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Drogas

La lucha del pueblo argentino que sueña con cultivar marihuana medicinal

Con el apoyo del alcalde, médicos, maestros, y hasta el cura, la localidad de General La Madrid quiere ser la primera del país en plantar cannabis con fines terapéuticos. Pacientes con dolores agudos de todo el país se ilusionan con la iniciativa.
25.4.16
Imagen vía Wikimedia
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Ni trigo, ni soja, ni maíz. Un pueblo argentino quiere aprovechar sus tierras en la Pampa húmeda para cultivar marihuana.

La inédita iniciativa en General La Madrid tiene estrictos fines medicinales y cuenta con el respaldo de sus 8.000 habitantes: en septiembre pasado un médico local presentó la idea y, para su sorpresa, recibió el visto bueno de los pobladores, de los maestros, del cura y hasta de la policía municipal.

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Incluso su nuevo alcalde pretende llevar al Congreso Nacional la discusión de una ley que autorice el uso de cannabis medicinal y así poder realizar en el pueblo la plantación para los ensayos clínicos,

De conseguirlo, esta localidad rural ubicada en el corazón de la provincia de Buenos Aires se convertirá en la primera que produzca cannabis para uso medicinal en el país sudamericano.

Como en El jardín de la alegría, aquella hilarante comedia británica de principios de los 2000 en la que una entrañable viuda, asfixiada por las deudas, decidía transformar su invernadero de orquídeas en una plantación de marihuana con la complicidad de parte del pueblo, el caso argentino también esconde motivaciones financieras.

Al igual que tantas otras comunidades del interior de Argentina, General La Madrid subsiste en un país en recesión desde hace cuatro años, jaqueado por una inflación anual cercana al 30 por ciento en promedio y con un sector agropecuario golpeado por el derrumbe de los precios globales de las materias primas.

El propio alcalde, Martín Randazzo, del espacio político Cambiemos que lidera el presidente Mauricio Macri, reconoció que la iniciativa busca impulsar la alicaída actividad económica del pueblo.

Sin embargo, la razón principal que unió a la comunidad detrás de una causa tan inédita como polémica, en especial para las conservadores costumbres de la Argentina profunda, no fue el dinero; fue la solidaridad.

Cómo la marihuana legal perjudica el mercado negro de EEUU y a los cárteles mexicanos. Leer más aquí.

Fue el Doctor Marcelo Morante, docente de la Universidad de La Plata — una de las más prestigiosas del país — y oriundo de General La Madrid, quien plantó la primera semilla, metafóricamente.

Este especialista en tratamientos de dolores agudos, en 2014 viajó a Canadá donde trabajó con una eminencia mundial en la investigación de cannabis medicinal, el Doctor Mark Ware.

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Aquella experiencia profesional le cambió la vida a Morante. De regreso en la Argentina, se empecinaría en cambiársela a otros.

"Primero desarrollé seminarios en la Universidad para presentar los beneficios del cannabis medicinal en una estructura científica rígida en la que no había antecedentes de ningún tipo", cuenta sobre su primer desafío este médico de 43 años en diálogo con VICE News. Y agrega: "Luego entendí que el otro reto era comunicar estos hallazgos a las comunidades, que muchas veces están desinformadas".

Fue así como decidió probar suerte en su pueblo de origen, donde ya había trabajado durante años como médico rural. Sin vueltas, implementó un taller comunitario al que no faltó nadie: asistieron desde el párroco hasta la policía, pasando por los maestros, los bomberos y los concejales.

"Cuando les conté los casos de niños en otros países con epilepsia refractaria que mejoraron sus vidas gracias al cannabis medicinal y cómo había muchas personas en Argentina sufriendo por no poder acceder a tratamientos, en seguida se ofrecieron a ayudar", recuerda Morante. Y agrega, emocionado: "La solidaridad fue inmediata; me respondieron con el corazón".

Aquél encuentro inicial derribó los prejuicios y empoderó a una comunidad que no tardó en exigirle una respuesta a la política. En poco meses, el Concejo Deliberante resolvió solicitarle al Estado nacional la despenalización de la siembra, el cultivo y la producción de productos de cannabis con fines medicinales.

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"Sería un enorme aporte a la ciencia y al desarrollo del pueblo poder llevar a cabo aquí los primeros ensayos clínicos", sostuvo el alcalde Randazzo, quien también es médico cirujano y todavía atiende en el hospital local, en declaraciones a la prensa argentina. "Es una causa noble que unió al pueblo y todos saben que no hay nada raro en esto", aclaró.

