La protesta que comenzó el 28 de abril en Colombia y que tuvo como detonante el proyecto de reforma tributaria, es en realidad un cúmulo de quejas por una sociedad desigual y un Gobierno desconectado de la población. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora
La violencia contrasta con las múltiples manifestaciones de protesta pacífica, donde una consigna frecuente es que todos los actores armados dejen de lado la barbarie. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora
La recesión económica sin precedentes que sufrió Colombia en el 2020 a raíz de la pandemia y la falta de apoyo por parte del Gobierno a una población empobrecida han sido factores determinantes en la duración e intensidad de esta protesta. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora
Yonny Rojas llegó a Siloé siendo un adolescente. El arte y el apoyo de su familia fueron clave para persistir en el estudio. Hoy ayuda a jóvenes a acceder a la educación. Carlos Peña tiene 24 años y hace 5 es activista político. Dice que el triunfo de esta protesta es que la gente entendió que la democracia también se hace en la calle. Erlendy Cuero, miembro de Afrodes, lleva años denunciando el abandono del Estado en barrios como Llano Verde, en donde el año pasado masacraron a cinco adolescentes. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora
Desde las protestas de noviembre de 2019, estaciones de policía ubicadas en los barrios, conocidas en Colombia como CAI, se han convertido para los manifestantes en símbolo de abuso policial, por lo que han sido un blanco recurrente del vandalismo. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora
Nicolás Guerrero, de 22 años y primo del alcalde de Cali, fue asesinado el 2 de mayo mientras rendía homenaje a otras personas muertas en medio de las protestas. Sus amigos y familiares lo despidieron con grafitis en su ataúd. Crédito: Archivo Amnistía Internacional / Christian EscobarMora