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Así es crecer en una familia de delincuentes

“Una vez por semana, Rooster Bogle llevaba a sus hijos a visitar una prisión cerca de donde vivían en Salem, Oregón, y les decía, ‘Miradla bien, chicos, porque ahí será donde viviréis cuando seáis mayores’”.

por Seth Ferranti; traducido por Mario Abad
16 Octubre 2018, 3:45am

A la izquierda: Rooster Bogle en 1960 cuando enviado a prisión en Texas por robo. A la derecha:Bobby Bogle a la izquierda y Tracey Bogle a la derecha en la penitenciaria estatal de Oregón.

Unas Navidades, cuando Bobby Bogle tenía solo cuatro años, su padre, Rooster, le regaló una pesada llave inglesa envuelta en una bolsa de papel marrón. Desconcertado, el pequeño Bobby no supo muy bien qué hacer con el regalo, hasta que recordó las historias que su padre le explicaba a veces sobre el tiempo que estuvo en la cárcel de Texas por cometer un atraco.

Bobby supuso que la llave inglesa era una herramienta del oficio familiar, y una mañana temprano se escabulló de casa para perpetrar un robo en el mercado local. Cuando llegó a casa, con un par de botellas de Coca-Cola “calientes” en las manos, su padre lo recibió como si hubiera hecho un home run en un partido de liga.

Para los Bogle, la delincuencia venía de familia.


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Para su nuevo proyecto, el galardonado periodista del New York Times Fox Butterfield se había propuesto dar con una familia que tuvo una relación extraordinariamente estrecha con el sistema judicial. Sin embargo, en sus pesquisas descubrió algo más: un clan de seis miembros, todos ellos cumpliendo condena en prisiones de Oregón, y un total de 60 familiares que, desde la década de 1920, habían estado en la cárcel o en libertad vigilada.

El resultado: In My Father’s House: A New View of How Crime Runs in the Family, un libro que narra cómo Butterfield dio con varios miembros de los Bogle, tanto dentro como fuera de la cárcel, y los convenció para que relataran su historia, a la vez que intentaba comprender qué factores habían llevado a aquella familia a protagonizar un número tan desproporcionado de encontronazos con la justicia. Hablamos con Butterfield para conocer qué significado tiene todo ello en la era del resurgimiento de las políticas de la ley y el orden.

VICE: ¿Por qué centrarse en el papel de la familia en la delincuencia cuando existen muchas investigaciones que demuestran que factores del entorno, como la pobreza, tienen un gran impacto en este tema?
Fox Butterfield: Lo que me llamó la atención fueron los estudios que se han hecho en Estados Unidos y Londres para analizar cómo se estructura la delicuencia en las familias. Ya no se escribe nada sobre la delincuencia de la población blanca de Estados Unidos. Todo está concentrado en los negros. Quería encontrar a una familia blanca para eliminar el aspecto racial de la ecuación. Aunque hace años que circulan estos estudios, nadie ha hecho nada con ellos. Nadie se ha molestado en averiguar por qué la familia se comporta de ese modo.

¿Por qué crees que se sabe tan poco de los estudios sobre la influencia de la familia en la delincuencia?
Cuando hablé de ello con varios criminólogos, me dijeron que muchos de sus compañeros de profesión estadounidenses temen centrarse en la familia como origen de la delincuencia porque, hasta hace muy poco, te podrían tachar de racista si se te ocurría sugerir que existe un factor familiar, biológico o genético en la delincuencia.

Muchos profesionales miraban en otra dirección y atribuían las causas a barrios conflictivos, la pobreza, las bandas organizadas y la droga, ignorando por completo a la familia pese a la existencia de todos esos estudios. Cuando vi lo exhaustivos que eran esas investigaciones, vi clara la oportunidad.

Cuando eran muy jóvenes, a los miembros de la familia Bogle, sus padres, y a veces incluso sus tíos, se los llevaban con ellos a cometer algún delito

¿La intención de tu libro era dar más visibilidad a la criminología o a la historia de la familia Bogle?
Pues es una mezcla de ambas cosas. La base intelectual del libro la forman todos los estudios con estadísticas que muestran cómo funciona la delincuencia en las familias. Ese es el marco del libro, pero su sangre y su piel son las historias de los Bogle. Creo que es muy buena forma de unir ambas cosas.

Teniendo el cuenta los peligros de condenar a la gente por su origen, ¿qué cosas destacarías sobre una familia como la Bogle, además de la ingente cantidad de ellos que han delinquido?
Cuando hablé con los miembros de la familia Bogle, desde el principio todos me contaron que, cuando eran muy jóvenes, sus padres, y a veces incluso sus tíos, se los llevaban con ellos a cometer algún delito. Es decir, que aprendían a delinquir como si fuera una actividad familiar.

Una vez a la semana, Rooster Bogle llevaba a sus hijos a visitar una prisión cerca de donde vivían, en Salem, a las afueras de la ciudad. Señalando la prisión, les decía, “Miradla bien, chicos, porque ahí será donde viviréis cuando seáis mayores”.

No se lo tomaban como una advertencia, sino como un desafío, y se imaginaban que era como tenía que ser.

