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Cultură

Cosas que aprendí siendo la chica de los shots

Intenta mantener una sonrisa mientras caminas con dificultades a lo largo del piso del bar mientras sostienes una botella de alcohol en cada mano y la discografía de Calvin Harris te destruye los tímpanos de nuevo.
14.10.14

Unas chicas de los shots en Liverpool, Inglaterra. Ninguna de ella es la autora de este artículo ni necesariamente comparten la opinión de la autora. Foto por Dave Humphreys.

¿Crees que tu trayectoria corporativa es una pesadilla? ¿Estás cansado de morderte el labio cada vez que tu jefe sociópata te grita algo en una jerga técnica absurda? Siento pena por ti, pero al mismo tiempo, no. Porque no importa cuantos indicadores clave de desempeño tengas que calcular antes del cierre, créeme cuando te digo que ser la chica de los shots es mucho más agobiante y además no incluye ninguno de los beneficios de los que gozas, por ejemplo: bonos de cuatro cifras, interactuar con personas que muy probablemente no están borrachas y poder usar pantalones mientras trabajas.

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Intenta mantener una sonrisa mientras caminas con dificultades a lo largo del piso del bar mientras sostienes una botella de Apple Sourz en cada mano y la discografía de Calvin Harris te destruye los tímpanos por tercera noche consecutiva. Intenta moverte deprisa entre una multitud de trabajadores desconfiados mientras tus pies se mueren de dolor y tu autoestima de desintegra como una sabanita para porros en una fiesta de espuma. Bien, ahora inténtalo mientras estás sobrio.

Nunca me imaginé que terminaría vendiendo shots en un bar. Después de mudarme a Londres para estudiar una maestría —que hasta ahora sólo me ha servido para agregarle un renglón a mi CV—, mi hermana me presentó el mundo del empleo promocional. Es una profesión en la que empecé repartiendo folletos (me pagaban de 6 libras esterlinas la hora [127 pesos] por tirar papeles a la basura), después fui anfitriona en un bar (en donde me pagaban 8 libras esterlinas la hora [170 pesos] por fingir que los clientes eran mis amigos), y luego me dediqué a revisar nombres en la entrada de algún establecimiento (con mi experiencia, me pagaban 10 libras esterlinas la hora [213 pesos] por escuchar a porteros diciendo cosas racistas y soportar temperaturas bajo cero).

Sin embargo, vender shots en la zona West End de Londres era el único trabajo de esta clase en el que pagaban bien. El trabajo se basa en comisiones, así que, mientras más grandes y mejores son los bares, también lo son las ganancias —aunque también puedes ganar mucho si acaparas a dos banqueros enfrascados en una de esas peleas de machos súper extrañas que consisten en tratar de gastar todo su dinero en shots de Don Julio. Y si estás dispuesta a trabajar en Año Nuevo o en Navidad, me han contado que algunas chicas pueden llegar a ganar cerca de mil libras (21 mil pesos) en una noche.

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Pero no todo es tan lindo como parece. Trabajar siendo la chica de los shots es el empleo más agotador, deprimente, desmoralizante y, en general, el peor que he tenido. Aprendí mucho al ponerme ese cinturón de Jäger cada noche, noches que he tratado de borrar o esconder en los lugares más recónditos de mi mente. Sin embargo, con la esperanza de que tengas compasión con mis compatriotas la próxima vez que las veas caminando a través de un bar, les presento a continuación lo más importante que aprendí de este trabajo.

Las propinas se ganan platicando, no enseñando bubis.

El trabajo requiere que estés en la mejor disposición de socializar a partir de que checas tu hora de entrada. Agitar tus pestañas no es suficiente porque a menudo hay otra chica vendiendo shots en el mismo bar y hay muchas probabilidades de que sea más bonita que tú y que no sude tanto por la frente.

El movimiento también es clave. Tienes que moverte constantemente de un lado a otro —y vigilar con quién platica la otra chica, porque si la rechazan, puedes aprovechar e intentarlo—  mientras te aseguras de que el grupo de clientes que acaban de entrar se acerquen a ti primero. No te puedes quedar coqueteando con un chico en un rincón; en los grupos grandes es donde está el dinero, además para eso estás ahí.

En lo que respecta a los grupos meta específicos, las despedidas de solteras son lo mejor. Donde muchos ven tiaras y penes inflables gigantes, yo veo una oportunidad para ganar dinero. Si planeas adentrarte en el terreno de las chicas de los shots, te recomiendo buscar directamente a la novia tan pronto entre a la habitación.

