El pasado 19 y 20 de septiembre estaba prevista la realización del Rolo Fest 2014. Era su tercera edición. En principio se veía como un evento ambicioso que pretendía juntar música, conferencias y actividades de tendencia electrónica en un evento macro con pocos precedentes en esa categoría en el país. Su página se veía medio chimba, es cierto. En cuanto al lugar elegido para el acabose, era en La Calera y no tenía un nombre en concreto. Obedeciendo a las reglas no escritas de los más clásicos raves, había que llegar a él mediante un mapa que, luego de múltiples curvas, nos invitaba (con una paupérrima redacción y obviando toda tilde menos una) a “llegar a un sitio o letrero que dice Hollywood kilometro 4.5 y entrar por ahí a la izquierda, luego un par de curvas (300 metros)”.
Debí habérmela olido antes.En una de las entrevistas al director del festival, un personaje que como credencial asegura ser DJ desde los 17 años, éste aseguraba que un evento del calibre del suyo era una necesidad para la escena electrónica de Bogotá (hasta el medio con su titular lo proyectaba como el festival que quería "resucitar la música eléctronica en la capital"). Y aunque nunca me quedó muy claro si es que en la capital esta movida estaba muerta, aquí no es que abunden los eventos que propongan acampada, así que esta era una promesa lo suficientemente atractiva para muchos asistentes, incluido yo.El Rolo claramente pretendía ser un gigante en la ciudad, un caballo ganador que durante estas fechas tenía previsto que pasaran cuatro o cinco mil personas por día frente a sus escenarios. Y a pesar de que las comunicaciones no tenían tildes, parecía que caminaba con buen pie. Se sentaban las bases de un festival ambicioso, atractivo, con todos los ingredientes para ir a reventarse la cabeza a punta de ritmos 4x4.En pocas palabras: se venía un buen rave.Porque esa era la intención de este noble y cabrón ciudadano. Pretendía dejar mi cuerpo y cabeza en casa para ir a reventarme a ritmo de techno y a estar despierto y jodiendo por más de 48 horas al más puro estilo de Monegros Desert o Creamfields, pero todo esto servido por un arsenal de más de 40 artistas, sobre todo artillería nacional, con nombres que van desde el más sofisticado deep housero, tipo Julio Victoria, hasta la más aletosa de las veteranas, como Alexa, sin mencionar a los dos headliners: Juan Atkins y Kevin Saunderson, padres del Detroit techno.Yo ya me veía bailando al ritmo de ese groove desenfadado. Volando con las basslines ácidas, con los ritmos de estampida ditroidiana loopeándose en mi mente por semanas… ¡Joder, quería quitarme la moda de encima y estamparme en el suelo a ritmo de la más pura electrónica! En fin… soñando con poder escuchar algún tema de Model 500.El festival, aunque con muy buena intención, era claramente pretencioso.Anunciado desde hace más de tres meses, patrocinado por marcas de primer nivel como Heineken, José Cuervo, Nectar Azul, JW Red Label (la puta armada invencible completa, solo hacia falta el dealer de turno bajo el nombre de Mateo o Jeison, servicio a domicilio desde el parque de los hippies) y apoyado por otras como Native Instruments; con alianzas con medios reconocidos como Shock, Señal Radiónica y Cartel Urbano; y producido con meses de antelación, el Rolo prometía tres escenarios por día, además del cartel, actividades que no pueden faltar como paintball y un componente educativo con conferencias, ¡y hasta becas de estudios en países como Chile!Y claro: mi zona de camping.
Los promotores fueron tan amables de poner hasta su Whatsapp para facilitar la venta de boletas.Y luego de todo el ruido, de que Bogotá entera fuera empapelada con carteles del festival, se visitaran universidades para regalar boletas y se entregaran botellas de tequila por la compra de entradas (en su última etapa, llegaron a los 130 mil pesos), nadie esperaba que fuera a pasar lo que pasó.O bueno, al menos no yo.El jueves 18, día previo al inicio del evento, desde su página de Facebook los organizadores subieron fotos de los maestros Juan y Kevin en su llegada a Bogotá, los padres juntos en el típico plan al que los típicos promotores llevan a los pobres y desconcertados extranjeros.
