Lorde

Sobre juventud, dolor y 'Melodrama'

Lorde es el acto cerrador del escenario Doritos Bunker este sábado 17 de noviembre en el Corona Capital. Te contamos la historia de su segundo álbum.
Lauren O'Neill
London, GB
13.11.18

Este artículo apareció originalmente en Noisey UK.

Si nunca has a) estado enferma y/o b) llorado en público por la única y sencilla razón de que te jodieron el alma, entonces es probable que haya un nivel de Melodrama de Lorde que no sea para ti. Eso no significa que no puedas disfrutar el segundo álbum de la estrella de pop neozelandesa, que salió a mediados del año pasado y fue una de las placas más importantes del 2017 y viene ahora a México a presentarlo en el Corona Capital. De hecho, puede hasta que ames Melodrama —después de todo, ¿cómo vas a resistirte a esas letras sugestivas, a su maestría musical, a su humor tan mordaz?— pero, no sé. No sé si es del todo para ti.

Es raro e interesante relacionarse tan intensamente con la música. Con cierta frecuencia solemos ignorar la vida de las personas que hacen la música que amamos y, sin embargo, vemos que completos desconocidos cantan sobre nuestra existencia, y hasta les añaden melodías para devolvérnosla después. Y así fue como me sentí en el instante en el que puse Melodrama la primera vez. Este álbum, escrito por una mujer entrando a sus veintes, que apenas está empezando a descubrir muchas cosas, refleja perfectamente mi vida; y probablemente la tuya también.

Melodrama suena como a cuando bailo Carly Rae Jepsen en un cuarto sin ventanas, sudando y tomando ron con soda en un vaso rojo de plástico que me pasó un desconocido. Pero también suena a la mañana siguiente, cuando me despierto a las 7 AM con el corazón a punto de estallar. Melodrama es vómito. Es arrepentimiento. Es sexting. Es todas esas chicas lindas que conoces en el baño de un bar. Es un viernes por la noche, y es un domingo en la mañana y, por estas razones, es muy, muy perfecto.

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El álbum puede ser todas esas cosas gracias a un catalizador: un rompimiento amoroso devastador. Esparcido a lo largo del álbum, desde el primer track "Green Light" —"I know about what you did and I wanna scream the truth"— uno encuentra referencias a una relación fallida, la primera realmente significativa en la corta vida de Lorde. Melodrama está impregnado de esa aterradora libertad que llega al salir de una situación que te ha definido, y de experiencias que te permites tener cuando te deshaces de la red de protección (o la telaraña, dependiendo de tu punto de vista) de una relación estable.

Al ver estas experiencias —salir de fiesta, las resacas— a través del prisma de sus canciones, recordamos el asombro de nuestros primeros acercamientos a ellas. Y es ahí que, no importa si eres una mujer joven o no, Melodrama alcanza su poder universal. "Green Light", un pop que dilata las pupilas y que parece moverse en espiral, es seguido de inmediato por "Sober", una canción extraña con percusión errática y un interpretación vocal que todo el tiempo parece estar buscando aire. Si soy sincera, "Sober", con su extraño sonido de latido, se siente como un viaje aural a la cruda realidad que es embriagarse, donde hay una sensación palpable de una Lorde paranoica que está cantando la letra mientras se mira en un espejo roto estando sentada en un inodoro en medio de una gran fiesta (y sí, ella le dijo al New York Times en abril del año pasado que el álbum contaría "la historia de una sola fiesta en una casa").

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Hay muchos momentos así en Melodrama, donde siento que puedo enmarcar los eventos que Lorde describe en mi propia vida. Está por ejemplo "Liability", una balada de piano que suena a pérdida de serotonina, a comer carbohidratos en la cama, y a pensar todo lo peor de una misma en un domingo a las 2 PM. Está también "Homemade Dynamite" o, como me gusta llamarla, "Toda la gente que conoces y por un momento son tus mejores amigos cuando estás borracha". Y la maravillosa "Sober II (Melodrama)", una oda mordaz a enfrentar lo que uno hizo la noche anterior. En el contexto actual de la música, todo esto es realmente interesante y especial.

