La pesadilla inmobiliaria

La pesadilla inmobiliaria del mes: vive en el peor dúplex de España por 690€ al mes

La obsesión por tener dos plantas empieza a resultar preocupante.
20 Septiembre 2018, 4:00am
pesadilla inmobiliaria

'La pesadilla inmobiliaria del mes' es una sección en la que denunciamos los abusos más flagrantes y los pisos más sorprendentes del mercado inmobiliario en España. Si te has topado con algún palacio similar, escríbenos a esredaccion@vice.com.

¿Qué es?: Son dos micropisos independientes que han sido unidos a la fuerza y por la necesidad de tener más espacio, el problema es que no se han dado cuenta de que la solución elegida no resulta demasiado accesible.
¿Dónde esta?: En la Calle Monteleón, en la intersección de Malasaña con Chamberí, podemos decir sin miedo a equivocarnos que es uno de los mejores sitios para vivir del centro de Madrid
¿Qué se puede hacer por ahí?: De todo. Está en todo el meollo del centro pero lo suficientemente alejado como para poder descansar y hacer vida lejos de la galopante turistificación del centro de Madrid. Hay muchísimos bares y restaurantes para picar y comer en una de las zonas más castizas, pero también hay plazas para pasear y amplias avenidas como son Carranza, Sagasta o Alberto Aguilera. Es una zona que, por tener, incluso tiene varios supermercados cerca, que no es sencillo en el centro de Madrid.
¿Cuánto cuesta?: El precio es 690 euros. Luego habría que sumarle la operación de menisco por tener que subir y bajar todos los días hasta ahí, la prótesis de cadera y posiblemente también un par de implantes dentales, porque alguna caída habría con total seguridad.

No queda demasiado tiempo para que veamos un inmueble de dos plantas en el que haya subir y bajar con una cuerda. En la descripción podrían poner algo así: “apartamento perfecto para gente en forma y que practique crossfit. Dispone de cuerda con nudos para subir y tubo para bajar. Ideal para gente que esté preparando la oposición para bombero”. Y es que ahora mismo galopamos sobre la necesidad de tener un piso que tenga algo especial o distinto, aunque ese toque diferencial lo convierta en un acceso VIP al quirófano de tu hospital más cercano.

El piso del que hoy hablamos no se puede llamar dúplex. Técnicamente lo es, porque realmente tiene dos plantas, pero es que si nos ponemos finos, cualquier rocódromo también podría tener dos plantas. De hecho viendo la foto del salón y contando los diversos escalones que tiene esa planta, podríamos incluso considerar que estamos ante un piso de cuatro plantas. Que una estancia de no más de 10 metros cuadrados tenga tres alturas diferentes tiene muchísimo mérito y parece un salón diseñado por los guionistas de La que ser avecina.

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Ahora analicemos la foto, existe una cocina. El aspecto no es malo (escalones aparte), es una instalación pequeña con sus fuegos, su campana extractora, su frigorífico integrado, es un modelo clásico del Madrid de final de los años 90, pero aún así pasa el corte. Lo sospechoso llega cuando echamos la mirada arriba y vemos algo que cuelga del techo, como si una tapa se hubiera descolgado y estuviera ahí pendiente de ser arreglada. Sin embargo, pasamos a la siguiente foto y ahí está.

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Resulta que esa placa que pendía del techo no era tal. Se trata de la base de una escalera de acordeón que de forma vertical y realmente cutre se desprende sobre lo que pensábamos que era la cocina. En total son nueve peldaños metálicos que enamoran y que suponen todo un reto alpino para cualquier persona que se planteé la idea de vivir en este lugar. Durante el trayecto pasarás por encima de la lavadora, de la cocina y del extractor de humos... no es el Valle del Roncal a nivel de vistas, pero siempre puedes tener una visión de la cocina de la que casi nadie puede disfrutar en sus casa.

Entrando en materia física, los arquitectos e ingenieros suelen estudiar en sus primeros años de carrera las proporciones que ha de tener una escalera. Hemos pedido un análisis sosegado y lo hemos encontrado: “Jajajajajajaja, joder. Solo puedo decir que ante tal sistema mecánico y de engranaje, lo mejor será reutilizar el aceite de las croquetas para engrasarla.

Aparte de su incomodidad, veo un problema de higiene al subir con las zapatillas sucias, toda esa porquería podría caer en el sofrito si, por ejemplo, te estás cocinando un arroz. Como solución no está del todo mal ideado, pero ponerla al lado de la cocina lo fastidia todo. También hay que romper una lanza a favor del cerrajero que haya logrado hacer ese amasijo de hierros”.

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Una vez llegamos a final de trayecto y conseguimos ascender al piso de arriba, lo que encontramos no está mal. Hay dos camas y un par de escritorios bajo un techo abuhardillado que debe ser lo menos confortable de la habitación.

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Lo que tiene menos sentido es el armario que hay colocado entre las dos camas. ¿Qué se puede guardar ahí? Ropa, desde luego que no. Solo imaginar el trajín de subir y bajar la escalera cargado de ropa es algo que pone de mal humor. Bajar toda la ropa para poner lavadora, tenderla, subirla y guardarla en el armario, no parece que un hábito tan doméstico necesite tanta aventura.

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El último detalle bonito lo encontramos en la sala de estar de la vivienda. Las fotos no dejan mucho lugar a la imaginación, así que nos centraremos en las cosas que sí vemos. Hay un sofá cubierto de una sábana verde que no tiene mala pinta para echar siestas, pero falla lo que hay frente a él, no es la tele aunque lo parezca, enfrente está el microondas. En lugar de dormirse viendo el Tour, aquí puedes dormir viendo como se te descongela un solomillo de cerdo que te ha dado tu madre.