crimen

Hallaron a Déborah muerta tras 10 días desaparecida, ahora quieren reabrir su caso

La familia pide que se reabra un caso plagado de incongruencias para poder dar por fin con el autor del asesinato.
15.2.19
Débora Fernández-Cervera
Déborah Fernández-Cervera. Todas las fotografías cortesía de Rosa Fernández-Cervera

El pasado 3 de febrero, una petición en Change.org ponía el foco mediático de nuevo sobre un caso que conmocionó a España hace ya 17 años: la extraña muerte de Déborah Fernández-Cervera. La joven viguesa de 21 años desapareció el 30 de abril de 2002 cuando estaba haciendo running en la playa de Samil. Diez días después, su cadáver apareció en unos matorrales a 40 kilómetros de donde se le perdió la pista. Ahora, sus familiares retoman la lucha para que se reabra el caso y descubrir por fin quién fue el autor del asesinato.

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Aquella jornada empezó para Déborah como cualquier otro día. Por la mañana fue a la escuela donde estudiaba diseño gráfico y después a la peluquería a depilarse. Por la tarde fue a correr por el paseo de la playa de Samil, donde se encontró con su prima. Ambas solían dar paseos juntas por esa zona mientras charlaban. “La conversación aquel día fue totalmente inocente, nada que pudiese hacer sospechar que Déborah estaba en problemas, no estaba triste ni nada”, nos cuenta Rosa, hermana pequeña de la víctima y quien ha retomado la lucha familiar porque se haga justicia. Entre otras cosas, hablaron de una relación aparentemente ya terminada y de que esa noche, a pesar de ser víspera de festivo, no iba a salir.


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Fue un vecino cercano el que la vio por última vez con vida alrededor de las 20:45, a tan solo 400 metros de su casa, en la parroquia de Alcabre. Pero tampoco llegó a su destino. A pesar de ser una zona concurrida, nadie vio nada extraño, aunque los vecinos afirman que un coche podría haberse ocultado con facilidad si lo quisiera. Lo que sí es cierto es que Déborah no gritó, no hubo pelea, ni siquiera un forcejeo, porque de ser así alguien lo habría escuchado. Así que cabe la posibilidad de que Déborah se fuese voluntariamente con alguien.

Cuando llegaron a casa, los padres no vieron extraño que ella no estuviese allí. No fue hasta las 9 de la mañana que su ausencia hizo saltar la alarma en la familia. Sabían que algo malo había ocurrido. Tal era su convicción, que el padre de Déborah insistió hasta que la policía le dejó poner una denuncia de desaparición, en lugar de esperar las habituales 48 horas. Desde ese momento se desplegó un dispositivo de búsqueda en el que amigos familiares y vecinos volcaron su energía para encontrar alguna pista que desvelase el paradero de la joven. Los medios de comunicación de todo el país no tardaron en cubrir la extraña desaparición y, en consecuencia, media España estaba pendiente de su paradero.

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Diez días después, en el municipio de O Rosal, a nada menos que 40 kilómetros del paseo por el que Déborah había ido a correr, una mujer de 61 años encontraba algo extraño entre unos matorrales. Alarmada, llamó a su marido. Cuando se acercaron, comprobaron que se trataba del cadáver de una joven y llamaron a la policía de inmediato. El cuerpo estaba tendido cuidadosamente, casi con mimo, y quien lo dejó ahí se encargó de tapar con vegetación los genitales y los pechos, como si tuviese un ápice de consideración hacia él. No había duda, el cadáver se correspondía con el de la desaparecida Déborah Fernández-Cervera.

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A partir de ese momento, se desarrollaría una investigación plagada de fallos, errores e incongruencias. Junto al cadáver, se hallaron tres pruebas: un preservativo usado, su envoltorio, y un cordón verde. Además, se encontraron restos de semen en el cuerpo, pero nunca se llegó a encontrar a nadie que se correspondiese con él. En un primer momento, parecía que se trataba de un delito sexual. “La investigación policial fue un desastre desde el principio. A mí, por ejemplo, no me tomaron nunca declaración”, afirma Rosa. “Los equipos de investigación no recogieron toda la información sobre Déborah”. En un principio se ocupó del caso la policía de Vigo, pero luego el equipo de Tui, el municipio en el que se encontró el cuerpo, reclamó para sí la investigación. El comisario encargado del caso fue Ángel Galán.

