Lev

Cachopo, arte y música electrónica en el festival LEV de Gijón

Tradición y vanguardia en el LEV, un festival tan atípico como interesante que nunca olvidaré.
Fotos por el autor

Ir de festivales tiene una especie de ritual. Lo sabemos bien, ya que en España contamos con una oferta sin parangón, pero quizás estás buscando otra forma de disfrutar de la música sin los clichés de cada año comandados por los cretinos de festival, o quieres experimentar algo diferente a los grandes festivales al aire libre.

Acabo de llegar del LEV, el Laboratorio de Electrónica Musical de Gijón, y ha sido una de esas experiencias que nunca olvidaré.

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Tierra de cachopos, arquitectura pintoresca y costa accidentada, Gijón dispone de una mezcla de tradición y costumbres centenaria junto a con la vanguardia, arte y tecno. Un cóctel que desde hace ya XII ediciones, asturianos, españoles de todos los rincones del país y cada vez más visitantes internacionales gozan de su atrevimiento.

Día 1: electro sentado en un teatro

Un apacible vuelo con dos horas de retraso es la única gota negativa del primer día. Después de dejar las cosas en el hostal donde una amable gijonesa me dio la bienvenida, bajo a comer uno de esos pinchos asturianos de algo menos de 2 € que, comparado con las costumbres de Barcelona y con el hambre acumulada, es un oasis calórico de comida casera en medio de mi síndrome urbanita.

Pongo rumbo hacia la Universidad Laboral de Gijón, considerada la obra más importante del siglo XX construida en Asturias, que es el escenario principal del festival, pero no el único.

La iglesia a la izquierda, esta enorme joya arquitectónica es el lugar principal del LEV

Es impresionante. Una vez pasada la puerta principal y pasada una galería despampanante, da lugar a una plaza a modo de claustro enorme con una iglesia espectacular con la planta elíptica más grande del mundo. Cada vez que me encuentro algo así reflexiono sobre el poder, tanto artístico como económico, de la Iglesia, pero eso es otro tema.

Son alrededor de las 20:00 y la gente se apresura a coger los pases ya que solo queda una hora para el comienzo. Si bien la media de edad es bastante más elevada que en la mayoría de festivales, pronto me doy cuenta que lo que voy a atestiguar en las próximas horas será algo completamente distinto. Ni aglomeraciones asfixiantes, ni colas interminables para pedirte una cerveza, ni grupis de fans de los cabezas de cartel.

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Hablo con unos chicos y les pregunto si es su primera vez en el LEV. Me responden que no, que es la tercera edición que vienen desde Valladolid. Me explican que la gran diferencia entre este festival y los demás es que te permite disfrutarlo en plan tranqui centrándote en las propuestas artísticas y la oferta cultural que te ofrece Gijón o también puedes petarlo hasta las tantas en la nave del LABoral, centro de arte y creación industrial. Yo haré un mix, que 3 días pueden dar para mucho.

Tomando asiento antes de la apertura del festival

Se acerca la hora y entramos al teatro. Un festival de música que comienza con acomodadores que te indican donde quedan asientos libres. Se apagan las luces y un foco alumbra una cuerda que va del techo hasta el suelo del escenario. Es Michela Pelusio con Spacetime Helix, un espectáculo atrevido para comenzar un festival que explora las simetrías y visualiza el sonido jugando con la velocidad de rotación de la cuerda y las luces dando lugar una escultura helicoidal, algo así como una cadena de ADN que rezuma por sí sola.

Michela Pelusio con su proyecto Spacetime helix. Foto vía LEV

Vale, el LEV definitivamente es otra cosa. Lo comento con alguno de los asistentes en el descanso que hay entre actuación y actuación y, dejando a un parte la interpretación de la obra artística, comentamos la osadía y el riesgo que asumen desde la organización para comenzar así. Estoy convencido de que las sorpresas acaban de empezar.
Y así es. Tras una cerveza de rigor a modo de paréntesis, la siguiente actuación haría que me estallara la cabeza. Una gran pantalla y a los mandos Loscil, el artista, en medio del escenario. Paisajes concadenados exploran los distintos elementos junto a la instrumentación electrónica que el propio Loscil afirma que a veces improvisa. A su vez, una lucha entre figuras geométricas te narra lo que podría ser —y esto es completamente subjetivo— la relación conflictiva entre las emociones y la razón. Os lo juro, este tipo me aceleró las pulsaciones.

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Loscil y su espectáculo Loscil Live A/V. Foto vía

Salimos otra vez del auditorio y el patio se convierte en un lugar donde confluyen experiencias, interpretaciones y algún que otro despiste. Por norma general todo el mundo es muy abierto y lo que puede ser una pregunta de ubicación a un grupo de personas, se puede convertir en una conversación amena. Tanto a la que nos damos cuenta la siguiente actuación ya había empezado. C’est la vie.

Esta pareja de gallegos residentes en Gijón me explicaron las maravillas de juntar la tradición con la vanguardia artística

Al rato, después de que acabara Hiroki Humeda, el último artista que actuaba en el teatro, tocaba ir a la nave. Un complejo enorme de la LABoral, que es algo así como un maridaje entre fábrica y galería de arte, con un digno escenario donde los artistas fueron pasando.

