Rambo, también apodado Sodom, es un tipo de Guipuzkoa (Euskadi) muy conocido en el underground punk, metal y squatter vasco que toca el bajo en el grupo de grindcore Iron Batasuna y tiene una curiosa afición que podríamos situar a medio camino entre la escatofilia, el activismo social y… ¿el arte? Cuando sus entrañas le apremian a aliviarse, no duda en satisfacer sus necesidades en el primer espacio abierto que le pille a mano, bien sea en un idílico paraje al aire libre o la mansión de algún preboste local.
Por lo que nos habían contado, su historia nos recordaba mucho a la del
legendario “Serial-Shitter” que actuó en Barcelona durante los años 80
y desapareció sin dejar más rastro que un número
indeterminado de excrementos depositados en los sitios más modernos y
lujosos de la ciudad. Así pues, con la intención de saber más acerca de
esta afición suya, nos citamos con Rambo una soleada tarde de junio en
la apacible y aristocrática ciudad de San Sebastián. Esto es lo que nos
contó.
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Vice: Hola, Rambo. Toda leyenda tiene un comienzo. ¿Cómo empezó la tuya?
Rambo: De pequeño pasaba los fines de semana en el caserío de mi abuelo. Se trataba de una especie de chabola, con un retrete “artesanal” que no era otra cosa que un retrete arrancado de algún piso y colocado en medio del monte. En vez de agua corriente, mi abuela ponía unas revistas viejas. Para mí siempre fue un placer cagar al aire libre, disfrutando de la brisa y del paisaje…
Y esa feliz experiencia infantil derivó, ya de adulto, en evacuar en cualquier espacio, público o privado. ¿Existe algún “leit-motiv”? Es decir, ¿reivindicas algo, es un acto de protesta, expresión artística, tal vez?
No, no. Cuando me entra el apretón, lo hago y punto. Lo óptimo sería hacer un “compostaje” con tu cagarro, pero viviendo en una ciudad como ésta, veo complicado el ir por la calle con una pala y cavando en los jardines.
Pero sabemos que has dejado algunos “regalos” a gente poderosa.
Es cierto, aunque no todo puedo contarlo. Aquí en Donosti hice una acción memorable, fue el dia de Año Nuevo. De camino a casa tras echar la farra, en vez de ir por el camino habitual lo hice por una zona residencial. “¡Hostias, estas son las casas guapas!”, pensé. En una de ellas vivía un constructor, el jefazo de la inmobiliaria que echó a los okupas de mi barrio y que se ha cargado medio Donosti. Recordé qué portal era y me dije “Ongi etorri!” [en euskera, bienvenido]. Y le dejé un zurullo bastante consistente. Me faltó poner una nota: “Urte Berri On!” [¡feliz año nuevo!]. También tengo otra anécdota en Barcelona, cuando los Iron Batasuna fuimos de gira con la banda Destierro. No recuerdo la fecha, pero sí el lugar… A ver, creo que lo tengo por aquí apuntado… Sí, fue en Molins de Rei (Barcelona), en la calle Rector Colon, número 10.
Rector Colon, muy apropiado.
Bueno, quizá era Colón. En fin, me metí en una casa con un jardín en el que estaban aparcados un Porsche, un Jaguar y un Hummer. Y me desahogué apasionadamente en su puerta. Incluso piqué al timbre para darles la sorpresa, pero eran las 3 de la mañana y estarían sobando. La intención es lo que cuenta, hahaha.
¿Admites, pues, cierto trasfondo reivindicativo en lo que haces?
Hombre, si de paso le hago una faena a un rico hijo de puta, pues genial. De todos modos, no lo veo yo como una lucha en plan “¡mi cagarro podrá contra el imperio de los ricos!”. Para mí es más un pequeño presente, un símbolo. Pero no voy con una capucha en plan superhéroe ni planeo mis acciones al estilo del “serial-shitter”, ahí, cagando en medio de pistas de baile.
Pues tendría su aquel que un tipo con pijama y antifaz sembrara el pánico escatológico en una ciudad tan pija como Donosti. ¿Tienes algún tipo de firma, de marca, para señalar tus acciones? No sé, el clásico as de picas, un garabato en la pared…
Suelo mear encima de mi cagarro, deformándolo con el chorro y dándole forma de cuenco.
¿Sigues alguna dieta especial?
No. Llevo mucho tiempo sin comer bichos, pero aparte de eso y del “alpiste” de los fines de semana poco más, nada fuera de lo común. Eso sí, ingiero mucha fibra para facilitar la tarea…
¿Cuál ha sido el escenario más extraño en el que has dejado una de tus deposiciones?
Un altar, en una ermita, en el monte. Hacía mucho frío fuera, y claro…
Confiesa de una vez: me han contado que llevas un “cuaderno de bitácora”, una especie de diario en el que haces un seguimiento exhaustivo de todas tus acciones. ¿Es verdad?
