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caca

Cómo de asqueroso es no poder lavarse el culo después de cagar

La inevitable pregunta que nos asalta cuando se acaba el papel higiénico.

por Nick Keppler; traducido por Mario Abad
02 Julio 2018, 3:15am

Image Source/Getty Images

Estás en ese festival que se celebra cada verano en tu ciudad. El sol brilla y una banda de reggae mece suavemente a la multitud con su melodía mientras tú vuelves de comprar una ronda de cervezas en vasos de plástico para todos tus amigos. Nada podría estropear este maravilloso momento… Pero entonces tus tripas empiezan a rugir ostensiblemente.

Parece que la combinación de tacos de ternera, boniato frito con salsa de guacamole y latte de avellana que compraste en el puesto de comida hace tres horas quiere salir. Aguantas cuatro minutos haciendo cola junto a los lavabos portátiles y, en cuanto te metes en uno y cierras la puerta, te sientas y descargas. Disfrutas de un brevísimo instante de alivio antes de darte cuenta, horrorizado, de que no hay papel higiénico. ¡Oh, mierda! Además, de verdad.

No te queda otra que subirte de nuevo los pantalones cortos y volver con tus amigos, con la vergüenza de saber que no has completado uno de los puntos básicos del protocolo que te enseñaron a los cuatro años.

¿Cómo de malo es no limpiarse?

Un gramo de heces puede contener unos 10 millones de virus, un millón de bacterias distintas, mil quistes de parásitos y cien huevos de gusano, según el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas. Así que ahora vas por ahí, andando con todas esas posibles amenazas pegadas al culo y separadas del mundo exterior solamente por una fina capa de tela vaquera y otra de algodón.

A veces, y de forma imperceptible, partículas de materia fecal de la ropa o del cuerpo pueden acabar en las manos, el entorno e incluso de vuelta a tu propio cuerpo —la transferencia de gérmenes de las manos a la boca es muy común a través de actos como el de comer o beber—.

“En términos de higiene, es absolutamente inaceptable” no limpiarse, dice Aaron Glatt, catedrático de Medicina del South Nassau Communities Hospital y portavoz de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas. “Busca algo con lo que limpiarte”, implora. “Usa agua u hojas de plantas, lo que sea”.

El riesgo es mayor para las mujeres. En su caso, el ano sucio está peligrosamente cerca de la vagina, lo que puede provocar que las bacterias entren en la uretra y se produzca una infección

La situación podría empeorar según el tipo de caca, añade Phlip M. Tierno, profesor de Microbiología y Patología de la Facultad de Medicina de NYU. “Si vas suelto, las partículas se pueden dispersar aun más”, apunta Tierno. Y es que las heces líquidas se quedarían impregnadas en la ropa y atravesarían la barrera de los pantalones y la ropa interior con mucha más facilidad.

El riesgo es mayor para las mujeres. En su caso, el ano sucio está peligrosamente cerca de la vagina, lo que puede provocar que las bacterias entren en la uretra y se produzca una infección del tracto urinario.

Esa es una de las razones por las que Tierno recomienda que, cuando preveamos la posibilidad de tener que ir a un lavabo en peores condiciones de lo habitual, llevemos al menos un paquete de pañuelos de papel y un desinfectante con base de alcohol. Vamos, que hay que ser precavidos si vamos a un festival, un sitio en plena naturaleza o a una zona de descanso en la autopista en medio de la nada.

¿Qué contienen las heces?

Las heces son desechos expulsados por el cuerpo, por lo que todas las enfermedades infecciosas y las bacterias que pudiéramos llevar en nuestro organismo se “empaquetan” en ellas antes de expulsarlas. Bacterias como el E. coli, el enterococcus, o los parásitos que causan diarrea u otros gérmenes cuyos efectos pueden ser desde molestos a mortales se propagan a través de los excrementos. El norovirus, que en países como EUA es una de las principales causas de enfermedades y brotes por comer alimentos en mal estado, también se aloja en nuestros intestinos.

Quizá te sirva de consuelo saber que te puedes considerar afortunado si en el futuro cercano tienes acceso a un agujero sobre el que agacharte y una ducha.

"Cuatro de cada diez personas en el mundo no disponen de acceso a una letrina, un inodoro, un cubo o una caja. Nada"

En su libro de 2008, The Big Necessity: The Unmentionable World of Human Waste and Why It Matters, la periodista Rose George menciona datos estadísticos de la ONU, según los cuales 2,6 millones de personas en el mundo no tienen acceso a un sistema de saneamiento. “Y no estoy diciendo que no tienen lavabo en casa y tienen que usar uno público, o uno separado de la vivienda o siquiera una choza destartalada con un desagüe primitivo”, señala.

Lo que George quiere decir es que “cuatro de cada diez personas no disponen de acceso a una letrina, un inodoro, un cubo o una caja. Nada. En lugar de eso, se ven obligados a defecar junto a las vías del tren o en el bosque, en bolsas de plástico que luego tiran en algún callejón”.

Los problemas de salud pública derivados de una falta de un sistema de saneamiento y de eliminación de residuos puede ser verdaderamente alarmantes. La falta de higiene y la contaminación del agua por heces son las causantes de una de cada diez enfermedades en el mundo, según los investigadores de la OMS a los que cita Georges.

Pese a que la caca presenta riesgos muy graves, en zonas con instalaciones de saneamiento y alcantarillado más avanzados, nuestros sistemas inmunes libran una batalla constante contra un aluvión de gérmenes de menor nivel diseminados por partículas fecales y, por lo general, salen victoriosos.

Así que, aunque haces bien en preocuparte cuando te quedas sin papel de váter, afortunadamente, y gracias a la forma en que nuestro cuerpo combate los gérmenes fecales, acaba por ser más una incomodidad que un verdadero factor de riesgo, según Tierno.

¿Cómo de extendidas están las partículas fecales?

“Como sociedad, nadamos en heces”, dice Tierno. “La gente no se lava bien las manos, incluso cuando tienen acceso a un lavabo, por lo que acaban extendiendo las partículas fecales a otras zonas del cuerpo”.

Una simple búsqueda en Google revela que es bastante frecuente encontrar restos fecales en objetos como esterillas de yoga, tazas de café o grifos de cocina. Como se dijo una vez en un viejo libro, todo el mundo defeca, creando cierto grado de molestia bacteriana que sociedades e individuos son capaces de combatir con mayor o menor éxito.

Esto significa que ir por ahí varias horas sin haberse limpiado el culo está solo un nivel de incomodidad por encima del hecho de aguantar la carga fecal que se oculta en tus manos y en las superficies que tocas a diario.

Una pequeña porción de heces pegada al cuerpo simplemente recrudece esa lucha, pero las garantías de éxito probablemente están presentes de cualquier modo

“Obviamente, a esa persona le causará irritación”, señala Tierno. Sin embargo, se trata de una molestia “leve” en términos de salud pública. En el mundo desarrollado, nuestro cuerpo está constantemente combatiendo gérmenes y microorganismos con relativo éxito. Una pequeña porción de heces pegada al cuerpo simplemente recrudece esa lucha, pero las garantías de éxito probablemente están presentes de cualquier modo.

Por otro lado, las probabilidades de contraer el E. coli o el norovirus por contacto con materia fecal en un evento público son incluso menores, porque “la gente que está enferma se ha quedado en casa”, apunta Tierno.

Por tanto, aunque no sea precisamente bueno pasar un par de horas sucio en la parte de abajo, lo más seguro es que tampoco te pase nada. En cuanto tengas oportunidad, límpiate bien y listos.

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