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Capitán Siemion: Somos voluntarios aunque no queramos. Después de regresar de mi primer tiempo en Afganistán, el comandante de mi batallón me envió a la capacitación. ¿Qué aprendiste?
Aprendes que no hay manera correcta de cómo decirle a alguien que su ser querido ha muerto, pero hay muchas maneras equivocadas de cómo hacerlo. Anteriormente, la manera en la que le informaban a las familias sobre la muerte de su ser querido, era con telegramas o con choferes de taxi que tocaban el timbre de la casa. A través de varios intentos, el ejército de Estados Unidos hizo todo lo posible para hacerlo de la manera correcta. Yo siempre he sido el tipo de persona que no sigue las instrucciones al pie de la letra, pero en este caso, sí lo hice. No hay mucho espacio para la creatividad. ¿Qué crees que ha hecho bien el ejército?
Una cosa es la idea de que ningún trabajo es más importante que éste. No importa si estás en medio de una junta importante con tu coronel, si te hablan para dar un mensaje, tienes que decir: “Me voy”. Otra cosa que es muy importante, es que debes de ir en persona. Tienes que darle la importancia al asunto. Obviamente no verás a la familia o la persona que reciba el mensaje otra vez, o no te convertirás en su mejor amigo, pero si mi hermano muriera, me gustaría que alguien me lo dijera a la cara.
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Mis jefes fueron muy comprensivos al entender que esto puede ser algo difícil. Digo, todos toman la situación de manera diferente. Me platicaron sobre un chico que tuvo que dar múltiples mensajes y eventualmente se suicidó en las vías del tren. Creo que yo lo tomo mejor que mucha otra gente que está en esta situación. Honestamente lo disfruté. Creo que hay pocas cosas en el ejército que te dan una gratificación instantánea como ésta. Es doloroso y horrible, pero estás dando un servicio.¿Cuál es el proceso para entregar un mensaje?
Te dan toda la información, te preparas para la situación y tienes que llenar muchos documentos. Ahí es cuando te das cuenta de qué tan importante son los documentos, ya que cada soldado tiene que llenar uno en donde escriben su dirección. A veces pueden tener letra muy fea, y es algo frustrante tratar de entender, pero eso es lo de menos.¿Cómo es el camino a la casa de la familia?
Bueno, el protocolo es viajar con el pastor, y ahí sí hay conversación. Comenzamos a hablar de varias cosas. Muchas veces es como una película de Quentin Tarantino. Es muy misterioso y hay suspenso, como el que se siente antes de la violencia.En este caso la violencia es emocional en lugar de física.
Ésa es una buena manera de describirlo.¿De qué cosas hablan?
Bromeas y reímos, ya sabes, para tratar de aliviar la tensión. Y entre risas y silencios durante la conversación, yo repasaba de nuevo lo que iba a decir. Recitaba y el pastor me criticaba según cómo me escuchaba. No puedes ensayar de más, tienes que hacerlo sonar como viene del corazón.
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Hay un gran discurso. Y lo debo de memorizar. Es el mismo para todo, sólo cambias el nombre y la ubicación.¿Cómo empieza?
La Secretaría del Ejército lamenta informarle que su hijo, esposo o hermano —cualquiera que sea el caso— murió ayer durante combate en tal y tal provincia —o cualquiera que haya sido el lugar—, y luego tienes que dar los detalles de la muerte. Típicamente no tienes que dar todos los detalles. Algunas veces sólo sabes pocas cosas —si fue con un arma, se suicidó o murió en un choque. No importa lo que digas, siempre quieren más detalles. La respuesta es: “Hay una investigación en desarrollo. Una vez que la investigación esté completa, tendrás acceso al reporte”.¿Cómo reacciona la gente?
Están devastados. Pero yo he escuchado historias de horror, en la que la gente saca escopetas o dicen: “Sé porque estás aquí. No te andes con rodeos, ¿cuánto dinero me van a dar?” Yo no pasé por eso. He visto mucho amor. Antes era muy cínico acerca de las esposas de los soldados, pero ahora me doy cuenta de lo difícil que puede ser.¿Sabían las familias porque estabas ahí?
La mayoría del tiempo, la familia sabía porque estaba ahí desde el momento en el que salía del coche. La gente con seres queridos que están en combate en el extranjero están preocupados siempre. Pero a veces, negar la situación es algo muy poderoso. Ellos se sujetan a esa esperanza de que no todo está tan mal. Una vez, empecé a dar el discurso, y un perro comenzó a ladrarme, y la esposa fue a callar al perro, y luego tuve que empezar a dar el discurso otra vez.Después de decirle, ¿ofreciste algún consuelo?
No estaba ahí para consolar. Para eso está el pastor. Lo más natural es darle un abrazo a una persona que ha perdido su esposa o hijo. ¿Qué hicieron los pastores?
He tenido pastores mormones, protestantes y católicos, todos son diferentes. Todos tienen su propia capacitación. Muchas veces, van y colocan la mano en el hombro y preguntan qué necesita la persona.¿Cuál ha sido el momento más difícil para ti?
Muchas veces me preguntan: “¿Sufrió?” Y no puedo mentir. Yo contesto que no sé. No diré algo como: “No, él no sufrió”, para luego darme cuenta de que estuvo agonizando durante horas.Les digo que no sé y que no tengo la respuesta. Una persona me preguntó: “¿Por qué? ¿Por qué sucedió?” Le contesté: “Honestamente, no creo que vaya poder contestar esa pregunta. Nunca podré hacerlo. Podría tener mil años y aún así, no sabría contestarla”.El libro de Rock, And, fue publicado en el 2013. Puedes encontrar más en su página.
