Salud

Deja de sentirte culpable por tus fantasías sexuales

Reprimir lo que te gusta hacer en la cama es malo para tus relaciones más íntimas.
12.7.18
Guille Faingold/Stocksy

Una de mis canciones favoritas de Madonna es Human Nature, de 1995, aunque es posible que no la recordéis porque fue un éxito menor que llegó al número 46 en la lista Hot 100 de Billboard.

La letra no se corta a la hora de defender que tanto el acto como el deseo sexuales son parte de la naturaleza humana. Además, la frase que más se repite en la canción es Express yourself, don’t repress yourself (“hazte notar, no te reprimas”), un resumen perfecto de todo lo que hacemos mal y deberíamos hacer en nuestras relaciones sexuales. Si la escuchas, entenderás lo que quiero decir.


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Cuando la gente piensa que sus deseos sexuales son raros o poco comunes, tiende a reprimirlos, no los cuenta y los únicos que lo saben son la propia persona y el historial de Google. Eso no es bueno. Cuando lo que nos excita nos produce una sensación de vergüenza y culpabilidad, pueden surgir problemas en el acto sexual. He realizado una encuesta de 4.000 personas en la que les he preguntado sobre sus fantasías sexuales y los resultados lo corroboran.

Al preguntar a los participantes acerca de su conformidad con su fantasía sexual favorita, cuantas más negativas eran las sensaciones (culpabilidad, vergüenza, miedo, ansiedad y asco), más problemas sexuales tenían. Sin embargo, esto no es todo.

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Estas sensaciones también pueden ser un obstáculo a la hora de mantener una relación amorosa saludable, ya que la represión sexual nos frustra emocionalmente y lo pagamos injustamente con nuestra pareja. Es más cómodo culpar a nuestra pareja de ser sexualmente incompetente que admitir el hecho de que nuestros conflictos son el origen de la mayoría de los problemas sexuales. Es una estrategia clásica para proteger nuestro ego y lo que los psicólogos llaman el sesgo de autoservicio, la tendencia general de culpar a los demás de los propios fracasos.

Como habrás podido comprobar por tu experiencia personal, a la gente no le gusta que le echemos la culpa por algo que no ha hecho en lugar de analizarnos a nosotros mismos. Esto también lo representa Madonna en una frase de Human Nature: I’m not your bitch, don’t hang your shit on me (“No soy tu putita, no me responsabilices de tus mierdas”). Es hora de que empecemos a lidiar con todas nuestras represiones sexuales de una vez por todas, no volvamos a escudarnos en nuestras parejas y dejemos de beber para olvidar.

¿Cómo te puedes enfrentar a tus ansiedades sexuales? Puedes empezar por darte cuenta de que es probable que tus deseos sexuales no sean ni raros, ni poco comunes ni perjudiciales para la salud. ¿Te gustaría probar el BDSM, ver a tu pareja follar con otra persona, poner en práctica algún tipo de tabú o prohibición cultural, acostarte con una persona de tu mismo sexo, hacerlo en lugares públicos…? Si es así, deberías saber que eres una persona completamente normal y, con toda seguridad, mentalmente equilibrada.

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La probabilidad de que tus fantasías sean las mismas que las de tus amigos, las de tus vecinos y, por muy incómodo que pueda ser, las de tus padres, es muy alta. No eres la única persona que tiene este tipo de fantasías, así que es posible no tengas nada de lo que preocuparte.

Deja de rechazar tus propias fantasías y empieza a aceptar que forman parte de tu personalidad. Para ello, necesitas asimilar lo que algunos psicólogos llaman la sombra, la parte de nosotros que concentra todos los deseos y necesidades (ya sean sexuales o no) que nos dan miedo porque pensamos que no deberían existir.

De esta manera, mientras tus fantasías sexuales permanezcan ocultas, nunca te sentirás completo y te preguntarás constantemente qué te pasa y cómo puedes arreglarlo. Sin embargo, así como puedes empezar a darte cuenta de que tus fantasías sexuales son comunes, también puedes iniciar el camino hacia la autoaceptación, ya que una de las mayores ventajas de aceptar las fantasías que viven en nuestras sombras consiste en tener un mayor control sobre la incertidumbre y elegir la mejor manera de manifestarlas.

Al reprimir nuestros deseos, dejamos de controlarlos y son ellos los que nos dominan. Sin embargo, aceptar una fantasía no significa tener que realizarla, ya que al final es cada uno el que decide vivir según sus creencias y valores. Reconocer ese control nos da el poder y nos libera, mucho mejor que vivir gobernados por el miedo.

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