cine

El estilo épico de 'Romeo+Julieta': desde pelo rosado hasta vestidos Prada

Después de más de 20 años de la versión de Baz Luhrman, exploramos la relación entre moda y rebelión juvenil y por qué esta adaptación de la obra de Shakespeare es más relevante que nunca.
23.1.18
Foto: i-D

Este artículo fue publicado originalmente en i-D, nuestra plataforma de moda.

En septiembre de 2016, atendí a una transmisión en vivo del show estadounidense de entrevistas Tea at the Beatrice. Aquí, el escritor Glenn O'Brien estaba entrevistando a Baz Luhrmann. O'Brien preguntó al director algo que me dejó pensando: "¿cómo lograr lo imposible?" A pesar de que las películas de Luhrmann han recaudado millones de dólares, hay un elemento de incredulidad en cada una de ellas. El productor ejecutivo de su primer largometraje, Strictly Ballroom, murió inesperadamente durante producción, lo cual puso en riesgo el destino de la comedia romántica de 1992, que trataba del mundo del baile del salón competitivo, y lo dejó en una peligrosa incertidumbre. Para Moulin Rouge! su cabaret bohemio que se desarrolla en el siglo XIX, Luhrmann consiguió los derechos para canciones icónicas de David Bowie, Dolly Parton y Elton John, por medio de llamadas insistentes.

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Pero el trato más impossible que Luhrmann había conseguido, el momento que nos hizo preguntarnos "¿cómo pudo realizar esta película?" fue su película de dos horas, llena de acción y repleta de estrellas que, además, solo hablan en inglés isabelino: Romeo + Juliet. El éxito de 1996 logró modernizar a Shakespeare para la generación de MTV de una manera excepcional. Hizo más de 147,5 millones de dólares poniendo sonetos de Shakespeare encima de Radiohead y Garbage y vistiendo a los Montesco y Capuleto en Prada y D&G.

Han realizado muchas adaptaciones populares de la historia de Shakespeare de los amantes apasionados, desde West Side Story hasta High School Musical. Pero estas exitosas versiones ni siquiera retienen los "thine's" y "thous's" del inglés isabelino. Luhrmann, por otro lado, quien desarrolló su estilo dramático suntuoso, trabajando en el teatro y la ópera, ni siquiera consideraba la posibilidad de no usar el lenguaje original del bardo, y más bien intentó construir un universo único donde este podía residir en tiempos modernos. Según las notas de producción de la película, Luhrmann llamó a esto un "mundo creado": un espacio autónomo y contenido anclado en un pastiche de imágenes icónicas de elementos, de religión a tecnología, a folclore y a cultura pop. Este mundo fabricado/creado, "permitió a la diseñadora de producción Catherine Martin y la diseñadora de vestuario Kym Barrett muchas libertades creativas en la estética. Sin embargo, sus creaciones siempre fueron basadas firmemente en las palabras de Shakespeare". Esto ocurrió porque, como argumenta Martin, la Verona de Romeo y Julieta fue un producto de la imaginación de Shakespeare también. "Fue su visión como inglés de un país italiano mítico, donde todos eran apasionados e impulsivos…esencialmente, la Verona dónde Shakespeare basó su obra era un mundo imaginado".

Screenshot via Youtube

El mundo imaginado ultra colorido de Romeo + Julieta es Verona Beach, una mezcla entre Venice Beach, Miami, y Cuidad de México, donde grabaron la mayoría de la película. El mundo imaginado está, en parte, basado en la estética y tradiciones de estas regiones. Las atracciones decrépitas de la feria hacen referencia a la historia problemática de Venice Beach; en los años cincuenta, como en la película, el centro turístico, que alguna vez fue próspero, se volvió la muestra perfecta para la actividad pandillera. Martin usó de manera fenomenal el arte religioso mexicano por todos sus decorados exuberantes y románticos (ganó un Oscar por dirección artística en el proceso). Sin embargo, el mundo imaginado de Luhrmann no solo define el espacio físico que sus personajes ocupan. Ellos también están arraigados en el pastiche de íconos; desde cómo actúan hasta cómo se visten. Luhrmann nombró a El Padrino, la realidad intensificada de las películas de Fellini, y el estilo de Tennessee Williams como influencias detrás de las mentalidades y desiciones de sus personajes. A pesar de que los chicos Montesco y Capuleto han heredado la enemistad de sus padres, estos tienen una causa rebelde en común: desafiar a la generación mayor. ¿Cómo uno puede crear un vínculo entre las dos familias, y a la misma vez mantener sus identidades distintas? ¿y cómo atar esa juvenil rebeldía al mundo imaginado? Con moda.

