Me chingué la rodilla

Se le doblaron las manos

La viveza de un francés, la genialidad de un galés y los errores históricos de un alemán: de esta manera el Real Madrid consiguió su tercera Champions consecutiva.
31.5.18

Hace muchas décadas los cancerberos vestían de negro, como si fuese un presagio a la posición tan injusta y cruel y despiadada que muchas veces significa defenderla: ver el juego a distancia, esperar cada cierto tiempo en tener contacto con la pelota, y ser culpado por las derrotas.

Lo que vivimos en la final de la Champions fue inaudito. Fueron tres veces las que me levanté de mi silla por jugadas que no podía creer, en la misma portería. Fue un partido de lo más extraño, en gran parte debido a los errores del portero de Liverpool, pero también porque al final del encuentro fue a la tribuna donde se ubicaban los aficionados que apoyaban a su equipo, y con el corazón en la mano ofreció disculpas por lo que el mundo acababa de atestiguar. Una muestra de grandeza y humildad. Otros hubieran salido corriendo al vestuario a esconderse entre el costal de balones y esperar a que con el tiempo el mundo olvide y el futbol perdone. Hay que estar ahí para fallar.

Bien lo dice Eduardo Galeano: “Los demás jugadores pueden equivocarse feo una vez o muchas veces, pero se redimen mediante una finta espectacular, un pase magistral, un disparo certero: él no. La multitud no perdona al arquero. ¿Salió en falso? ¿Hizo el sapo? ¿Se le resbaló la pelota? ¿Fueron de seda los dedos de acero? Con una sola pifia, el guardameta arruina un partido o pierde un campeonato, y entonces el público olvida súbitamente todas sus hazañas y lo condena a la desgracia eterna. Hasta el fin de sus días lo perseguirá la maldición”.

Estemos ante un caso que pasó de ser el más odiado al más respetado, en una posición que está inventada para personajes locos como los Higuita, los Campos, los Chilavert, figuras que también se han equivocado. El mensaje es que debemos de dejar de tenerle miedo a equivocarnos, el error es esencial en la vida. Si no existieran los errores aprender sería más complicado. Si no falláramos no tendríamos la oportunidad de intentar cosas nuevas, y dejaríamos de hacer siempre lo mismo.

Karius está frente a la gran oportunidad de su vida, de volver a luchar para ubicarse en una final de liga de campeones, de madurar y de ser un mejor profesional. Todos alguna vez en nuestra vida hemos sido Karius, la diferencia está en lo que hacemos después para salir adelante.

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