Ni siquiera la autopsia fue esclarecedora. Se plantearon dos opciones: la muerte súbita (algo poco probable vistas las circunstancias) o la asfixia con un objeto blando, puesto que tampoco había marcas físicas ni señales de lucha. La autopsia también indicaba que la muerte se produjo entre el primer y el tercer día de la desaparición. El panorama era, cuanto menos, desconcertante. “No fue hasta 2006, cuando pusieron al mando al agente de la UCO Luís Muñoz, que la investigación dio un giro completo. Él fue nuestro ángel, pero ya era demasiado tarde”, explica Rosa. Fue ahí cuando se dieron cuenta de que la investigación iba en la dirección equivocada desde el principio. Las pistas eran falsas y fueron colocadas allí para que se pensase de primeras en un móvil sexual. El cuerpo estaba lavado y las muestras de semen que se encontraron habían sido colocadas después de su muerte. Sea quien fuere quien cometió el asesinato, quería despistar a la policía y lo consiguió. Desde luego sabía lo que hacía. Incluso el lugar donde apareció el cuerpo, aproximadamente tres días después de ser depositado allí, era la única zona no alumbrada entre una hilera de farolas.

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La investigación se alargó un total de 8 años sin dar ningún resultado y el caso se acabó archivando en 2010. El denominador común entre todas las vías de investigación que se fueron tomando a lo largo de los años, solo hubo un sospechoso, el mismo, pero nunca se le llegó a imputar por falta de pruebas. Las únicas cosas claras eran que las pistas eran falsas, que el cadáver fue escondido durante varios días y que el autor de los hechos era alguien muy cercano al entorno de la víctima.

Frustrantes fueron también las palabras de Ángel Galán, que actualmente preside el Instituto de Probática e Investigación Criminal, allá por 2015: “Si la policía pudiera hablar con las personas ahora mismo, sabríamos qué le pasó a Déborah. Lo que no puede ser es que una persona pueda negarse a contestar y no pase nada. Estoy convencido de que de las personas que interrogué, al menos un par saben cómo murió”. En una entrevista con La voz de Galicia, insiste en este caso: “Alguien se asustó lo suficiente como para esconder el cuerpo en un lugar seco, oscuro y frío para mantenerlo en las mismas condiciones. Además, no se tiró sino que se depositó con un cariño muy especial, poniendo hojas para tapar las partes más íntimas. Si eso me dicen que lo hizo el primer loco que la vio, ya le digo de antemano que eso es falso”. Y concluye: “No hay crímenes perfectos, sino investigaciones imperfectas”.

Fueron estas declaraciones las que enfurecieron a Rosa, la hermana de Déborah, y la llevaron a tomar la batuta de la familia para intentar reabrir el caso. “La policía puso muchos medios, pero eran otros tiempos. Quizá hoy en día, con la tecnología de la que disponemos, pueda aclararse algo. No nos rendimos, el asesino de mi hermana está suelto y queremos evitar que pueda ocurrir otra vez. Si le hace daño a otra persona, nunca me perdonaría por no haber hecho todo lo posible por encerrarlo”.

La recogida de firmas en Change.org, que ya lleva más de 150 000 participaciones, es una de las muchas iniciativas que están llevando a cabo para presentar judicialmente el caso y que se reabra de nuevo antes de que prescriban los hechos, en 2022. “No estamos solos. No me imaginaba ni por asomo que íbamos a recibir tanto apoyo”, afirma Rosa. Pero no solo cuentan con apoyo, también con alguna que otra evidencia. Hay ciertas contradicciones e incluso mentiras en algunos testimonios y una conversación que la hermana tuvo con Déborah poco antes de su desaparición puede ser crucial para descubrir la verdad. Como es comprensible, la familia no quiere dar muchos detalles pero, sin duda, todavía quedan hilos de los que tirar. Todo para desvelar un misterio que, si se aborda de la manera adecuada, puede estar más cerca de resolverse de lo que pensamos. Y así, por fin, poder otorgarle a Déborah la justicia que se merece.

Si quieres firmar la petición para que se reabra el caso de Déborah Fernández Cervera, entra aquí.

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