"Oye Kevin, ¿me pasas el hogao?"Todo parecía ir sobre ruedas para el día siguiente. Yo ya tenía listos mis zapatos de guerra, la carpita, hasta el cargamento de sustancias para disfrutar de un festival de electrónica como mandan las santas escrituras de la rave culture. Hasta que por fin llegó “El día D del techno”, como cantaba Joe con los Mescaleros.El evento comenzaba esa noche, así que después de mi siesta preparatoria, recibo la llamada de un colega:-Marica… la Policía canceló el Rolo…-¡No me jodas!, ¿cómo así? ¡Qué hijos de puta! ¿O sea que no hay festival?-No, no hay festival. Montaron un comunicado en Facebook ahora mismo.
Tranquilo Diego, cuentas con nuestra "compresión". Y la música también es nuestro estilo de vida.Aquel “comunicado”, aparte de no aclarar nada, no era una respuesta acorde con la magnitud del evento. Además, ¡fue publicado a instantes de abrir puertas!(Y claro, también tenía errores serios de ortografía y redacción).Supuestamente, decía el "gerente" de la organización, que otro personaje llamado Wilson Aldana Cuadros, el encargado del trámite de los permisos y demás documentos para la realización del evento, los había pirateado. Y que por eso, las autoridades habían impedido la celebración del festival. Que qué pena. Que disculpas. Que pronto más información.Por Twitter, la declaración fue más bien breve, aunque se publicó ¡dos días después!:
Durante los días siguientes, hasta el jueves 24 de septiembre, el festival ha publicado pocas comunicaciones, en mensajes de similar estilo, como esta:
¿Se imaginan al Coachella publicando algo así en sus redes sociales?O esta:
La última comunicación oficial del festival a la fecha, del 23 de septiembre, dice que para resarcir los daños de la cancelación del festival, los afectados podrán… ¿asistir de nuevo al festival? ¿A un festivail que nunca se realizó?Y al respecto, estos han sido los únicos gestos oficiales del festival.A hoy, ni ellos ni sus medios aliados han publicado información concreta o adicional. Y la gente, que a decir por su manifestación en las redes ante los hechos ha resultado ser tremendamente poca frente a un evento que esperaba miles (¿acaso la taquilla estuvo así de baja?), sigue expresando su apoyo o exigiendo explicaciones.Haciendo un análisis mas sesudo del asunto surgen muchas incógnitas, vacíos, motivos, incluso simple inocencia (o indecencia) por parte de los promotores “afectados”, en caso de ser cierto esto que dicen de que fueron engañados en su buena fe por un bandido (intenté comunicarme con la organización del festival sin recibir respuesta alguna). Pero sobre todo, surgen preguntas: ¿cómo es que un evento de estas magnitudes, preparado con meses enteros de antelación, con aliados de tan grueso calibre, decenas de artistas que apoyaron y un público que, mucho o poquito, respondió, no tiene un departamento de producción medianamente serio o profesional que evite este tipo de impases de novato? ¿Cómo es que descubren que los documentos son inconsistentes y falsos minutos antes de arrancar el evento? ¿Cómo es que, sin asumir responsabilidad alguna, culpan públicamente a una persona y de esa manera? Y ya con el pie adentro del barro, ¿no pudieron responder a los afectados con algo más de dignidad, de repente con un post de Facebook a más de unos minutos antes del inicio del evento… y sin errores de redacción?Entre más analizo lo ocurrido me surgen más preguntas.Pero sobre todo, una de fondo: ¿trajeron a Colombia a los padres Juan Atkins y Kevin Saunderson solo para llevarlos a almorzar Andrés Carne de Res?…NOTA DEL EDITOR (sept 25). En la versión originalmente publicada de este texto (sept. 24), se aseguró que Kevin Saunderson era uno de los padres del Chicago house. ¡Bestia! Técnicamente, como bien nos lo recordaron varios lectores (gracias por el palo), el hombre es más bien pionero del Detroit techno. Así mismo, cuando el autor hizo referencia a la entrevista publicada por un medio aliado al festival, dio a entender que éste aseguraba que el evento "resucitaría a la escena electrónica de la capital". El título original de la entrevista es "El festival que quiere resucitar la electrónica en la capital", lo cual es bien diferente. ¡Gracias negrita!…Esta, claramente, no es la primera vez que pasa algo de este estilo en Colombia. Pero sí queremos que sea la última. ¿Ha tenido problemas con la organización de un evento, como músico, como público o como promotor? ¿Ha sido víctima de una estafa, de una mafia, de un abuso, de una simple chambonada o de un caso de corrupción? Cuéntenos aquí abajito su tragedia personal. En VICE queremos conocer sus historias.
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