Sexo

La primera vez que di una mamada fue un regalo de San Valentín, para mí misma

Para Yasmine M'rabet, dar una mamada es una de sus actividades sexuales favoritas, incluso si el favor no le es retribuido en la medida que a ella le gustaría.
LC
traducido por Laura Castro
Sirin Kale
tal y como se lo contó a Sirin Kale
08 Febrero 2019, 11:00pm
Un hombre y una mujer comiendo fruta de manera sugestiva.
Ilustración de Camilla Ru.

Artículo publicado originalmente por Broadly Estados Unidos.

Mi primera mamada fue algo crucial en mi vida, ya que también fue la primera vez que besé a alguien y además sucedió en el Día de San Valentín. De alguna manera, me introduje en el mundo de la lujuria y el sexo todo a la misma vez. Tenía 14 años en ese entonces, y vivía en un pequeño poblado donde no había mucho que hacer. Pasábamos el rato en un club para jóvenes que había ahí, donde bebíamos y coqueteamos con chicos. Una noche, el chico que me había gustado por un año estaba ahí; tenía un enorme crush con él y nos habíamos estado enviando mensajes de texto ya por un tiempo.

Empezamos a flirtear y beber, y luego, delante de todos, se dio la vuelta y me besó. Fue uno de esos deliciosos besos de lengua. ¡No era tímido! Dimos un paseo por el pueblo, hacía mucho frío porque era febrero. De alguna manera terminamos en el bosque, y mis manos se deslizaron en sus pantalones. A partir de ahí, mi mente solo recuerda que le di una mamada. Recuerdo estar de rodillas en el bosque, dando mi primera mamada, y se sintió muy bien.

Lo que recuerdo más vívidamente es dar un paso atrás y observarlo masturbarse para llegar al clímax. Solo recuerdo haber estado admirado a ese chico con el que me había imaginado durante tanto tiempo, y haber observado su cara cuando se venía. Pensé: Dios mío, esto es increíble. Esa fue mi parte favorita. Creo que esa fue mi introducción al voyeurismo, y desde entonces siempre he disfrutado bastante ver a alguien mientras se viene.

Principalmente recuerdo la emoción de la situación y el hecho de que todo era completamente nuevo para mí. Él también intentó brevemente darme sexo oral, lo cual es interesante, porque los adolescentes generalmente no se animan a hacer eso.

El imprescindible arte del sexo oral

Después, volvimos con nuestro grupo de amigos. Recuerdo que estaba sentada contra la pared de una iglesia pensando: ¡Wow! Qué noche. Éramos adolescentes en ese momento, y obviamente los adolescentes platican entre sí. Por lo que, durante un par de semanas en la escuela, mis compañeros se me acercaban y me preguntaban al respecto. Además, él embelleció algunos detalles, y no estaba muy segura de cómo lidiar con esa extraña fama de ser buena en el sexo oral que me había ganado. Afortunadamente, el chisme finalmente se apagó. No recuerdo que haya sido un verdadero momento de trauma en mi vida. Diría que, en general, fue una experiencia muy positiva para mí.

Hasta la fecha, aún me encanta dar mamadas. Después de recibir sexo oral, dar una mamada es mi acto favorito sexualmente hablando. Por supuesto, no siempre es perfecto, especialmente al inicio de mis 20, cuando era menos segura de mi misma, había momentos en los que no me sentía lo suficientemente cómoda o confiada como para decir que no, lo que es realmente una tontería.

Las mamadas son tan comunes en los medios de comunicación, ya sea en la televisión, el cine o la pornografía. Todo lo que tienes que hacer es ver una película para adolescentes y habrá una mamada implícita o mencionada. Creo que eso es parte del problema. Dar sexo oral está muy normalizado, pero recibirlo no lo está. Las revistas para mujeres te enseñan cómo dar una mamada, pero nunca ves la portada de una revista para hombres que diga: "Cómo hacerle sexo oral a una mujer". Es como si dar sexo oral es algo que se esperara solo de una mujer, y el no hacerlo te hace sentir como si fueras un fracaso o que estás arruinando el sexo.

Recuerdo que leí sobre la brecha del orgasmo y me sorprendí al enterarme de que las mujeres heterosexuales tienen menos orgasmos que los hombres heterosexuales. Definitivamente siento que hay una brecha en el sexo oral: se espera que los hombres reciban sexo oral, pero las mujeres no. Incluso ahora, me encanta dar mamadas, pero rara vez es recíproco. Y si sucede, es poco entusiasta: lo hacen durante un minuto y luego continúan con otra cosa. Tenemos que empezar a hablar de esto y normalizar el placer femenino, porque de lo contrario las cosas no mejorarán. ¡Imagina que la situación fuera la inversa y los hombres no lograran venirse cuando tuvieran sexo! Habría un escándalo.

Ser una mujer que disfruta abiertamente de dar mamadas a veces puede parecer un posicionamiento político, como si mis preferencias sexuales estuvieran de alguna manera al servicio del patriarcado. Definitivamente he tenido conversaciones con algunas mujeres que se etiquetan a sí mismas como feministas y que tienen problemas con las mujeres a las que les gusta dar sexo oral. Pero si alguien me dijera que dar una mamada es un acto antifeminista, le diría amablemente que se fuera al diablo. Porque, para mí, es intrínsecamente antifeminista decirle a una mujer lo que debería o no debería querer o hacer en el ámbito sexual.

¿Por qué me encanta hacer sexo oral? Me encanta hacerlo lentamente, sentir el movimiento y estar en sintonía con la persona con la que estoy, para poder escuchar sus reacciones y sentir cuando les gusta algo. Es simplemente magnífico, y disfruto todo eso: descubrir lo que les gusta y qué tan cerca están de llegar al orgasmo. Es realmente excitante. Probablemente por eso me encanta.