Acabaron por ver la delincuencia como una honra para la familia. Los criminólogos lo llaman la teoría del aprendizaje social. Es un proceso de imitación. Indagando un poco más, descubrí lo que los criminólogos denominan control social, lo que significa que no tenían un fuerte apego por nada ni nadie, no tenían vínculos sociales.

No sentían aprecio por los profesores ni estaban en los Boy Scouts. No estaban en el equipo de béisbol juvenil, ni iban a misa los domingos ni nada parecido. Sus únicos lazos eran con otros miembros de su propia familia, que también eran delincuentes.

¿Cómo conseguiste evitar llegar a conclusiones peligrosas sobre la genética y la delincuencia?
Empecé a interesarme por el papel que podría desempeñar la genética en esto porque, desde que se descifró el genoma humano, ahora los criminólogos pueden hablar con más propiedad sobre ello.

Hasta hace poco, era imposible hacerlo porque si se te ocurría sugerir que la biología o la genética eran factores que influían en la delincuencia, se te habría tachado de racista o de nazi. Pero ahora hay criminólogos especializados en esto y que están descubriendo genes que, combinados con un entorno familiar como el de los Bogle, pueden predisponer a los individuos a determinados comportamientos.

El gen más interesante, claro está, es el que puede hacer que una persona sea más impulsiva, lo cual no la convierte necesariamente en delincuente, pero suele ser un aspecto precursor de un comportamiento criminal. Ahondé más en ese tema, pero no soy genetista ni científico, así que puedo llegar hasta cierto punto. Ahora se está empezando a trabajar en el papel de la genética, pero los responsables insisten mucho en que no existe nada parecido a un gen de la delincuencia. Existen miles de ellos, y es la combinación de un entorno familiar como el de los Bogle y ciertos genes la que lo provoca. Pero hacen falta las dos cosas.

Eran un clan muy cerrado. Solo se veían con otros miembros de la familia, no tenían muchos amigos y no dejaban que sus hijos jugaran con los de otras familias

¿No te preocupa que tus ideas sobre la delincuencia en el núcleo familiar puedan interpretarse de forma problemática, ahora que estamos en plena era Trump y de políticas contra la delincuencia?
Bueno, yo ya he dejado de intentar predecir lo que va a hacer Trump. Espero que el libro se sostenga por sí mismo y no quede atrapado en el debate entre la izquierda y la derecha o entre los defensores y los detractores de Trump. Mi intención no es la de sugerir que determinadas familias están malditas por su herencia innata y nunca podrán cambiar, porque he visto que hay gente que sí cambia. Pero creo que podríamos tener un sistema de justicia penal mucho más eficiente si fuéramos más conscientes de cómo se desarrolla la delincuencia en las familias. Podríamos intentar trabajar con jóvenes miembros de esas familias. Cuanto antes intentes que una persona cambie su conducta, más fácil resulta.

Yo he estado en prisión y tengo algo de idea de lo que la gente podría considerar que es una mentalidad criminal. ¿Cómo crees que esa mentalidad sobrevivió en un núcleo familiar como el de los Bogle durante tantas generaciones?
Esa mentalidad de la que hablas se instaló en la familia. Mantuvieron esas tradiciones y esa perspectiva y se enorgullecían de ello. Rooster les hizo a sus hijos unos pequeños tatuajes, unos puntos debajo de la mejilla izquierda. Les dijo que era una marca gitana, pero realmente era la marca que usaban los convictos en las prisiones federales allá por los años 50 y 60. No creo que se siga haciendo, pero en aquella época era muy común.

Más que una simple cuestión de supervivencia, parecía un tema de orgullo, de renegar conscientemente de los valores de la sociedad.

Se acaba convirtiendo, de algún modo, en parte de la identidad de la familia, de lo que creen. Los Bogle también eran un clan muy cerrado. Solo se veían con otros miembros de la familia, no tenían muchos amigos y no dejaban que sus hijos jugaran con los de otras familias. Jugaban con los de su sangre, y ese es otro factor de su historia. No querían que nadie supiera cómo era su vida. Aislarlos del resto de la sociedad fue un aspecto determinante.

Mirando en retrospectiva, ¿dirías que esta historia se debe más a la pobreza o la falta de oportunidades o a una visión única del mundo? ¿Se trata de una elección imposible?
Es complicado. Los Bogle son una familia blanca desfavorecida. No tienen los problemas que tienen los afroamericanos por ser de piel oscura y el objeto de los prejuicios de la gente. Pero tienen esa forma de ver el mundo que les hace pensar que lo mejor que saben hacer es delinquir y convierten eso en un honor. Para ellos es algo cultural.

No quisiera abundar en el tema, pero ¿cómo evitas estigmatizar a la gente con una obra como esta o promoviendo la idea de que están malditos por su sangre o algo así?
Menciono a varias personas que salieron de su situación. Tammie Bogle es una persona profundamente religiosa. Aunque muchos de sus hermanos e incluso un par de sus hijos acabaron en prisión, su fortaleza y su fe le han ayudado a seguir por el buen camino. Ashley Bogle, pese a estar rodeada de delincuentes, decidió desde el principio que no quería seguir ese camino, que no era lo suyo, y se centró en sus estudios. No creo que la gente esté predestinada. Tomamos decisiones constantemente. No diría que todos en esa familia van a ser criminales. Hay formas de salir de ahí.

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