Altavoz 2017: un referente para los festivales públicos en Colombia
Foto por Julián Gallo

Altavoz 2017: un referente para los festivales públicos en Colombia

Después de tres días de la fiesta musical más grande de Medellín, estas son nuestras impresiones.
7.11.17

Se acabó el Altavoz, se silenciaron las torres de sonido, se empacaron las consolas y la satisfacción efímera, junto con la descarga de adrenalina experimentada en cada grito visceral coreando una canción.

Durante tres días tuvimos la oportunidad estar presentes en la edición número 14 del festival público más grande y esperado año tras año en la ciudad de la eterna primavera. Y hay que decirlo: qué señor festival, qué madurez, qué amor el que le meten desde el cartel hasta el espacio de una celebración que reúne a una cantidad absurda de jóvenes que se juntan en un mismo espacio con la premisa clara: parche y buena música en un ambiente de hermandad.

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Musicalmente hubo de todo. Desde el regreso triunfal de Nadie, icónica banda local de punk, hasta el espacio para formatos emergentes, impredecibles, experimentales y absurdos como Acid Yesit. Sin dejar de lado clásicos latinoamericanos como Todos tus muertos, bandas de culto como The Selecter, Satyricon o M.O.P, pero sin dejar de lado el apoyo a lo local, a las escenas hardcoreras, la creciente ola de nuevo rap, las bandas que están surgiendo del underground y que han encontrado en este festival un espacio para darse a conocer.

En esta décimo cuarta versión, el festival homenajeó al 'Titán' Elkin Ramírez con un show absolutamente emotivo y merecido; demostró el poder de la escena hip hop con actos como Almost Blue, Xplicitos, Kombilesa Mi y el siempre increíble Ali AKA Mind; dio sus pasos arriesgados por apuntarle a la música electrónica con Alexander Robotnic y Cero39; mantuvo en firme su apuesta por la experimentación con Militantex, el blues con Dead Country Brothers, el ska con Memoria Insuficiente y algo del latir latinoamericano con Ava Rocha. Y eso solo demuestra una cosa: sí se puede hacer un festival de tres días en que públicos diversos se encuentren y creen en un mismo escenario, un punto de distensión y convivencia, donde las diferencias se toleran y las barreras entre tribus urbanas se desdibujan y coexisten.

Aparte de esto, y alejándonos un poco de la música, hay que decir que el esfuerzo logístico de la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana se sintió. Los dos escenarios estaban cubiertos a la perfección por una especie de plástico duro que se extendió a lo largo y ancho de ambos escenarios. En la tarima principal la típica zona de prensa donde se acostumbra a parchar más que trabajar, fue reemplazada por un foso exclusivo de fotógrafos, como se supondría debería ser en todos los festivales. El público "VIP", tenía un espacio a un lado de los demás asistentes y ellos a su vez podían ver muchísimo más de cerca a sus bandas favoritas, algo que muchas veces se ha criticado en otros festivales públicos. La zona de comidas no era en su mayoría controlada por grandes marcas, sino un apoyo a los emprendimientos de la ciudad. Tal vez el orden de la entrada pudo ser mejor, hubo pocos baños, el control del sonido entre un escenario y otro se pudo trabajar de otra manera y la organización de los horarios pudo ser más estricta, pero en general, fue un festival que estuvo a la altura y que esperamos para sus 15 años, arme un fiestón de puta madre.

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Aquí algunas de las mejores imágenes que nos dejó este Altavoz 2017:

Foto por Julián Gallo

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Nuestro cubrimiento en Altavoz fue posible gracias a la Alcaldía de Medellín y la Secretaría de Cultura Ciudadana.