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Si no quieres que Facebook se quede tus recuerdos haz un 'testamento digital'

Hablamos con la psicóloga Elaine Kasket sobre su nuevo libro, ‘All the Ghosts in the Machine’, en el que examina qué ocurre con nuestros datos personales cuando morimos.
LC
traducido por Laura Castro
MA
traducido por Mario Abad
29.3.19
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Foto: VICE 

No hay día que pase sin que dejemos alguna huella personal en internet. Nos gusta pensar que está en nuestra mano decidir cómo es exactamente esa huella, aunque no sea del todo cierto. Como quedó demostrado con la pérdida masiva de contenido almacenado en Myspace la semana pasada, no tenemos demasiado control sobre los rastros que dejamos, por mucho que nos digan que lo que publicamos se queda en la red para siempre.

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Es complicado asimilar esta realidad en vida, pero ¿qué pasa cuando morimos? La psicóloga Elaine Kasket ha dedicado los últimos diez años a estudiar este dilema. En su nuevo libro, All the Ghosts in the Machine, va un paso más allá y se plantea si tiene algún sentido que nos hagamos estas preguntas cuando los tentáculos de las grandes tecnológicas alcanzan todos los aspectos de nuestras vidas.

Me reuní con Elaine para hablar de datos, privacidad digital y muerte.


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VICE: ¿Qué llamó tu atención hacia el tema del libro?
Elaine Kasket: Empecé a ver cada vez más artículos en prensa sobre la intersección de la muerte con el mundo digital y pensé que era necesario escribir algo que abordara el tema desde una perspectiva muy general. Los libros que había no trataban las grandes cuestiones morales, éticas, psicológicas y filosóficas. Yo quería usar la muerte como una lente a través de la cual entender mejor cómo las grandes tecnológicas nos controlan; nada es tan capaz de centrar la mente en ese control como el hecho de pararte a analizar qué ocurre con tus datos cuando mueres.

Nos dicen que todo lo que subimos a internet se queda ahí para siempre, pero como ya se ha visto con Myspace, realmente es muy fácil eliminarlo. ¿Qué demuestra esa tensión?
Todos los sitios web antiguos hablan siempre de “eternidad”, “para siempre”, “perpetuidad”… Su mensaje es que todo lo que está en la red se quedará siempre ahí y la gente se lo cree sin pararse a pensarlo. Pero internet es un bebé. Piensa en la de sistemas que han quedado obsoletos no hace tantos años. Todavía tenemos pergaminos de papiro del Antiguo Egipto; no puedo reproducir un minidisc que tengo de hace 12 años. Podríamos acabar siendo invisibles en la Historia. A nivel individual puede que no importe tanto, pero a nivel colectivo y social, importa mucho.

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Entonces, ¿existe alguna forma ética —y podríamos debatir mucho sobre lo que es “ético” — de gestionar los datos de los difuntos cuando la tecnología está en manos de unos pocos y muy poderosos negocios?
No. Viendo lo que ocurre con los datos de la gente muerta, tenemos un argumento muy poderoso para descentralizar la red. No es perfecto: tendrían que averiguar cuáles son las condiciones legales y cómo regular la situación cuando el propietario de determinada información fallece. Pero esto nos lleva a un espacio de toma de decisiones más individualizado, en el que tienes control sobre tus datos. Y es que no hablo solo de redes sociales, hablo de tu software y hardware, los datos de ubicación, la autobiografía que creas sin saberlo con tu historial de búsquedas…

Sí. No sé si me hace mucha gracia que alguien vea lo que he estado buscando en Google a las tres de la madrugada, preocupada por algo.
¡Exacto! Siempre nos centramos en nuestros perfiles públicos, pero si te pones a hacer una investigación exhaustiva de la información que ha dejado atrás alguien que ha muerto, inevitablemente vas a encontrar más de una incógnita que esa persona ya no va a poder resolverte. Nunca antes habíamos tenido al alcance tanta información de seguimiento.

Somos muy conscientes de lo que publicamos en las redes sociales, pero realmente dejamos rastros por todas partes y quizá de eso no sea tan consciente la gente.
Sí, y eso se debe en parte a que las tecnológicas no están siendo sinceras respecto al beneficio continuo que para ellas supone retener los datos de las personas fallecidas. Facebook te hace creer que está haciendo una labor humanitaria al conservar el contenido, pero hay que tener en cuenta que cuando un usuario muere, todos sus datos pertenecen a Facebook, que puede hacer uso de ellos como le plazca, puesto que ese usuario ya no está sujeto a las leyes de protección de datos. Y eso les ayuda a retener a los usuarios vivos. A finales de este siglo, tal vez haya 3600 millones de perfiles de personas difuntas. ¿Sabes cuánto poder hay ahí?

En tu libro hablas de los lazos que perduran, los vínculos que seguimos sintiendo después de la muerte. ¿Podrían esos perfiles perpetuar nuestra aflicción o impedir que pasemos página?
Ahora es distinto, porque los muertos están integrados con los vivos en los espacios sociales de internet. Pero esa idea de que tenemos que atravesar diversas etapas y luego “pasar página” la hemos tenido solo desde Freud y Elisabeth Kübler-Ross. Hay gente que pasa por procesos de duelo muy complejos, pero nada hace pensar que la presencia de contenido en internet sea problemática.

Supongo que la diferencia es que no tenemos control sobre él, cuando sí lo tenemos, por ejemplo, sobre una foto u otro recuerdo material.
Totalmente. El problema con el contenido en línea tiene que ver principalmente con el control y el acceso. El duelo es idiosincrático: ahora mismo, en Facebook no puedes especificar qué clase de relación te gustaría tener con un perfil determinado.

¿Qué dirías a la gente que quiere saber cómo gestionar sus datos tras la muerte?
Lo primero es ser capaz de enfrentarte a tu propio miedo a la muerte y empezar a pensar en tu propia mortalidad. Muy poca gente afronta esta realidad más allá de la elaboración de su testamento. Por tanto, hacer un testamento digital puede ser una buena idea. Así al menos dejas claras tus preferencias. Aconsejaría, sobre todo, que no dejaras tus recuerdos en manos de las grandes tecnológicas. Que te plantearas hasta qué punto estos sistemas continuarán velando por nuestro interés.

Por último, deberíamos pensar si estamos configurando nuestros dispositivos para recabar más información en lugar de menos. No solo para ahora, sino para el futuro.

@rey_z