frutas y las verduras”.

Un comentario crítico en el Instagram de Ho (@blogilates)

En la misma línea, hace poco fue criticada por hacer un tiktok en el que ensalzaba los beneficios de la “prueba de la banana” para saber si tienes hambre (si no te comerías una banana, es que no tienes hambre, según esta regla un tanto dudosa que algunos dietistas han refutado). En una publicación de julio en la que respondía a las críticas sobre su cuerpo, escribió: “Ah. Veo que otra vez estamos diagnosticándome un trastorno alimentario… PARAD DE ADUEÑAROS DE MI CUERPO. Primero, que estoy demasiado gorda. Ahora, demasiado delgada. No tenéis derecho a juzgar mi cuerpo. Ni cuando pesaba más, ni ahora. NUNCA… Es MI verdad. Y si no crees mi verdad, entonces te invito a emprender tu propio viaje y a encontrar tu propia verdad”. Hace un par de días, publicó un vídeo sobre “cómo perdió 9 kg”, en el que promocionaba un plan nutricional que ha diseñado con su dietista.

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En unos comentarios que me hizo llegar a través de su representante, Ho fue más diplomática y reconoció que antes tenía problemas con un trastorno alimentario, pero ya no: “Antes, sí tenía problemas de ortorexia después de participar en una competición de bikinis en 2012. Siguiendo los consejos de mi entrenador personal me quedé delgada en solo 8 semanas. Llevaba una dieta baja en hidratos de carbono y alta en proteína. Me enseñaron a evitar la fruta… No era una forma de alimentación sostenible durante mucho tiempo”, escribió. “Me llevó años de trabajo interior y de llevar diarios deshacer esa relación tan poco saludable con la comida, pero ahora estoy completamente curada. No le tengo miedo a la comida. ¡Veo la comida como nutrientes, como una alegría y como energía!”.

Ho es solo un ejemplo más de muchos, muchos, muuuuuuuchos influencers que publican lo que comen para perder o mantener el peso. Los vídeos tipo “lo que como en un día” son un contenido extremadamente popular en vlogeros, modelos, actores y otra gente sorprendentemente famosa, además los que publican contenido más específico sobre fitness; tenemos la misma curiosidad morbosa, o incluso más, por saber lo que come la gente que por saber lo que llevan en el bolso.

Pero a menudo, la recepción de estos vídeos, especialmente los de la gente convencionalmente atractiva que parece no comer demasiado, sigue un patrón: la persona publica el vídeo; la gente comenta en masa acusándola de tener un trastorno alimentario y de promover un comportamiento poco sano; sus seguidores, y a veces ella misma, publican diciendo que “es su cuerpo y tiene que hacer lo que le haga sentir bien” y, otras veces, que “no eres médico así que no lo sabes”. Todo el mundo se enfada y está a la defensiva y la persona que publica el vídeo casi con toda seguridad se va a comer la comida que aparece en el vídeo. La pasión de estos debates es tan intensa que ha surgido una subcategoría en la que otros personajes públicos reaccionan a las publicaciones de “qué como en un día”, desencadenando un nuevo debate.

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Creo que para entender lo que está pasando, necesitamos separar varios problemas y analizarlos uno a uno: 1. si alguien como Ho debería publicar lo que come, aunque se justifique diciendo que “la hace sentirse bien” e intente mostrar que no quiere dar consejos médicos; 2. si Ho tiene derecho a pensar que nadie debería criticarla, ni siquiera los expertos, puesto que una publicación nunca va a mostrar realmente cómo es la salud de una persona; y por último, 3. teniendo todo esto en cuenta, qué deberías hacer tú.

Centrémonos primero en los vídeos de “lo que como en un día” en sí mismos. ¿Está mal realmente publicarlos? ¿Está mal criticarlos o preocuparse por la persona que los publica? ¿Está bien, como la influencer y sus seguidores repiten con gusto, decir que es lo que le viene bien a ella “porque es su cuerpo”?

Ho me dijo que cree que “cada persona es diferente, así que ninguna dieta o entrenamiento funciona para todos por igual. Es importante que los líderes del mundo de la salud y el bienestar enseñen a sus seguidores la importancia del autodescubrimiento para entender el cuerpo”.

Pero también añadió: “Solo he compartido las experiencias que creo que podrían servir a otras personas, nunca nada que no le recomendaría a un amigo cercano”.

Ninguno de los expertos con los que he hablado desaprobaba específicamente las publicaciones de Ho, pero sí los impulsos de los seguidores que imitan a los influencers. (Y creo que es razonable señalar que estos vídeos no son populares porque la gente se divierta viéndolos, sino porque relacionamos sus resultados con cómo se ven estas personas). “Como regla general, la gente debería conseguir información sobre salud y nutrición de una fuente creíble y con credenciales que esté preparada para individualizar los planes de cuidado basándose en la persona que tienen enfrente”, nos explicó Maya Feller, una dietista. “Es normal que alguien quiera seguir los pasos de una figura pública, pero a veces no es prudente. También, me gusta recordarle a la gente que realmente no vemos lo que ocurre en la cocina o en el hogar de esa persona. Especialmente, no sabemos a qué recursos tiene acceso o qué tipo de equipo sanitario hay detrás”.

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Según los expertos con los que he hablado, estos vídeos caen en la categoría de “es un país libre y puedo publicar lo que quiera”, pero también los seguidores pueden contestar como quieran, porque esa publicación está hecha para consumo público y forma parte de su plataforma. Sin embargo, es bastante confuso publicar este tipo de contenido y decir que “no recomendaría nada que no le recomendase a un amigo cercano”, como en el caso de Ho, pero al mismo tiempo pedir a la gente que no haga lo mismo y que se embarque en su propia “travesía de autodescubrimiento” o que no critique el vídeo por mostrar unos hábitos posiblemente dañinos. “Si tienes una cantidad significativa de seguidores, tienes que asumir que hay un número de ellos que podría estar en una situación vulnerable y acude a ti para recibir consejos o guía”, dijo Claire Mysko, presidenta de la National Eating Disorders Association.

