LGBTQ

La masculinidad tóxica puede destruir a la comunidad LGBT

Hice un meme sobre lo aburridas que son las fiestas gais “masculinas”. Las reacciones de la gente al final decían mucho más de la comunidad gay que mi chiste.

PorJeff Leavelltraducido por Núria Cabrera

Photo via Getty Images

La semana pasada estuve hablando con mi amigo Mateo Segade sobre la movida gay en Los Ángeles. Yo trabajo como portero en el Eagle y Mateo pincha en eventos queer de la zona y tanto él como yo hemos visto todas las caras de la vida nocturna gay, por lo que conocemos bien los pros y los contras. Probablemente haya bastantes más contras que pros.


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Uno de los peores aspectos de la vida nocturna gay es cómo puede llegar a interiorizar y a repetir hasta la saciedad las peores tendencias de los colectivos queer. Se dice que la gente queer, sobre todo los hombres homosexuales, son extremadamente inseguros y suelen tener grandes complejos. Los gais son susceptibles de sentir una inseguridad extrema respecto a su masculinidad. Es como un tipo de homofobia interna que les hace idolatrar a los “machitos” y rechazar a los afeminados.

A veces hacen gala de un racismo repugnante. De hecho, no es raro escuchar a tipos que públicamente declaran su “preferencia” por los hombres blancos a la hora de tener una cita o que critican ciertas razas sin ningún tapujo. Además, algunos se oponen a la presencia de mujeres y hombres gais no cisgénero en sus bares. La forma de vestir, el aspecto o el comportamiento de estos individuos a menudo refleja los traumas que han sufrido a lo largo de sus vidas.

A veces hacen gala de un racismo repugnante. De hecho, no es raro escuchar a tipos que públicamente declaran su “preferencia” por los hombres blancos a la hora de tener una cita o que critican ciertas razas sin ningún tapujo

Mateo y yo decidimos ponerle humor al asunto e hicimos un póster falso con Photoshop que reflejara toda esta mierda. Queríamos colgarlo una noche en alguna de las discotecas donde trabajábamos. Clint Yeager, uno de mis compañeros de Eagle, propuso el título “Tox-Masc” (masculinidad tóxica).

Luego nos vinimos arriba y empezamos a sugerir eslóganes graciosos como, por ejemplo, “Tú dices ‘queer’, yo te digo ‘¡pírate!’”, “Esta noche, espectáculo: tíos pegándose unos a otros”, “No queremos drag queens, mujeres ni nada que las represente” y “Con gogos superheteros que cogerán vuestro dinero gay”.

A la tarde siguiente, el anuncio de Mateo ya estaba publicado en Facebook, y al parecer tuvo un gran éxito. Incluso se hablaba de él en varias revistas gais. Amigos y desconocidos empezaron a enviarme mensajes por el anuncio; en algunos nos felicitaban y en otros nos criticaban. Aquellos mensajes decían mucho más de la comunidad gay que la broma que yo había creado.

Los remitentes de los mensajes me explicaban historias suyas de noches muy parecidas a la que anunciaba nuestro póster exagerado. “Hace unos meses fui a un bar gay en San Francisco”, me escribió un amigo que se considera de género fluido (me pidió que no revelara su nombre por la naturaleza de su historia). “Iba vestido de mujer y llevaba barba, con lo que les rompí los esquemas por completo.

El portero me dijo que no era bienvenido. Me quedé de piedra. ¿Que no era bienvenido? Nene, ¡estamos en San Francisco! Justamente aquí debería ser siempre bienvenido. El mánager del garito salió y me dijo que me calmara y que volviera otro día, porque esa noche no cumplía con el perfil que ellos pedían. ¿Qué coño significa eso?”.

“Si esas cosas pasan en San Francisco, imagínate lo que se verá en el puto mundo real”, añadió. “Me dieron ganas de enseñarle mi enorme polla y menearla por debajo del vestido, a ver si se le quitaba la tontería”.

“Yo una vez tuve que tragarme un sermón de quince minutos en la puerta de un bar gay en San Diego nada más llegar”, me explicó Jess Keys, conocida artísticamente como Xanadu Rocketship y famosa defensora de las drag queens. Ella se identifica como mujer bisexual y participa en espectáculos drag.

“Había quedado con un amigo después de su actuación. El portero me dijo cosas como, ‘¡Ni se te ocurra tocar nada con esas manos asquerosas ni mirar a nadie. Si alguien se pone agresivo contigo, los de seguridad no te van a defender’, etc. ‘Si pudiéramos prohibir la entrada a mujeres, lo haríamos. La mayoría de nuestros clientes odian a las mujeres’”. “Como si fuese a meterme en el cuarto oscuro y ponerme a tocar pollas”, escribió ella.