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La iconografía de la discoteca es un tema común en el pop, pero suele ser presentada como algo sumamente atrayente y unidimensional, y casi nunca un espacio relacionable. En "Sober II (Melodrama)", Lorde reajusta ese equilibrio al dotar de belleza los aspectos mundanos y desastrosos que hemos aprendido a amar de las fiestas. "Lights are one and they've gone home, but who am I? / Oh, how fast the evening passes, cleaning up the champagne glasses" canta ella con un telón de fondo de violines, que bien podría ser la definición de diccionario de 'melodrama', y que además da a la ingrata tarea del día siguiente cierta nobleza.

Pero hay otro lado de Melodrama; el lado que evoca los recuerdos de la relación que desencadenan los eventos del álbum. En esta parte, todos sentimos el abrazo del disco. El hecho de que esos recuerdos de un amor pasado resurjan es, en sí mismo, algo muy cierto en la vida: cuando intentas aprender a ser tú misma otra vez después de una relación larga, es difícil trazar una línea que entierre eso, porque los sentimientos involucrados suelen ser muy fuertes. Uno no puede y no olvida de la noche a la mañana, y el constante regreso de Melodrama a esa relación da fe de esa realidad.

En "Hard Feelings/Loveless" ella reconoce el proceso con dos caras de una moneda que implica superar eso, con toda la ternura ("I light all the candles / Got flowers for all my rooms / I care for myself the way I used to care about you", es cantado solemne y gentilmente, como si estuviera construyendo un altar para aprender a adorarse a sí misma, en vez de a un amante), y la brutalidad visceral. Pero aunque hay una sensación constante de mirar atrás y recordar, el movimiento dominante del álbum es hacia adelante. Hay incluso insinuaciones de una nueva relación en "The Louvre", que empieza como un track acústico y rápidamente se convierte en un tema pesado con un aire al soundtrack de The Virgin Suicides.

Las canciones sobre relaciones en este disco también son importantes en el sentido en que es en ellas donde sus influencias —tanto las contemporáneas como las otras— se ven más presentes. Cuando uno se da cuenta de que el pop está lleno de canciones y de amor, y que Lorde misma se ha declarado una fan ferviente de la música pop, todo empieza a tener sentido. En "Supercut" la escuchamos homenajear a una de sus heroínas del pop contemporáneo, Robyn, al celebrar que haya terminado su relación. Por otro lado "Writer in the Dark", que explora el lado más oscuro de su rompimiento, tiene el sello de Kate Bush, con un coro que parece salido directamente de Hounds of Love. Extrañamente, considerando lo mucho que he escuchado "Dancing on My Own" (de Robyn) y "Wuthering Heights" (de Kate Bush) en fiestas de casas recientes, incluso las influencias me parecen relacionables.

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Al escucharlo completo, Melodrama se siente como un bálsamo reconfortante y como un cuchillo en el pecho —a veces las dos cosas— porque transmite tus propias experiencias en todas las formas posibles. Es un álbum sobre una encrucijada muy específica que muchas personas llegan a vivir, y el hecho de que nos podamos identificar genuinamente con eso lo hace importante y especial. Es sobre ser joven, sobre aprender, y sobre experimentar un montón de emociones por primera vez, sobre darse cuenta que uno no sabe nada. Después de todo el amor fallido y la fiesta eterna, la última declaración del disco está encapsulada en sus últimas líneas: está en "Perfect Places" y es la nota final de aceptación, que contrasta con la búsqueda desesperada de "Green Lights" ("I'm waiting for it"). Una Lorde desgastada canta como quien habla: "All the nights spent off our faces / Trying to find these perfect places / What the fuck are perfect places, anyway?", y la verdad, no tengo ni puta idea, pero intentar descifrarlo se siente bastante bien, de alguna confusa manera.

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El Corona Capital es este sábado 17 y domingo 18 de noviembre. Lorde es la encargada de cerrar el escenario Doritos Bunker el sábado. Su set es de 9:30 a 10: 45 PM. Adquiere boletos aquí.

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