Foto por Jess Cole.

Puedes ganar mucho dinero, pero tendrás que hacer trampa

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Puedes llegar a ganar un salario decente vendiendo shots, pero deber estar preparada para tomar algunos riesgos. Cuando yo empecé, era obligatorio comprar dos botellas de licor en el bar por la ridícula cantidad de 70 libras esterlinas (1,493 pesos) cada una, así que, antes de empezar a trabajar, ya perdiste 140 libras (2,986 pesos). Probablemente está en la cima de la escala de riesgos de cualquier revendedor —igual que cuando compras y vendes autos clásicos, claro, si intercambiar modelos de Pontiac de hace 40 años se tratara más sobre vómito y peleas en la fila del baño y no tanto sobre aprovecharse de las crisis existenciales de hombres de mediana edad.

Al menos es un incentivo para trabajar; así no pasarás toda la noche tratando de romper tu récord en Diamond Digger cuando está en juego el equivalente a una semana de renta. Además, las consecuencias por no hacer tu mejor esfuerzo son duras. Aunque nunca he conocido a una chica que haya perdido dinero con ese trabajo, sí he llegado a ver a algunas chicas que trabajaron toda la noche y sólo ganaron 30 libras (639 pesos) después de pagarle las botellas al bar.

Los hombres ebrios son tan horribles como te imaginas

Trabajar como la chica de los shots es lo mismo que cualquier otro empleo como vendedor: tienes que utilizar tu personalidad para obtener ganancias. No obstante, a diferencia de la mayoría de los empleos como vendedor —que llevas a cabo desde la seguridad de un cubículo con un escritorio a las afueras de la ciudad—, en este trabajo es necesario que estés en un lugar oscuro bajo la amenaza constante de que te agarren las nalgas o que rocen su mano contra tu pecho.

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Generalizar es de hueva, pero lo que les voy a decir es completamente cierto. Hay dos clases de hombres heterosexuales ebrios: los que te ven como objetos maleables que pueden llevar a la cama en cualquier momento, y aquellos que te ven como una persona igual a ellos, sólo que con genitales menos vistosos.

Como la chica de los shots, estás al frente de la batalla (sobre un piso pegajoso) y tienes que lidiar constantemente con la clase de hombres que recién mencioné y aguantar todas y cada una de sus horribles frases.

"¿Cuándo me vas a hablar, hermosa?". Cuando te des cuenta que no puedes engañar a una mujer para convencerla de tener sexo contigo, amigo.

Un grupo de amigos divirtiéndose en un club nocturno. Foto por Jake Lewis.

Vas a desear haber puesto atención en las clases de matemáticas

Si vas a ser la chica de los shots, debes ser buena en las matemáticas. En general, vas a vender varias mezclas de bebidas, por ejemplo: un “shot mixto” por 3 libras (63 pesos), un “shot directo” (es decir, sin diluir) por 3.5 libras (75 pesos) y un “perla negra” por 5 libras (105 pesos). Si vas a vender promociones —digamos, tres shots por 10 libras (213 pesos)— debes ser muy astuta, si no, vas a perder lo poco que te queda tras quedarte en la bancarrota por comprar esas dos botellas.

Te vas a sentir culpable por estafar a la gente

Aunque me da pena aceptarlo, solía utilizar algunos métodos truculentos para maximizar mis ganancias. Por ejemplo, si te iba a servir un perla negra, dejaba caer el shot en el vaso antes de que alguien se diera cuenta de que sólo tenía tres cuartos de líquido. ¿Alguien pidió un shot mixto? Uno de los vasos de mi cinturón ya estaba lleno con alguna bebida para mezclar, así que el shot era prácticamente jugo y nada más. A veces decía que iba por vasos limpios al bar y tomaba a propósito los que acababan de lavar y que tenían un poco de agua en el fondo.

Sin embargo, rebajar las botellas con agua es algo que nunca hice, sobre todo porque me habrían despedido si alguien se daba cuenta.

Vender bebidas rebajadas a precio normal no es algo de lo que me sienta orgullosa. Aunque, en mi defensa, tomar en exceso es malo, además sólo lo hice cuando el cliente estaba demasiado ebrio y no veía bien, para que no se diera cuenta. No se preocupen por mí. Aún logro conciliar el sueño por las noches.

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