Cultură

Vómitos, folleteos, borrachos y violentos: los peligros de ser azafata

Las personas se convierten en monstruos al subir a un avión
31.5.18
Imagen vía usuario de Flickr Terry Whalebone | CC BY 2.0. Collage por VICE 

Este artículo apareció originalmente en VICE Alemania.

El hecho de entrar en un avión puede convertir a adultos responsables en la peor calaña imaginable.

Resulta que muchos pasajeros creen que el precio del billete de avión les da derecho a tener a los asistentes de vuelo como lacayos y pueden tratarlos de manera abusiva. Un estudio de la Asociación de Asistentes de Vuelo descubrió que el 68 por ciento de los asistentes de vuelo ha sido víctima de acoso sexual a lo largo de su trayectoria profesional, pero solamente el 7 por ciento lo denunció ante sus superiores.

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Hemos hablado con Milla* y Elena*, ambas de 30 años, sobre las peores experiencias que han tenido en los doce años que han trabajado en total como asistentas de vuelo. Han compartido con nosotros sus historias, en las que aparecen personas realmente asquerosas y mujeres adultas que gritan por un plato de pasta.

Acoso sexual

Milla: Parece que las fantasías sexuales de la gente se despiertan solo con ver a una azafata. Además, se puede saber con anterioridad quién puede ser el salido por la forma en la que se te quedan mirando mientras realizas la demostración de seguridad. Hubo una vez en la que un hombre que estaba sentado junto a su novia en un vuelo con destino a Niza me desnudó con la mirada y fue asqueroso. En otra ocasión, un pasajero escribió en una bolsa de vómito, “Me gustaría follarme a una azafata” y me la entregó. Me parece una falta de respeto enorme. No verás a nadie hacer algo parecido en la consulta del médico.

Elena: Conmigo lo suelen intentar normalmente los hombres que van en traje. Unas veces me dan sus tarjetas de empresa y otras veces me gritan alguna guarrada. Solo tienes que encontrar la manera de llevarlo lo mejor posible sin perder la profesionalidad y la simpatía. No les digo que su comportamiento es inapropiado, sino que me limito a aceptar sus tarjetas para tirarlas luego a la papelera.

Una vez, cuando estaba trabajando en primera clase, hablé con un hombre mayor al que veía con regularidad en los vuelos con destino a Teherán. Me contó que sus hijos tenían aproximadamente mi edad y que su hija estaba estudiando medicina, igual que yo. Después, me ofreció dar una vuelta por Teherán. Como me gustan la ciudad y los iraníes y mis compañeros no querían hacerlo, me gustó la idea y acepté su propuesta.


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Después de ver la ciudad, me preguntó si tenía novio y la edad de los hombres con los que solía salir. Además, añadió que, aunque fuera mucho mayor, era joven en espíritu y tenía mucho dinero, por lo que me convendría tener a alguien en mi vida que me mantuviera económicamente. Entonces, me pidió que le diera un beso, pero, afortunadamente, no insistió cuando lo rechacé.

Me he encontrado con varios hombres de este estilo, que parece que se preocupan por mi educación y me ofrecen algún tipo de ayuda para los estudios. Cuando me ocurre eso, suelo reaccionar de manera muy ingenua, ya que me gusta asumir que la gente tiene buenas intenciones, pero nunca ocurre nada de eso.

Cacas y vómitos

Milla: Hubo una vez en la que un pasajero se emborrachó tanto que vomitó en la bolsa correspondiente. Nunca entenderé que se me acercara justo después de aterrizar, me pusiera la bolsa en la cara y, mientras la zarandeaba un poco, me dijera, “He potado”. Se salió todo por la parte superior de la bolsa y me salpicó tanto a mí como a la cabina. Fue un verdadero horror.

Elena: Uno de mis pasajeros se cagó encima en pleno vuelo. Todo el avión olía fatal y los demás pasajeros empezaron a perder la cabeza.