Algunos mensajes recriminaban la creciente presencia de mujeres, drag queens y lesbianas en las fiestas gais. Leer todo aquello me sacaba de mis casillas.

"Una vez un portero me dijo: ‘Si pudiéramos prohibir la entrada a mujeres, lo haríamos. La mayoría de nuestros clientes odian a las mujeres’"

“Yo sé de algunos relaciones públicas que nunca me contratarán por dedicarme al mundo drag, trans y queer”, me contó Mateo en una conversación que tuvimos después del éxito de mi cartel. “Se creen que por pinchar para grupos más inclusivos dejaré de ser un buen reclamo para el público hipermasculino, o que la música será demasiado ‘romántica’ y ‘cursi’”.

Que conste que Mateo y yo trabajamos en bares y locales donde se fomentan todos los tópicos que criticamos en nuestro panfleto, en garitos que celebran noches temáticas con requisitos que tienden a la masculinidad, como llevar barba. Y no estamos diciendo que esos lugares o comunidades sean algo malo. La comunidad bear surgió como un refugio para los gais que se sentían rechazados por los estándares de belleza impuestos por la el resto del colectivo gay, que normalmente se toman tan en serio que pueden provocar trastornos como la dismorfia corporal.

A primera vista, yo mismo cumplo con el perfil que mi póster está intentando criticar: doy la imagen de “masculino”, una realidad que acepto pero que, al mismo tiempo, me hace sentir imbécil, pues odio ponerme etiquetas. Llevo barba, entreno cinco días a la semana y la gente me ve como un “oso” (otra etiqueta que odio).


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La cosa es que no creo que la masculinidad o la atracción que uno sienta hacia los atributos masculinos sean necesariamente malas. Pero, cuando esa masculinidad o atracción se vuelven tóxicas —es decir, cuando aparece el comportamiento tóxico, la masculinidad se convierte en el penúltimo criterio que tiene uno para definir lo que le atrae, y eso lleva a marginar a aquellos que no cumplan con las expectativas o a crear divisiones y poner barreras entre las personas—, entonces es un problema.

Yo puedo ser masculino, pero el adjetivo “masculino” por sí solo me hace sentir incómodo. Es como si diciendo “soy masculino” estuviera diferenciándome de otros miembros de mi comunidad y dándole importancia a cosas que tienen poco que ver con lo que soy como persona.

Follad con quien os dé la gana, no me incumbe. Lo que sí me incumbe —y debería incumbirnos a todos— es cómo nos tratamos los unos a los otros como comunidad que somos

“Los que han reaccionado mal hacia nuestro panfleto son tipos que no conocen la diferencia entre masculinidad y masculinidad tóxica”, dijo Mateo. “Creen que lo que queremos decir es que todo el mundo debería llevar vestido o algo así. Pero nuestra idea no es para nada esa. Hay muchas fiestas geniales que celebran la masculinidad convencional de forma positiva. A lo que nosotros nos referimos es a toda una serie de comportamientos estereotipados y totalmente inaceptables causados por las influencias negativas de la cultura blanca y heterosexual que han invadido la vida nocturna gay en muchos sentidos”.

No estoy intentando decirle a nadie con quién debería follar o quién debería atraerle. Follad con quien os dé la gana, no me incumbe. Lo que sí me incumbe —y debería incumbirnos a todos— es cómo nos tratamos los unos a los otros como comunidad que somos.

Lo he dicho muchas veces, y lo digo muy en serio: en esta sociedad vivimos con demasiada presión. Deberíamos ser mucho más tolerantes y amables los unos con los otros. Deberíamos defender a todos y cada uno de los miembros de nuestra comunidad —en la que se incluye la gran comunidad queer y nuestros aliados— y el derecho que todos ellos tienen de ser la gente maravillosa que son en verdad.

¿Cómo puede ser que sobreviviéramos al VIH, a siglos de intolerancia religiosa y política, a décadas de intolerancia evidente y a la lucha por los derechos civiles básicos para acabar escribiendo “abstenerse tíos con pluma” en vuestro perfil de una aplicación de citas? Deberíamos celebrar los derechos y la aceptación que hemos logrado defendiendo la diversidad. Sed tan masculinos, femeninos o de género fluido como queráis.

Sed quién realmente sois y celebrad juntos que sois como sois. Porque las divisiones lo único que hacen es debilitar a nuestra comunidad, y ese impulso de división, la mayoría de las veces, lo heredamos de aquellos que han intentado oprimirnos durante años. Solo seremos fuertes si nuestra comunidad se mantiene unida y fuerte.

Y que le jodan a cualquiera que pretenda decirte que no perteneces a un espacio queer. Parafraseando lo que dijo mi amigo: ¡ Bitch, en estos lugares, precisamente, deberíamos ser siempre bienvenidos!

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Este artículo apareció originalmente en VICE US.

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