La pesadilla de enfrentarse a un casting para alquilar habitación

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La pesadilla de enfrentarse a un casting para alquilar habitación

En Madrid y Barcelona hay gente que llega a cobrarte la cama supletoria si subes a un tío a casa.

A principios de marzo, un mes después de que terminase un contrato de trabajo en Oviedo, decidí mudarme a Madrid. Así que me bajé a la capital y me dediqué diez días completos a buscar una habitación. Era todo lo que tenía que hacer así que, viendo la dificultad de mi única tarea vital, la búsqueda se convirtió en una auténtica obsesión.

Actualizaba cada diez minutos la página de Idealista. También los grupos de Facebook para alquileres donde la gente cuelga anuncios, muchas veces terribles o a precios desorbitados, provocando que cada uno medianamente decente y a un precio asequible se llene en minutos de decenas de mensajes avisando al anunciante de que tiene un “DM”.

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Si tenía suerte y me llamaban para ver el piso, podía encontrarme con situaciones de todo tipo. Compañeros que cuchicheaban a medida que avanzabas por el pasillo, saludos con los otros visitantes que entraban antes o después de ti, personas que te ponían por las nubes el piso para al final pedirte 900 euros de fianza por una habitación, o espacios que nada tenían que ver con las fotografías.

En una ocasión, después de que la chica que se iba del piso me hiciera preguntas del tipo: “¿te consideras una buena anfitriona?” o “¿tienes un novio o tienes algo en Madrid?”, me pidió que le dijese tres de mis virtudes y de mis defectos. Me quedé con las mismas respuestas que Amaia en la entrevista para la clase de protocolo de Operación Triunfo (“ay, no sé, no sé, qué horror, no sé qué decir”).

Al final tuve suerte y, después de un doble casting —primero con la chica que se iba y después con los compañeros que se quedaban— conseguí una habitación por un precio por debajo de la media. Pero no todo el mundo lo consigue. Estuve hablando con distintas personas que están buscando y que siguen peleándose contra los precios abusivos y las condiciones imposibles para alquilar una habitación.

Julia Domingo, 28 años, de Granada, busca piso en Barcelona

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Foto cortesía de Julia Domingo

Hace dos meses que estoy buscando habitación. Me he fundido de los pocos ahorros que tengo para empezar de cero y estoy empezando muy de cero. De estudiante viví en siete pisos diferentes pero jamás había visto esto. La gente alquila la habitación y te pone precio para usar las zonas comunes. No voy a estar pagando 350 euros para no poder cocinar en casa. No lo concibo.

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La prohibición estricta de visitas también está a la orden del día. Hubo un hombre, de unos 50 años, que te ponía un toque de queda al alquilarte la habitación. Decía que a las 11 te echaba la llave. En total habré visto cerca de 100 pisos ya. De hecho cuando llegué a Barcelona y no tenía dónde quedarme, podía ver tres pisos al día.

La gente alquila la habitación y te pone precio para usar las zonas comunes. No voy a estar pagando 350 euros para no poder cocinar en casa. No lo concibo

El caso más fuerte que me he encontrado fue con dos extranjeras que publicaban un anuncio en inglés alquilando una habitación con muchas preguntas. Yo mandé el correo y me contestaron que, si no respondía al cuestionario, iba a la bolsa de reserva.

En estos cuestionarios suelen preguntar el nombre, la edad, a qué te dedicas, qué nivel de estudios tienes —muy snob todo—, qué haces en tu tiempo libre, tres cosas que te gustan y tres que no, si tienes mascotas, si te gustan —a pesar de que en este caso se especificaba que el piso era sin mascotas.

A Julia la descartaron para alquilar esta habitación por no mandar sus usuarios de redes sociales

En otros me preguntaban si fumaba o no, aunque se especifique que es el piso era de no fumadores… Además, incluso aquellos que te lo subarrendan de forma ilegal, te suelen pedir una nómina o un contrato indefinido, que hoy en día es como pedirte un unicornio.

A estas chicas en cuestión les respondí al cuestionario. Su respuesta fue que gracias por el interés, pero que estaban filtrando y me había olvidado especificar el link de mis redes sociales. “Por desgracia te vas automáticamente al grupo de reserva”, me dijeron.

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Lucas Basile, 33 años, busca en Barcelona

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Foto cortesía de Lucas Basile

Habré contactado con 100 personas y visto como 20 pisos. Estoy pensando en escribir un libro o algo sobre esta búsqueda infinita. Ha sido una verdadera locura. Una vez vi una habitación en un cuarto piso sin ascensor. Entro y el chico me enseña mi cuarto: no había cama y estaba un poco sucia.

Me dice que me daría una, pero no tuve la oportunidad de verla o de probarla. También había que seguir muchas reglas, como tener que limpiar los espacios comunes según unas “reglas de cómo limpiar”, muy detalladas, que el tío había puesto en un papel muy grande en la cocina. Aunque la casa tampoco estaba muy limpia, más bien lo contrario.

Un tío me dijo que alquilaba la habitación y no el piso, y que por eso no podía invitar a amigos a comer o tener visitas. Hubo otra persona que, al contrario, me dijo que ella compartía piso y no sólo alquilaba una habitación, así que por eso no podía cerrar la puerta de mi cuarto o comer solo

También me encontré con dos habitaciones con el baño fuera del piso; en una estaba fuera del balcón y en la otra en el patio. La habitación del segundo piso no tenía ni ventana.