Te han exagerado un poco. A ver, siempre llevo un boli y un cuaderno encima para apuntar todas las paridas que se me ocurren, cualquier estupidez. Mira, aquí está. Apunto de todo, desde las fechas claves de mis fechorías hasta cosas como “Ayudar a mi compañero de piso a dejar de fumar” o “24 septiembre: echar una buena farra con Ibón, Mikel y Beñat”.
No lo estás contando todo. Me han dicho también que a veces compones una especie de poemas dedicados a ensalzar el arte y el placer de cagar en libertad.
Vale, es cierto. La historia es la siguiente: estaba una vez currando de prácticas como administrador y profesor de un programa de diseño, y solía asistir a un congreso los viernes aquí en Donosti. Imagínate el ambiente: tipos encorbatados, con su maletín, su portátil, gomina, pestazo a colonia… menos yo, claro, que llegaba en bicicleta, de gaupasa [de empalme], sin ducharme, con resaca, con un saco de dormir para irme luego de fin de semana por ahí. El caso es que me tomaba mis cafés para darle la vuelta al cuerpo. Café y cigarro… ya sabes. Entonces me iba al excusado y me daba por crear.
En una de estas ocasiones me metí en un baño hiperlujoso, increíble, con mamparas de cristal, etc. Y yo sólo pensaba: “con lo bien que estaría en el monte con un buen puñado de revistas, contemplando una imponente cordillera, y aquí estoy, en un puto palacio de cristal”. Y entonces creé esto. Te lo leo:
REFLEXIONES DESDE UN URINARIO LUJOSO
Qué áspero se siente mi ano
Observado por un charco perfumado
Con mis nalgas sobre la pulcra taza.
Apenas noto el hedor de mis excrementos
Espero no convertirme en parte del decorado
De esta cárcel de cristal de Bohemia.
Cuántos lumbagos habrán cedido
Perfumando los excrementos
Y los orines de encorbatados
Etiquetados por Calvin klein
Y paseados por deportivos descapotables…
Madre mía. No sé qué decir. ¿Podrías contarnos algo acerca de tu vida, si estudias, trabajas, a qué dedicas el tiempo libre?
Eso se lo dejamos a la prensa rosa.
Permíteme entonces que desvele parte de tu identidad, algo de tu faceta como músico. ¿Es cierto que a los Iron Batasuna no os permitieron entrar en Croacia?
En realidad nos deportaron. Todo se debió al merchandising. Llevábamos una caja con un montón de camisetas, las de “txaraina bastardo” [en las camisetas sale un Eddie –la mascota de Iron Maiden– vestido como un antidisturbios de la ertzaintza –policía vasca– con la porra ensangrentada, en posición amenazante]. Los agentes de la frontera eran los típicos maromos del “otro bando”: supertochos, con cicatrices, mala hostia, mirada de asesinos… ¡buff! Nos pidieron la documentación y al ver que nos acompañaba un chileno no tardaron en empezar a registrarnos. Pillaron las camisetas y nos echaron a gritos: “¡Fuera de mi país!”. Sellito en el pasaporte y, hala, deportados.
Supongo que las giras serán terreno abonado para tus acciones. Horas de carretera, dieta caótica, espacios abiertos…
Recuerdo una anecdotilla en Eslovaquia. Me vino el apretón de turno y el bar en el que estábamos no era merecedor de semejante regalo. Por ahí se ven unas diferencias sociales muy marcadas. Todo el mundo tenía coches destartalados, de la época soviética, lagas y demás. Pero de repente te topabas con el ostentoso rey del mambo con su súper Mercedes. En cada calle había por lo menos un cochazo. Así que me puse en modo busca y captura. La idea era cagar encima de uno de esos cochazos. Al final, como había muchos transeúntes, y al jugar fuera de casa, perdí la batalla. Tuve que hacerlo en un portal.
Debo admitir que aún no tengo claro de qué vas. La imagen infantil de cagar en el monte disfrutando de la brisa es un buen comienzo, pero no sé si simplemente estamos ante algún tipo de parafilia morbosa.
Tonterías. Mira, los animales conviven con sus excrementos. Los escarabajos coleccionan cagarros. Los perros se los comen. Los cerdos se revuelven en su mierda. Los hipopótamos la esparcen con su cola. Algunas tribus primitivas se construyen las casas con estiércol, otros lo utilizan como abono. Y nosotros, los urbanitas, ¿qué hacemos? Lo tenemos como un tabú. “¡Oh! Me voy al excusado”, “ Disculpad, me voy a pasear a Toby”. No debería ser así. Se trata de algo natural, joder, y cuanto más interactúas con la tierra mas respeto le tienes. Hay gente que pinta un cuadro por el que hay quien paga millones, y esa “obra” no es mucho mejor que lo que haces tú “en el excusado” un domingo cualquiera por la mañana. Yo creo que la vida en la ciudad y el stress nos han hecho perder el respeto por el mojón, parte esencial de la vida.
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