Cuando Lurhmann describió esta división generacional, lo hizo por medio ropa de marca. Los miembros más viejos de los Montesco y Capuleto, "tiene un estilo tipo Yves St Larent o Jaqueline Kennedy de los años sesenta o setenta, mientras que la generación más joven rechaza esto", dijo. Ese rechazo toma dos formas distintas: Los Capuleto, liderados por John Leguizamo quien interpreta a Tibaldo, el rey de los gatos, tienen un estilo elegante, sexy y confeccionado a la medida gracias a la línea antigua de Dolce & Gabbana. Los Capuleto prefieren sobre todo prendas negras con siluetas apretadas y adornos decorativos: adaptaron sus fundas para ser accesorios de alta costura y llevan sus camisas dentro del pantalón para mostrar sus hebillas de cinturón llamativos. Uno de ellos lleva un grill en los dientes con la palabra PECADO grabada en la superficie.

Imagen via Twitter

A pesar de que los hermanos Montesco son de la misma clase social cómoda de los Capuleto, su ropa es mucho más relajada y utilitaria: camisas hawaianas desabotonadas, pantalones y bermudas amplias, inspiradas en el vestuario laboral, botas de combate o Chuck Taylors. "Con los hermanos Montesco hay como una sensación tipo Vietnam", explica Barrett, la diseñadora de vestuario, haciendo referencia al final de la guerra a mediados de los setenta, "cuando los soldados se ponían camisas hawaianas y bermudas y sombreros indígenas. Inventaron y adecuaron su propio estilo para el clima y su entorno". A pesar de que los Montesco no tienen chalecos antibalas acolchados y terciopelos como los Capuleto, esa pandilla no anda sin su propio código único de decoraciones (un aplauso para Mercucio en la fiesta de los Caputleto, que parecía como si hubiera salido de una pasarela de Ashish). Ellos no necesitan joyas, sus bermudas hawaianas son suficientemente vibrantes; no se peinan con gel hacia atrás para mostrar sus fundas elaboradas, se pintan el pelo rosado y se lo paran. Cada grupo es diferente pero ambos muestran su actitud rebelde a través de su pinta, lo cual los conecta en el mundo que comparten.

La rebelión a esta rebelión: los mismísimos Romeo y Julieta. A pesar de que ella viene de la casa de los Capuleto, uno no ve a Claire Danes en un vestido de plumas, negro y transparente (o desafortunadamente en un corpiño de "tomates y papas" de D&G de la colección de 1992); de la misma manera que no vemos a Leonardo DiCaprio con un peinado extravagante o con un par de pantalones rojos grandes, como si estuviera yendo a un concierto de No Doubt después de un tiroteo. En vez de eso, Barrett escogió la ropa "más simple de todas, con líneas limpias y sin adornos". Y para lograrlo usó Prada.

En los años posteriores al lanzamiento de esta película, Miuccia Prada diseñó una colección de camisa hawaianas tipo noir, un choque violento de colores, y adornos de estilo punk. Sin embargo, a mediados de los noventa, fueron sus "lineas puras y sencillas" las que llamaron la atención de Barrett y del resto del mundo a la elegancia sutil de la marca. Después de solamente haber lanzado líneas de ropa masculina en 1993 (pero ya usando a actores jóvenes para su campañas), Prada creó su línea de trajes de bodas en azul marino que contaba con camisa de algodón y corbata floral rosada, un homenaje a su herencia Montesco. Similarmente, la pinta de Julieta es sutil, simple y práctica, incluso en su disfraz de ángel que usa para el baile de los Capuleto. Luhrmann escogió a Danes por su desempeño en My so Called Life.

La rebelión juvenil toma muchas formas en la película, pero cada elección de estilo nace del mundo imaginado de Luhrmann, (de la misma manera en que algunos diseñadores crean un mundo para su ropa en la pasarela). Ese cóctel minimalista de Prada, moda vietnamita y prendas ultra sensuales de D&G no parece posible fuera de la imaginación de Luhrmann, del mismo modo en que musicalizar a Shakespeare con Butthole Surfers y The Cardigans podría parecer un desastre. Sin embargo, estas opciones son precisamente las que hacen que su versión sea tan única y clásica, y que hacen que otros directores consideren este tipo de elementos al pensar en adaptaciones. Yo no soy un fan de Arthur Miller pero si alguien pensara en hacer un remake de las Brujas de Salem con Vetements, una marca de ropa francesa, compraría una entrada.