Después otro tío me dijo que alquilaba la habitación y no el piso, y que por eso no podía invitar un amigo a comer o tener visitas. Hubo otra persona que, al contrario, me dijo que ella compartía piso y no sólo alquilaba una habitación, así que por eso no podía cerrar la puerta de mi cuarto o comer solo.

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María Fernanda Ruiz, 22 años, de Colombia, busca piso en Madrid

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Foto cortesía de María Fernanda Ruiz

Soy colombiana y me vine a trabajar y a estudiar. Hace cuatro meses que llegué y habré visto más de 10 habitaciones. A veces te envían unos correos súper largos preguntándote sobre ti. Otras veces son estafas. Te llegan muchos anuncios que te avisan de que el piso que mirabas no es real.

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Lo más raro que me han llegado a preguntar es si estaría dispuesta a compartir habitación con alguien más: un señor de 50 años. Él dormía con su esposa pero de vez en cuando decía que se acostaba en esa habitación si su esposa no quería dormir con él. También hay veces que te piden cuenta bancaria, aval o el respaldo de un español si eres extranjera.

Cristina Solá, 31 años, de Barcelona, busca piso en Madrid

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Fotografía cortesía de Cristina Solá

Me mudé por trabajo hace poco más de un año. Vine con la intención de hacer una única mudanza, por eso fui muy selecta con lo que buscaba. Pero ya llevo tres pisos en un año y sé que en breve voy a tener que mudarme otra vez porque no me compensa el alquiler (500 euros sin gastos) con mi sueldo actual.

En total habré visto 11 habitaciones en un año. Me he encontrado varias veces con un casting en el que te cruzas con el anterior y posterior visitante y en el piso hay otras “tandas” de personas esperando para que, al final, te dediquen cinco minutos para enseñarte el piso, explicarte las condiciones y que te hagan un mini cuestionario (edad, a qué te dedicas, cuánto tiempo pasarías en el interior del piso, horarios, etc.). Luego te dicen que ya te llamarán cuando decidan a quién seleccionan.

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Me han llegado a preguntar es cuántas horas pasaría en el piso, porque algún inquilino estudia mucho y no puede distraerse con ruidos, así que quieren a alguien que vaya sólo a dormir

Lo más raro que me han llegado a preguntar es cuántas horas pasaría en el piso, porque algún inquilino estudia mucho y no puede distraerse con ruidos. Así que quieren a alguien que vaya sólo a dormir. Una mujer me dijo que, como primera norma, no podía subir a nadie a la casa y que si iba a recibir visitas tendrían que alojarse en la casa mínimo un día.

Al preguntarle qué significaba, si es que era un hostal o algo parecido, me contestó que había tenido muchos problemas con las visitas, desde que subieran a cualquiera de madrugada, pasando por los que dicen que van a estudiar y terminan viendo el fútbol en el salón, hasta la novia que se pasaba todos los fines de semana con el chico que tenía la habitación alquilada pero sin pagar gastos.

Una mujer me dijo que, como primera norma, no podía subir a nadie a la casa y que si iba a recibir visitas tendrían que alojarse en la casa mínimo un día, como en un hostal

“Con lo que para mí es muy importante que en la casa sólo entre la gente que vive allí. Como entiendo que la gente de fuera, podéis recibir visitas, os ofrezco poder alquilar una cama supletoria, en las habitaciones que están preparadas para ello”, me ofreció. Después de eso no esperé a leer las siguientes normas.

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También me han prohibido traer a chicos. La arrendataria vivía en el mismo piso y decía que había tenido inquilinas muy promiscuas que no paraban de traer chicos a casa. Y no le gustaba, sobre todo por tener que cruzarse a las 3 de la mañana con un chico en el piso que no conoce de nada. Así que decidió que nada de hombres ni de visitas.

Óscar Plano, 42 años, de Zaragoza, busca en Madrid

Fotografía cortesía de Óscar Plano

Me mudo a Madrid para estudiar en la Escuela Superior de Canto y en busca de un futuro laboral mejor. He estado buscando unos tres meses aunque no he visto demasiadas habitaciones, unas siete u ocho y otros cinco pisos que se alquilaban completos.

Pero me he encontrado con algunas situaciones desagradables. Sobre todo negativas por teléfono por ser hombre o por mi edad. Y viendo un par de habitaciones, me he encontrado con lugares muy sucios e inhabitables. También he tenido que participar en castings para conseguir la habitación, pero no los he superado.

Me he encontrado con algunas situaciones desagradables. Sobre todo negativas por teléfono por ser hombre o por mi edad

Lo más raro que me han planteado como condición para alquilar una habitación es tener que pagar tres meses de fianza y 180 euros adicionales por quedarme con unos muebles y una cama.

También he sido rechazado por no ser universitario, por no tener un trabajo con contrato indefinido y situaciones interminables de entregar papeles y más papeles para un piso (nóminas, avales, vida laboral, movimientos de cuenta), para, al fin, tras entregarlo todo, perder el piso porque se lo dan a alguien con mejor perfil que yo.