Si bien la lucha de General La Madrid despertó una fuerte polémica en un país donde el debate sobre la legalización de las drogas permanece contenido, existen antecedentes al respecto en América Latina.

Al conocido caso de Uruguay, quien se convirtió en el primer país del mundo en legalizar la marihuana de la mano del ex presidente José 'Pepe' Mujica, se suma la experiencia de Chile.

El proyecto argentino está inspirado en el modelo del vecino transandino. Allí, la Fundación Daya, una ONG que desarrolla terapias alternativas orientadas a enfermos agudos, solicitó en 2013 al gobierno una autorización excepcional para cultivar 425 plantas de marihuana y elaborar aceite medicinal. Actualmente, brindan tratamiento a cerca de 200 pacientes oncológicos.

"Queremos seguir el camino chileno, donde se lograron hacer ensayos sin necesidad de modificar de la legislación sobre drogas", sostiene Morante, quien cruzó la Cordillera de los Andes junto a Randazzo para conocer de primera mano los detalles del caso chileno.

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Mientras tanto, en la ciudad de Buenos Aires, a unos 450 kilómetros de General La Madrid, un grupo de madres de niños con epilepsia aguda siguen los avances de la iniciativa solidaria del pueblo con esperanza.

Tras probar sin éxito toda clase de tratamientos farmacológicos y anti epilépticos, muchos de estos pequeños pacientes encontraron algo de paz cuando experimentaron con aceite de cannabis ilegal.

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Uno de los casos más conmovedores es el de Katrina Varela. Desde que nació, la niña sufre de epilepsia refractaria, la variante más fuerte de esta patología. Sin embargo al cumplir los seis años su tormento se agudizó: llegó a tener 700 convulsiones por día hasta entrar en coma.

Carcomida por la alta toxicidad de los remedios anticonvulsivos que recibía, su madre Soraya Chisu decidió probar con una terapia alternativa. "Desconfiaba de la marihuana pero antes que verla morir opté por contactar a unos cultivadores ilegales que nos prepararon un aceite de cannabis muy suave", narra en diálogo con VICE News.

Diecinueve días después, Katrina salió de su letargo. Con un hilo de voz, Soraya recuerda el momento en que su hija despertó de la pesadilla: "Salió del coma y por primera vez en su vida pasó dos meses sin convulsiones".

Fue entonces cuando comenzó su periplo por el submundo de las drogas en la Argentina para conseguir más aceite de cannabis. "El tratamiento era ilegal, pero si tenía que ir presa no me hubiera importado; mi hija se estaba muriendo".

Frecuentando a cultivadores ilegales — "gente solidaria como pocas", destaca — y navegando en oscuros foros online, conoció a otras persona que sufrían distintos tipos de patologías, desde pacientes oncológicos hasta portadores de V.I.H.

Unidos por una misma causa, pacientes, familiares y médicos crearon CAMEDA, una organización que promueve la legalización del cannabis para usos terapéuticos.

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Si bien al día de hoy la pequeña Katrina continúa luchando contra el drama de la epilepsia, su madre no tiene dudas de que "el valor medicinal de la planta es real".

"Cuando se comparan los afectos adversos del cannabis frente a medicamentos como la morfina o los anticonvulsivos, la toxicidad es mínima", opina el Doctor Morante. Y agrega: "La marihuana está presente en la medicina desde tiempos ancestrales, fue utilizada por diversas culturas hasta principios del siglo pasado por su impacto positivo en la calidad de vida de los enfermos".

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Gracias a casos como el de Katrina, recientemente la ANMAT [Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica] decidió autorizar el ingreso de aceite de marihuana para determinados pacientes.

Sin embargo, desde la ONG denuncian que los costos son casi prohibitivos y que muchas familias se vuelcan a opciones más económicas en el mercado negro. "Queremos cultivos comunitarios controlados. Necesitamos un acceso seguro, nacional y a bajo costo. Tenemos las tierras y las instituciones científicas necesarias para eso; falta la decisión política", explican desde el centro.

De allí que la historia de General La Madrid, el pueblo rural que quiere ser la primera comunidad de la Argentina en cultivar marihuana medicinal, despierte la ilusión de tantos pacientes.

"Muchos creen que los pueblos del interior del país son extremadamente prejuiciosos con la marihuana o que no están preparados para debatir estos temas", reflexiona el Doctor Morante. Y concluye: "Demostramos que lo que falta es información al respecto: la sociedad es solidaria y está preparada. Ahora depende del Estado dar una respuesta acorde".

Imagen vía Wikimedia.

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