Sexo

Milla: Dos pasajeros, que eran pareja y estaban completamente borrachos, parecía que estaban sentados tan tranquilamente, pero el hombre le estaba haciendo un dedo a la mujer por debajo de una manta.

Elena: Una vez escuché a una pareja, de unos cincuenta años, practicando sexo en la clase business de un vuelo nocturno. Ella estaba sentada encima de él, sin ningún tipo de escrúpulos. Cuando pasa eso, les solemos dar un primer aviso, pero, si no dejan de hacerlo, podemos hacer un anuncio en pleno vuelo.

Criminales

Milla: Después de pillar a un hombre fumando en el lavabo, uno de mis compañeros le confiscó el pasaporte y le dijo que se lo devolvería después de que aterrizáramos y que daríamos parte de su comportamiento a las autoridades. Sin embargo, después de observar con más detalle el pasaporte, se dio cuenta de que la persona de la fotografía era veinte años más joven que el pasajero. Después de aterrizar, mi compañero llamó a la policía y se pudo llegar a la conclusión de que el pasaporte era falso.

Borrachos

Elena: Normalmente, trabajo en primera clase, que está muy bien la mayoría de las veces porque solo tengo que hacerme cargo de unos ocho pasajeros. Sin embargo, hay veces en las que nos vienen ejecutivos importantes que se limitan a sentarse y a beber mucho champán incluso antes de despegar. Después, se terminan una botella de vino y se emborrachan tanto que no se pueden ni levantar de sus asientos por sus propios medios. Algunos pasajeros, la mayoría gente de negocios de unos cincuenta años, pierden tanto el control que terminan por destrozar los vasos.

También lo hacen los marineros, un hecho muy positivo porque suelen estar muy preparados en cuestiones médicas y eso puede ser de gran utilidad en caso de emergencia. En cambio, siempre tenemos que andar con cuidado para evitar que beban demasiado.

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Milla: El problema es que la gente empieza a beber antes de subir al avión, pero no tiene en cuenta cómo le puede afectar el cambio en la presión del aire. Se puede dar el caso en el que una persona esté con el puntillo en tierra, pero completamente fuera de control dentro del avión. Hubo una vez en la que tuvimos que hacer un aterrizaje de emergencia por culpa de un hombre que estaba muy borracho. Viajaba con su madre y su hermano.

Insultos

Elena: Uno de nuestros pasajeros más habituales me insultó una vez. Al principio, empezó a imitarme dando la bienvenida a la gente, algo que le pareció divertidísimo. Le pedí que dejara de hacerlo, pero no me hizo caso. Después, quería cambiarse de asiento para no viajar al lado de su mujer, pero no era posible, por lo que me llamó “imbécil” y me dijo, literalmente, que tenía “pinta de zorra”. Ya habíamos despegado, así que, evidentemente, no podíamos echarlo del avión, y lo único que podía hacer era informar a la cabina de mando. En situaciones como esta, se redacta un informe y se puede prohibir al pasajero viajar más con la compañía.

En otro vuelo, una mujer empezó a gritarme muy enfadada porque lo único que nos quedaba para comer era pasta. Se le fue la cabeza por completo y tuvo que intervenir otro pasajero. Me molestó tanto que tuve que aguantarme las lágrimas y me encerré en el lavabo. Hay veces en las que este trabajo puede hacerse muy duro, sobre todo cuando hay personas adultas que te gritan porque no pueden comer sus platos favoritos, pero no se puede perder la compostura delante de los pasajeros. Ser asistente de vuelo es similar a ser camarero, pero con la diferencia de que los clientes complicados no se pueden levantar e irse, sino que hay que lidiar con ellos durante, a lo mejor, diez horas. Por eso es importante encontrar una manera de resolver cualquier conflicto de la forma más rápida posible.

* Se han cambiado los nombres de Milla y Elena para proteger sus identidades.