Cultură

Cinco razones por las que debe ir a la Gira de Cine Documental Ambulante

Ya se han proyectado más de cincuenta funciones en nueve municipios en la gira. Aún quedan ocho más.
15.11.17

Me di cuenta tarde de que los documentales no solo eran informativos. Antes de eso, de saber que podían ser entretenidos, rítmicos, artísticos, yo era una de esas personas que pensaba que sentarme a ver un documental era un plan ladrilludo y mamón.

La cagué pensando eso tanto tiempo.

No sé si fue gracias a mi carrera de Comunicación Audiovisual, a Netflix, a las buenas recomendaciones de la gente o si fue por obra y gracia del espíritu santo o de Alá, que el dichoso formato me terminó pareciendo una chimba. Descubrí muchos documentales increíbles que no solo tienen un contenido crítico importante, sino que entretienen por su forma y recursos narrativos.

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Este fin de semana volví a corroborar mi descubrimiento en la Gira de Cine Documental Ambulante, un proyecto que lleva muestras documentales a lugares donde hay poca difusión y oferta cinematográfica. Estuve en Villa de Leyva, en el Parque Ricaurte y en medio de calles empedradas y casas blancas coloniales, disfruté de dos muestras documentales que me dejaron con la boca abierta, Pólvora y gloria, de Viktor Jakovleski y Rio Abajo, de Mark Grieco.

Resalto cinco razones por las cuales vale la pena pegarse la rodadita hacia uno o varios sitios de la muestra.

1. Es gratis

Es una mierda que la mayoría de planes culturales que hay sean carísimos o imposibles de pagar para la gente común y corriente. No tiene sentido. La cultura debería estar al alcance de todos, pero eso no pasa siempre en nuestro país.

Ambulante se hace con las uñas, pero la logran. Y la logran bien. La selección de documentales es muy buena y la programación comienza en punto.

2. Chévere cambiar de vez en cuando el lugar donde uno ve cine

La experiencia de ir a una sala de cine, ver Netflix en un computador o en un televisor mientras uno está metido en las cobijas es placentera, sí, pero a veces es chévere cambiar.

Me encantó estar ahí en el Parque Ricaurte a eso de las ocho de la noche en medio de la gente, los perros que se atravesaban, con una arepa boyacense en mano, viendo una selección de documentales increíbles. Creo que no solo fue mi impresión: el espacio se fue llenando y de un momento a otro había unas 120 personas entre sentadas, paradas, en los carros y hasta en el pasto viendo la muestra.

3. Ver uno de estos documentales es abrir un poco más la mente

Ver Pólvora y gloria me hizo entender una forma de espiritualidad. Todos los años, la gente de casi la totalidad de México llega a Tultepec a celebrar durante nueve días las Fiestas de la Pirotecnia en conmemoración a San Juan de Dios, el patrón de los fuegos artificiales, famoso por rescatar a mucha gente de morir en un hospital en llamas. En espacios llenos de castillos gigantes construidos durante todo el año y toros artesanales pintados con colores psicodélicos y llenos de pólvora y explosivos, la gente se mete en medio del humo y el fuego, lo que se convierte en un juego de la vida con la muerte y del placer con el miedo. Los médicos, ambulancias y los millones de heridos y quemados son una muestra clara de una creencia importante para la identidad de la comunidad; las marcas en la piel son el símbolo de que el santo los saca y salva del fuego.

El otro documental que vi fue Rio Abajo presentado en una alianza entre Ambulante e IndieBo, que captura toda la complejidad del Rio Amazonas. El largometraje nominado al Óscar comienza examinando las acciones de dos activistas ambientales que intentan salvar al delfín rosado de ser cazado al borde de la extinción. Sin embargo, la trama se hace más compleja al mostrar que este no solo es un problema ambiental, sino de violencia estructural, pues no hay presencia estatal y la única manera de subsistir de algunos indígenas es esta y también, es un problema de cómo los medios de comunicación, repercuten en las decisiones políticas. El documental muestra que la solución no es tan simple y no siempre depende de nosotros mismos.


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4. Estos documentales no son un ladrillo

Pues, sí: creo que quedó claro que no me gustan de a mucho los documentales informativos. No me gustan los que son tipo National Geographic de animales (lo siento, sé que son muy tesos). Pero no, no me gusta esa voz “poética” doblada al español por un mexicano o un españolete montada sobre las imágenes de un león cazando a una cebra.

Afortunadamente, el formato del documental ha avanzado y a veces hasta raya con la ficción. Yo creo que los documentalistas se dieron cuenta de que tenían que diversificar sus productos.

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Lo que me gustó de ver estos dos largometrajes fue la forma en la que están hechos. Pólvora y gloria es otro nivel, su director duró cinco años recolectando imágenes e incluso una vez, se quemó y tuvo que esperar para seguir rodando.

La fotografía es alucinante; hay cámaras estáticas que están dentro de trípodes en medio del fuego. La música tiene picos. A veces hay tambores frenéticos como de ritual y a veces la cosa se vuelve más solemne, se mezcla con cantos religiosos tipo gospel e incluso hay mariachis al final. Es otro nivel. Corran a verla.

5. Hermano, lamentablemente los documentales de la muestra no están en Netflix o su proveedor pirata no los tiene

No sé si esto sea algo bueno o malo. Si las mejores películas estuvieran tan a la mano de todos, probablemente no existirían este tipo de iniciativas pero, la verdad, es que así estén ahí, muchas veces no las aprovechamos como podríamos.

El caso es que no las van a encontrar tan fácil. Casi todos estos documentales reservan sus derechos para espacios responsables como Ambulante. Hay que aprovechar que en medio del monopolio del arte y la cultura, hay espacios que se esfuerzan porque este contenido llegue a la mayoría de personas y de forma gratuita.

Entonces, si le suena el plan y quiere conocer la programación y las rutas de la gira, puede hacer clic acá. ¡Hágale, vaya que no se va a arrepentir!