Lorien Abroms, profesora de prevención y salud pública de la Universidad de George Washington, nos dijo que a pesar de que no se hagan responsables, están fijando un ejemplo a seguir. “Claramente, es peligroso en el sentido de que la gente imita a los influencers”, dijo Abroms. “Así que, si ven a gente que dice ‘ah, mira, me he comido un dónut, pero solo un mordisco’ o ‘mira lo delgada que me veo en estos pantalones’ o ‘mira todo el peso que he perdido’; van a querer imitarla”.

Abroms dijo que no hay suficientes investigaciones que midan el impacto que tienen los vídeos de los influencers en la salud de sus seguidores, especialmente los más jóvenes, así que un descargo de responsabilidades no es suficiente para distanciarse del impacto negativo que puedan tener sus acciones. “Probablemente los influencers se exoneran a sí mismos porque nadie les ha demostrado que lo que hacen es dañino. Pero mi experiencia, en los pocos estudios que he llevado a cabo, es que son realmente dañinos y por eso no creo que el descargo de responsabilidades sea suficiente”.

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Es tentador ver a un influencer como un amigo y, en ese caso, preguntarse si realmente muestra una relación poco sana con la comida y con su cuerpo. Pero la respuesta no importa realmente, porque las redes sociales no son la realidad, a pesar de que ellos muestren cada segundo de su “viaje” de autodescubrimiento en sus perfiles (Ho me dijo en los comentarios: “No comparto nada que no sea realmente lo que yo soy. Por esa razón muestro las comidas sanas y las rutinas de ejercicios, pero también mi amor por los postres y mi odio a los burpees). Sin embargo, algunas de estas publicaciones son completamente ficticias, ya sea porque comen más o menos de lo que publican, porque se dan atracones o restringen alimentos; o porque comen con total normalidad, pero se muestran mucho más ascetas de lo que son en realidad porque conocen bien las estrategias que funcionan, lo que triunfa en el algoritmo y lo que la gente comparte o guarda.

No obstante, la pregunta sigue en pie. Aún cuando no estuviera bien mostrar preocupación por los influencers como personas, si das por hecho que lo que comen es falso o está adornado de alguna manera, ¿no sería justo criticarlos por dar valor a una dieta poco sana, pero que publican porque la gente responde y funciona muy bien en las plataformas sociales?

Según los expertos, sí, pero esa no es la cuestión. “Las publicaciones de Cassey Ho y personas con mensajes similares no aparecen en las redes sociales de la gente por casualidad”, dijo S. Bryn Austin, profesora de salud pública en la Universidad de Harvard. Según nos explicó, las redes sociales tienen algoritmos completamente invisibles que muestran este tipo de contenidos a los usuarios, junto con anuncios o productos que las empresas creen que podrían ser lucrativos. Ella recomienda ser críticos con las plataformas y algoritmos en los que se publica este contenido y no con los autores. “Desde un punto de vista de salud, puede que haya razones para criticar las publicaciones de Cassey Ho, pero eso sería apuntar demasiado bajo”, dijo Austin. “Deberíamos apuntar más alto, a las plataformas, que hacen algoritmos manipuladores y explotadores, y a los anunciantes, que se lucran promoviendo la insatisfacción corporal y los trastornos alimentarios”.

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Entonces, ¿qué es lo mejor que podemos hacer en estos casos? ¿Sentir vergüenza ajena y pasar? ¿Involucrarse críticamente? ¿Dejar de seguir?

Austin recomienda pedir explicaciones a los sitios como Facebook y presionar para que controlen más las plataformas y los algoritmos.

Instagram lleva a cabo un escrutinio mucho menor comparado con Facebook o YouTube. La razón puede ser que la plataforma se centra en contenidos de bienestar y salud, que en general son mucho más ligeros que, por ejemplo, la política o los negocios. Vale, puede que Instagram haya dado popularidad a los ejercicios de cadera, a las infusiones détox o al carbón activado, pero estos contenidos no amenazan a la democracia tal y como la conocemos, ¿no? En cualquier caso, es interesante analizar el tipo de contenido que triunfa en Instagram y preguntarse si es obra del libre mercado o si hay una razón calculada que se alimenta de nuestras inseguridades.

Imagino que en realidad no quieres saber si es justo o no criticar a esta gente, sino quién tiene la razón, porque, si eres tú, vas a pensar que tienes el derecho a decir lo que quieras y a esperar que afecte de alguna manera al influencer que tanto te importa. Pero la verdad es que no hay una respuesta correcta. Puedes tener la razón Y estar en tu derecho de criticar o expresar tu preocupación Y la influencer no tiene por qué escucharte o tomarse la crítica a pecho, por desgracia (aunque, en un contexto de negocios, es difícil no preguntarse por qué alguien sigue publicando un tipo de contenido que a gran parte de sus seguidores no gusta). Pero piensa que quizás todos somos prisioneros del mismo algoritmo basura y, aunque sería bueno que los influencers fueran contracorriente y más responsables con su contenido, sería mucho mejor si la plataforma no les recompensara por ello.

Aviso: Casey Johnston no es médica, dietista, entrenadora personal, fisioterapeuta, psicoterapeuta o abogada; simplemente ha leído muchísima información sobre el tema y levantado muchísimas pesas.