La nave es un espacio enorme para disfrutar de la música electrónica

Música, luces y bailes reinaron las siguientes horas hasta que decido que era hora de volver. No lo voy a negar, iba un poco mecedora y mañana tocaría despertarse no muy tarde para aprovechar el espectáculo matinal: el vermut.

Día 2: Electrónica en familia

Me levanto, me acicalo y trazo el recorrido hasta el Museu del Pueblu d’Asturias, un museo-poblado donde puedes pasear entre orreos, sidrerías y graneros tradicionales para conocer la memoria histórica asturiana. Ahí, justo ahí, es la sesión matinal del festival.

De camino puedes disfrutar de un apacible paseo por la Playa de San Lorenzo

Está junto al estadio de fútbol el El Molinón, así que tras recorrer toda la playa de San Lorenzo por su paseo y desviarme por el parque de Isabel la Católica, la música de fondo pinchada por Murcof me indicó que había llegado al destino.

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A los mandos Norwell, bajo un granero del Museo del Pueblo de Asturias.

Un campo de césped central donde corretean niños y la gente campa a sus anchas ya sea admirando el trabajo del dj que toca bajo un triguero, o tomando algo tumbados en el césped o sentados en la escalera de una panera. Lo de ayer no fue casualidad, y este vermut es la enésima demostración de que el planteamiento de LEV va más allá.

Me acerco a unas chicas y les pregunto que qué tal por allí. Es su primera vez aunque son de Gijón, pero han venido porque cada vez más amigos se lo han recomendado y, sobre todo, por los contrastes. “Es genial que puedas disfrutar de la música electrónica en sitios como este, tan tradicionales, donde incluso puede venir la gente en familia”. Les pregunto sobre el rango de edad del festi, y me comentan que hasta los jóvenes que vienen se les ve que tienen experiencia y aprecian la música de forma calmada, aunque también te digo que por la noche también hay bailes, saltos y brincos, pero en el vermut no toca eso.

Toca comer, y las chicas me recomiendan uno de los mejores cachopos de la ciudad: Casa Carmen. Mi gozo en un pozo. "Cerrado por vacaciones", así que terminé en Casa Óscar por recomendaciones de una vivaracha señora que me dijo: “Aunque casi todos los chigres (sidrerías) son de calidad, te recomiendo ir al Oscarín”. Todo un maldito acierto. Una sidrería recargada con decoración lugareña y una cocina de escándalo a unos precios que, una vez más, ponen el santo al cielo las cuentas que los de Barcelona o Madrid tenemos que pagar por comer algo en condiciones.

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Después de charlar un rato con su propietario y visitar el casco antiguo con su espectacular cerro de Santa Catalina, vuelvo al hostal para echarme un rato justo antes de volver a la Universidad Laboral. Ya sabes, un poco de calma antes de la tempestad.

Además de arte y vanguardia, también se puede disfrutar de la buena fiesta

Aunque me perdí alguna actuación, nada más llegar comenzó Zan Lyons y fue otra maravilla para mis sentidos. Pero no todo iba a ser así. La siguiente actuación, la de Rabit Live Av junto a Cecilia, aunque comienza bien, acaba siendo una verdadera enajenación de chillidos, algún que otro fallo técnico y algo de improvisación hizo que los menos preparados salieran del auditorio. Pero bueno, aquí se viene a innovar, arriesgar y descubrir, así que tampoco pasa nada.

Día 3: El reino del cachopo

Aunque la fiesta de fin de fiesta es en Jardín Botánico Atlántico y me han dicho que es una maravilla, aprovecho para ver Gijón a fondo y visitar la instalación que tengo a 5 minutos del hostal. Camino hasta el centro cultural Antiguo Instituto y ahí me espera la maravillosa obra Diapositive 1.2 Children of the light. Hipnótica desde que entras en la sala, esta instalación audiovisual te propone un juego para materializar la luz. Increíble.

La instalación Diapositive 1.2 Children of the light

Una vez paso como 25 minutos reflexionando ante la obra, aviso a mis pinreles que se avecinan curvas, ya que decido recorrer todo el Paseo del Rinconín hasta el Monumento “Nunca Más”. Hace frío, pero las nubes dejan entrever el sol de vez en cuando para recuperar la temperatura corporal. Dios aprieta pero no ahoga.

El cachopín, que pesaría unos 400 gr, era el segundo del menú que me comí en La Tropical

Después de más de dos horas de apacible paseo donde repaso gran parte de la discografía de Silvia Pérez Cruz, cierro el círculo hincándome una fabada y un cachopín en La Tropical, otro de los restaurantes típicos de Gijón para degustar un pedacito de tradición después de tanta vanguardia. Una maravilla.

Y hasta aquí este viaje, no sin antes volar a Barcelona con otro retraso aéreo de 2 horas, pero con la seguridad de haber aprovechado estos 3 días al máximo y de haber disfrutado como nunca antes lo había hecho del maridaje de la música electrónica y la tradición. Una combinación totalmente recomendable aunque no seas ultra fan de la electrónica. En serio, yo el año que viene vuelvo.